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jueves, 26 de marzo de 2026

Oferta y demandas de la vida

Algunos critican a los viejos por lo poco con que se conforman: un café en la ventana, una manualidad, un libro, una conversa, un buen sueño. Tal vez, de tanto caminar, ya se sabe de qué trata la vida y el bienestar. Uno de joven vive mucho de la fantasía, lo cual pareciera sana ambición, pero muchas veces no termina en nada porque se ignoran los hilos que mueven ese aparato. Hay que replantearse soñar y contraponerlo seriamente al esfuerzo real de descubrir nuestras potencialidades y finalmente practicarlas en medio de la oferta, también real, del mundo en que vivimos.

martes, 24 de marzo de 2026

Trozos de verdad

Recogiendo pequeñas verdades, casuales verdades para crear mi versión de la verdad. Verdades parciales que no aguantan examen, pero cuyas motivaciones son material válido para mi insumo. Microverdades sumergidas a veces en un pozo de absurdos inaguantables que dejan ver su asidero convincente. Así voy, pues, recogiendo retazos, piezas de rompecabezas que espero que en algo se parezcan o se acerquen a eso que podría ser una verdad objetiva, absoluta. Espero que tomar este camino me resulte menos doloroso que ignorar lo relativo de mis preferencias adoptadas.

sábado, 4 de octubre de 2025

La otra Torre de Babel

Es la Torre de Babel enrevesada. En lugar de confundirse todos diciendo cosas en palabras distintas e inentendibles, es una en la que todos, fingiendo decir lo mismo, lo hacen con un entendimiento diverso que, aunque al principio parece que estuviesen de acuerdo, los hechos posteriores darán cuenta de que no es así. ¿Por qué digo “fingiendo”? Porque pasan lo años y ese fenómeno que al principio era inconsciente, pasa a ser instrumento voluntario del engaño y el autoengaño para sobrevivir, aunque sea entre espinas, en este mundo difícil. Así pues, cuando se habla de amor, de Dios, de libertad, entre muchos otros, cada quien tiene un diccionario distinto en su cabeza, un diccionario formado por creencias y por percepciones amañadas para evitar el dolor. Obviamente, este parapeto, esta caricatura, igual está predestinada a crear dolor a causa de su origen chueco. Como ven, aunque no es la misma Torre de Babel, genera el mismo desastre.

domingo, 16 de febrero de 2025

La creencia como instrumento

En este mundo material y de conceptos en que nos manejamos es imposible ver la realidad de cerca, por lo que la búsqueda de la verdad resulta una aventura infructuosa desde cualquiera de las perspectivas. Cuando jóvenes arrancamos con algunas teorías aparentemente sólidas que la experiencia y el aprendizaje va minando, terminando cada uno lejos de donde arrancó. La solución ante la imposibilidad de tocar la realidad con la mano son las creencias. Resulta cada vez más evidente que las creencias son el instrumento indicado para establecer una verdad usando nuestra voluntad y el grado de conciencia a la que podamos acceder. Eso sí: sin dramas ni escándalos. Las creencias tienen mala prensa porque se han restringido a la religión y a un sector de la política, sin tener en cuenta que cada conocimiento no comprobable por nosotros es una creencia. Esta vez no serían estorbos que impidan reflexionar. Por el contrario, nos servirán para establecer los temas y sus perspectivas con la mayor coherencia posible. Saber que manejamos creencias y no el conocimiento definitivo nos liberará de los dogmas autoimpuestos y nos permitirá mantener el oído, los ojos y el corazón abiertos al crecimiento personal serio y a perfeccionar, ¿por qué no?, cada una de nuestras creencias para seguir trabajando en el marco ético en el que queremos fluir, cada vez, con mayor tranquilidad y sintiendo que hemos hecho lo correcto.


domingo, 26 de enero de 2025

Horacio se fue en paz

Inmovilizado en su cama, me volteó a ver con dificultad y con cierto interés en que yo escuchara, Horacio me contó un chiste:

— Este era un tipo que tenía una dificultad: defecaba en sus pantalones cuando saludaba, cuando daba la mano. Fue a varias consultas médicas de las que salió bien en sus medidores físicos, siendo la recomendación final del médico visitar al psiquiatra. Seis meses después, encontrándose con su amigo de la infancia —quien conocía su problema— lo saludó dándole un apretón de manos. Su amigo, sorprendido, le dijo “¡Caramba! Veo que ya no tienes tu problema”, a lo que le contestó “Todavía me cago, lo que pasa es que ya no me importa”.

Me reí como como quien se ríe de un chiste contado por un enfermo terminal. Es como entrar en esa cueva llevado a juro, lanzado a ese rincón oscuro para intentar condescender con la persona postrada. Fue divagar al no saber qué es lo que pasa en la cabeza del otro y, sobre todo, por nuestra cabeza. Fue una pequeña vorágine entre practicar la compasión o la empatía, de seguir la corriente frívolamente o de hacer quién sabe qué cosa que debamos hacer en ese momento de desconcierto.

El recuerdo de ese momento tan embarazoso me persiguió varios días después del fallecimiento de Horacio, y no fue hasta una madrugada en la que no podía conciliar el sueño que entendí, aliviado, el mensaje de Horacio: me voy en paz.

viernes, 10 de enero de 2025

Expectativa mortal

La vida no es como uno quisiera y la distancia entre la realidad y nuestros deseos son los que producen el sufrimiento. Una expectativa es un peligro potencial que atraerá el dolor en cualquiera de sus formas. Ese atrevimiento de esperar de la realidad algo que no cuadra por ningún lado es un boleto a un viaje sin pronto regreso a un sitio donde el absurdo tendrá su oportunidad de florecer y ninguna de las situaciones que se produzcan allá tendrán fácil salida porque son el resultado de un enredo tras otro, de varios desvíos consecutivos del camino original ya olvidado. La única solución que se vislumbra es volver al camino original y aplicar el conocimiento adquirido —si fuese la afortunada consecuencia—. Pero sabemos que eso es tan difícil como dejar de defender nuestras equivocaciones. Sabemos que no sabemos cómo hacer para salir del lío sin que duela. Aquí se presentan las opciones para lidiar con el entuerto: seguir embriagados por el camino del alivio sucesivo o, en medio del dolor edificante, ir a la solución definitiva que comprende arrancarse de tajo el malentendido y caminar al fin el camino de la curación. Esta es una repetición insalubre.

viernes, 25 de octubre de 2024

Si estuviésemos juntos

Si estuviésemos juntos de nuevo en ese momento tan importante para todos, te tomaría de la mano. Siempre estuvimos lejos físicamente, pero te tomaría de la mano. Haría cosas que nunca hice, como esa, porque han pasado los años y la conciencia parece haber avanzado… y conciencia es amor. El amor me permitiría alejarme de los miedos, las vergüenzas y los complejos —que son lo mismo— y podría yo desinflarme tomando mi forma verdadera, hacer lo que me dicte el corazón con ese aliento de terciopelo, de desenfado, de desinterés por las cosas. Si estuviésemos juntos de nuevo, en ese u otros momentos, te sonreiría e incluso te haría saber, muy amorosamente, el dolor que me causa tu dolor, haciéndote saber, cada vez, que nunca te abandonaría. El problema de este planteamiento es que nunca volveremos a estar juntos y no puedo convertir mi falta de madurez en un sufrimiento, en una culpa estéril que me punce por el resto de mi vida. ¿Qué hacer? Pues, se me ocurre que puedo avanzar y determinar que, para aquel momento, no tenía los recursos necesarios para serte útil, que los años ya me mostraron ese aspecto necesario de la vida y que ahora puedo practicarlo con quienes todavía están cerca. Gracias por la enseñanza.

martes, 8 de octubre de 2024

Tengo un plan

Ya no sé qué hacer. Ante la resistencia de esa conciencia productora de paz que no termina de llegar, le “bajaré dos” a esa empresa y pondré el intelecto y el ego como vehículos forzados para evitar las explosiones de ira, susto o desesperanza. El plan es, al enfrentar una situación cumbre, levantar la voz propia, la que grita y asegurarme a mí mismo que lo que tengo enfrente es una prueba. No importa quién sea el administrador de esa prueba: yo soy el examinado. Ese es el plan. En el tráfico, en el hospital o en la oficina pública, cuando sienta que comienza a hervir la sangre, mi mantra será: “No juzgar de ninguna manera. No juzgar situaciones, no juzgar personas, no juzgar cosas: esto es una prueba”. Y desde ese momento en adelante, ver qué puede hacer por mí el intelecto ególatra que quiere ganar todas las pruebas, todas las competencias para las que se ha preparado. Quién sabe si, muy adentro, muy quietecita, está mi anhelada conciencia mirando, escuchando, sintiendo y, dados los tumultos, las escaramuzas en la azotea, ella decida manifestarse de una vez por todas.

domingo, 29 de septiembre de 2024

¿Falacia la realidad?

Ya tiene que ser verdad. Ya no me cuadra nada. Todo debe ser causado por el desbarrancamiento. Los pensamientos y criterios se basan en premisas falsas que redondean nuestra idea deseada, anhelada, ideal. La resistencia ante la realidad nos repleta el discurso de falacias. En las conversaciones, si estás medianamente de acuerdo conmigo o te caigo bien, vamos a atropellar las verdades a gusto y nos despediremos después de un rato con el abrazo de quienes están en lo cierto, ¡porque es que nuestro interlocutor lo confirmó! Por el otro lado, si soy tu crítico, me caes mal o piensas distinto, te voy a atacar a mansalva, incluso si estás en un momento de iluminación perfecta. En ambos casos, estaríamos de acuerdo en que la pasión, el gusto y el disgusto gobiernan el momento, pero si nos sentásemos a conversar de la manera más objetiva y responsable posible, encontraríamos una falacia cada dos o tres de nuestras frases. Ese discurso, que nos permite navegar en estas aguas difíciles de la historia, requiere ser flexible, acomodaticio, altamente autoembustero. Porque si nos bajásemos solo par de horas de este carrusel de metales, piedras e ilusión, nos volveríamos bastante locos y querríamos, con mucha razón, volver a nuestro garabato filosófico, ese que nos costó tanto armar a fuerza de recetas ajenas, de métodos aprendidos y de indefiniciones salvadoras, es decir, volver rapidito a ser aquellos que deban sobrevivir a esta locura de planteamiento de vida.

jueves, 5 de septiembre de 2024

Despedida casi indolora

Llegó el momento. Con algunos días de antelación, llegó el aviso por la vía correspondiente: Guillermo iba a morir. Tras un encontronazo de la conciencia colectiva con las leyes metafísicas y demás especies relacionadas, despedirse de este mundo no fue más un asunto de violencia, frustración o de dolor sorpresivos. El trámite ahora tenía parámetros bien establecidos para cada caso, como su anuncio, la antelación y la fecha en que la luz abductora se presentaría para llevarse al pasajero de turno. La cosa ya no era como antes. Esta novedosa modalidad de dejar el cuerpo no tardó en surtir sus efectos en la existencia de la gente. Una vez escuchado el pitazo de la partida, muchos organizaban los trámites legales correspondientes de la ocasión, buscaban a aquellos con quienes estuviesen peleados o enojados para conversar los asuntos pendientes en un ambiente harto solemne y amoroso y, nunca menos importante, buscaban arreglar sus asuntos internos tan postergados desde siempre. Otros, previendo cualquier despelote al final, aprovechaban los años previos para, más bien, vivir una vida ordenada, de manera que al llegar el momento de irse aprovecharían mejor el momento para pasarla con su gente, en sus lugares y en sus contemplaciones de la manera más relajada posible. Guillermo pertenecía a esta segunda categoría, por lo que, unas horas después del anuncio, ya estaba reunido con su familia y sus amigos para recordar y reflexionar, sin mayor sobresalto, sobre los asuntos de la vida entre la mirada y los apretujones cariñosos de su gente.