Algunos critican a los viejos por lo poco con que se conforman: un café en la ventana, una manualidad, un libro, una conversa, un buen sueño. Tal vez, de tanto caminar, ya se sabe de qué trata la vida y el bienestar. Uno de joven vive mucho de la fantasía, lo cual pareciera sana ambición, pero muchas veces no termina en nada porque se ignoran los hilos que mueven ese aparato. Hay que replantearse soñar y contraponerlo seriamente al esfuerzo real de descubrir nuestras potencialidades y finalmente practicarlas en medio de la oferta, también real, del mundo en que vivimos.
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