Los violines de Perales
no dejaron que el empujón me alterara; de hecho, ni lo sentí. Un solo de Paco
de Lucía me hizo ignorar el pisotón del pana de la bolsa amarilla. El redoblante
de Manu Katche me llevó por el pasillo de la transferencia a Capitolio sin
darme cuenta. Mientras estaba entre la multitud quejumbrosa del próximo andén,
el clarinete de Kenny G me elevó para ver el tumulto al abrir las puertas el
tren. La bandola de Ismael Querales me metía chismes de Oriente mientras la
doñita del asiento azul se quejaba de la situación. Mientras el Indio Figueredo
me contaba de María Laya entre el olor a leña y el sabor a suero. Ya solo el
vagón, el olor a tabaco y chanel de Bacilos me hizo recordarte. Las escaleras
al cielo me dejaron en los torniquetes, donde la salida libre me dejó colgando
en los brazos de Marta, mientras salía del ascensor.
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