Doñita, quisiera darle el
puesto, pero prefiero no hacerlo. Me duele la espalda, el cuello y tengo los
pies desechos. Yo sé que Ud. está en la edad para ser atendida, pero por este
lado, hoy no. Antes de hacerme el dormido, el tonto o quedármele mirando raro,
prefiero confesarle mi intención de quedarme sentado enfrente de su bamboleo no
muy honesto, y desafiando las ya conocidas inercias del tren, entre estas damas
que parecen menos caballeros que yo.
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martes, 28 de febrero de 2012
Oiga, Doñita
Doñita, quisiera darle el
puesto, pero prefiero no hacerlo. Me duele la espalda, el cuello y tengo los
pies desechos. Yo sé que Ud. está en la edad para ser atendida, pero por este
lado, hoy no. Antes de hacerme el dormido, el tonto o quedármele mirando raro,
prefiero confesarle mi intención de quedarme sentado enfrente de su bamboleo no
muy honesto, y desafiando las ya conocidas inercias del tren, entre estas damas
que parecen menos caballeros que yo.
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