Según he visto, el resto de la vida
puede ser mucho tiempo o ser una fracción de segundo. Para quien fue
arrollado por el progreso, el resto de la vida eran dos segundos.
Para otros más aferrados, pudieron ser algunos días más. Y así va
siendo para otros, quienes duraron hasta que en su vejez bajó el
carruaje romántico de la lonvevidad; y para otros, cuya enfermedad
no dejá levantar cabeza nunca más. Así que estoy un poco asustado.
Aunque no estoy muy enfermo, ni planeo cruzar ninguna avenida hoy,
pudiera ser que el resto de mis días no sean tantos como quiero y
suelo pensar. Acaban de atropellar a otro en el semáforo, qué
vaina. Mejor me levanto y comienzo a ver qué hago por el resto de mi
vida, no vaya a ser que sea desconcertantemente breve. Un abrazo muy
fuerte, porsia.
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