Me encontré con el
superlativo. Me encontré con lo mejor de un pedazo. Fue impactante cada paso,
cada movimiento, cada mirada. La escena no tenía desperdicio; nunca había visto
algo semejante, impecable, sorprendente. Prestidigitación, maestría en la
ilusión, vehemencia en el hablar. Pero llegó el que todo lo descubre, el
aguafiestas: llegó el tiempo. Después de un rato, de unos días, el espectáculo
se tornó monótono. Después de ver la rutina una y otra vez, después de saber el
paso próximo, ya la novedad no maravillaba. El acto fue cada vez más de lo
mismo y el brillo de ojos que arrancó en algún momento se preguntaba si eso era
todo. Poco a poco tomé mi butaca usual, a buena distancia, a metros inmunes, a
buen resguardo de tus trampas.
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sábado, 24 de septiembre de 2011
Lo más "ufff"
Me encontré con el
superlativo. Me encontré con lo mejor de un pedazo. Fue impactante cada paso,
cada movimiento, cada mirada. La escena no tenía desperdicio; nunca había visto
algo semejante, impecable, sorprendente. Prestidigitación, maestría en la
ilusión, vehemencia en el hablar. Pero llegó el que todo lo descubre, el
aguafiestas: llegó el tiempo. Después de un rato, de unos días, el espectáculo
se tornó monótono. Después de ver la rutina una y otra vez, después de saber el
paso próximo, ya la novedad no maravillaba. El acto fue cada vez más de lo
mismo y el brillo de ojos que arrancó en algún momento se preguntaba si eso era
todo. Poco a poco tomé mi butaca usual, a buena distancia, a metros inmunes, a
buen resguardo de tus trampas.
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