Fui despertado por un rayo
de sol en mi cara. Hacía tiempo que no sentía la extraña sensación de tibieza
sobre mis ojos cerrados. Temprano, de mañanita, cuando el sol apenas balbucea
lo que será su brillo pleno, son caricias las que regala mientras recorre el
cuerpo; es como si buscase algo en ti, cual linterna curiosa. No molesta, no
incomoda. Es una especie de baño invisible, de invasión permitida. Es un saludo
al día recién nacido, a las nuevas intenciones, a las nuevas fuerzas que el día
anterior menoscabó. Es una inspiración antes de recobrar la conciencia. Es una
bienvenida de parte de un aliado no entendido. Debo levantarme, asearme y
colocarme mis lentes oscuros, para preferir ignorar lo que me hizo despertar
suavemente y entregarme a lo que me trasquila a diario.
Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
lunes, 26 de diciembre de 2011
Los rayitos del...
Fui despertado por un rayo
de sol en mi cara. Hacía tiempo que no sentía la extraña sensación de tibieza
sobre mis ojos cerrados. Temprano, de mañanita, cuando el sol apenas balbucea
lo que será su brillo pleno, son caricias las que regala mientras recorre el
cuerpo; es como si buscase algo en ti, cual linterna curiosa. No molesta, no
incomoda. Es una especie de baño invisible, de invasión permitida. Es un saludo
al día recién nacido, a las nuevas intenciones, a las nuevas fuerzas que el día
anterior menoscabó. Es una inspiración antes de recobrar la conciencia. Es una
bienvenida de parte de un aliado no entendido. Debo levantarme, asearme y
colocarme mis lentes oscuros, para preferir ignorar lo que me hizo despertar
suavemente y entregarme a lo que me trasquila a diario.
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