Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
lunes, 30 de diciembre de 2019
Tu extraña comprensión del tiempo
Entonces
me estás diciendo que el tiempo es fijo, inamovible de tu comprensión; que las
duraciones se pueden medir con el aparatico ese que llevas ahí. Te encerraste
en tu cuartico sordo y afirmas vehementemente que no hay nada nuevo qué
entender sobre el paso del tiempo, de lo importante que es, de lo
imprescindible que resulta en nuestras vidas. Me manoteas mientras afirmas que
tu día son ochenta y seis mil cuatrocientos tictacs que hay que rellenar para cumplir.
Planificas arduamente para hacer las cosas el día adecuado a la hora precisa,
“porque si no, todo se daña”. Y después de toda esa cantaleta sobre precisión y
oportunidad, se te pierden los ojos involuntariamente y me dices pensativo que
cuando te descubres en algún momento sublime, amoroso, gozoso, “se te pasó el
tiempo rápido”, o que cuando estás en una tarea tediosa, en medio de una
angustia o incertidumbre, todo ocurre “como más lento”. Regresas luego al ahora
solo para mirar el reloj y asegurarte de que vas encaminado, de que todo está
bajo control; pero tus extraños temblores me dicen otra cosa. Intentas agarrar
tus sueños, tus expectativas más trascendentales, tus mejores momentos y
embutirlos en las gavetas displicentes, frías y burlonas del tiempo. Conviertes
una comida deliciosa en “media hora para comer”. Le quitas las dimensiones
reales a todo y lo aplanas para meterlo en la máquina de medir a ver si puedes,
si te alcanza. La verdad, me parece un tributo absurdo. Me parece, de hecho,
una extraña religión.
No sé si gritarlo o seguir callando
No
sé si parar el tránsito, subirme a un muro y gritar mis verdades relativas, mis
puntos inconclusos de honor… o quedarme calladito, imperceptible a la multitud y
seguir tejiendo mis asuntos para, más adelante, sí, lanzar al mundo mi
manifiesto definitivo e irrefutable. No sé si sea oportuno alborotar ahora
mismo a todo el que pueda convertirse en mi adversario y prevenirlo sobre mis
cosas. No sé si resulte todo como lo deseo si parte de mis oficios es regarlo,
explicarlo, establecerlo. No sé si restregar al otro en la cara con una
disertación altisonante vaya a ser lo que otorgue el poder y la credibilidad a
mi proyecto. Pero chico, sobre todo, más allá de cualquier consideración
secundaria, no sé si darlo a conocer por miedo a que algún transeúnte del
argumento me visite y derrumbe fácilmente toda esta construcción precaria que
por ahora me emociona tanto, y me niegue así la oportunidad de defenderme como
es debido.
El facilitador indetectable
sábado, 28 de diciembre de 2019
Papá: Estás quedado
Papá,
estás quedado. En medio de tu letargo disfrazado de sabiduría, crees muy
seriamente que dominas el entorno en el que estoy creciendo… no es así. En el
poco tiempo en el que miras hacia donde estoy, vienes, haces alguna pregunta de
chequeo y ante cualquiera de las respuestas prehechas que te propino, me
acaricias la cabeza con autocomplacencia y te alejas de nuevo a tus espacios
preferidos en los que los demás te escuchan con atención, en esas parcelas en
que recibes admiración incondicional. Te veo −de lejos, claro− y tus luchas, tus
sueños, parecen avanzar satisfactoriamente mientras siento que te alejas poco a
poco de mis necesidades, de mis gustos, de mis rumbos. La tristeza
eventualmente aparece, pero estoy por aceptar que lo que me une es este amor
grandote e inevitable y no tu capacidad de guiarme, de orientarme en medio de
mis confusiones, mis disyuntivas, mis cuestionamientos. Ya se me hace tan
evidente que debo ver por mi lado cómo voy solucionando mis problemas, que no
voy ya a tratar de llamar tu atención. Mirando alrededor y con algo de introspección,
creo que ya he comenzado a tejer el comienzo de mi vida futura. Tal vez no te
necesito tanto, aunque no ha habido placer ni orgullo en admitirlo. Del héroe
que alguna vez fuiste; del tipo que todo lo podía responder; del ídolo que
alguna vez esperé cada día a que me sentara en su regazo y me prodigara mimos y
besitos, pasaste a ser solo mi viejo papá, con sus achaques, con sus mañas, con
sus viejas creencias y maneras. Me disculparás, viejo, pero de tantas cosas que
sentía por ti, solo me queda el amor grandote. Igual no temas, mi querido
viejo, que igual te cuidaré.
lunes, 23 de diciembre de 2019
¿Cómo entender la espiritualidad?
¿Cómo
entender la espiritualidad? ¿Cómo meterse a entender ese fantasma de comiquitas
que siempre nos mostraron como algo divertido, siniestro o destructivo? ¿Cómo
abrir una puerta hacia algo que desconocemos, pero que no nos resulta tan
descabellado a medida que se desvela? ¿Cómo entender algo profundo y vital,
pero bajo una luz y una lente comprada con dinero? Tal vez alguien se robó la
espiritualidad y la quiso secuestrar en alguna mazmorra —como ocurrió con los
libros— para mantener encerrada lo que luego resultó ser solo una caricatura
que todavía sigue saliendo en suplementos y películas, sin conversa ni debate, lejos
de la luz del sol. Es como un miedito que el señor de los cañones le tiene al
despertar de la gente. Entonces, ¿cómo bajar la palabra “espíritu” del pedestal
de mármol, sacarla de la penumbra y colocarla al nivel de la palabra “conciencia”?
Tal vez descubrimos al final que no era un fantasma, sino el mismísimo
despertar de un malo y prolongado sueño que solo sirvió para consumirnos a merced
de la inconciencia.
¿Y tú eres médico?
¿No han
tenido un jefe que ante una situación de salud de un familiar o un amigo, en la
cual uno se encarga de resguardar la seguridad de la persona afectada y esto hace
que el horario de trabajo se haya visto afectado, te dicen “¿Y acaso tú eres
médico?”? De verdad es que esta gentecita que es capaz de anteponer el horario
de trabajo a la salud o el interés de quienes muestran afecto por los demás
—que por cierto no abunda últimamente— podría catalogarse como un peligro para
la sociedad, como cómplices descarados del empobrecimiento del ser humano. Ya sabemos
por dónde vienen y a qué. Con esa pequeñita expresión fecal ya tenemos una
muestra de la herencia emocional que arrastran, y aunque no creo pertinente un
castigo de nuestra parte, sí pienso que hay que tener mucho cuidadito e ir
agarrando los cachachás para mudarse de establecimiento de estos rateritos de
la vida.
Nostalgia, dulce trampa
Nostalgia,
dulce trampa que nos mantiene anclados en el pasado. Perfecto espejismo que se
maquilla cada vez que se mira al espejo. Fuente permanente de condicionamientos
y dramas para el ahora. Curiosa cantera de respetos, admiraciones y gozos
diferidos que se disfrutan un tanto fríos, pero con una sonrisa y un definitivo
agradecimiento. Saludos, pues, a quienes siguen visitando en sueños, a quienes aparecen
en mi mente después de mencionar una frase ligada a un momento, a quienes
modelaron en algún grado y sin saberlo, estrechando mi mano o no, el lente con
el que ahora aprecio la existencia.
domingo, 22 de diciembre de 2019
El que se fue y vino
Oye, Adolescente: ¡NO!
Ya sé
que estás harto de no tener el control en casa. Ya sé que tus padres no están
en nada y no te entienden (yo también lo creo). Ya sé que tus hormonas te
tienen calenturiento con el culito aquel. Ya sé que estás en edad de valerte
por ti mismo y salir a trabajar en lo que sea, total, lo que llevas de estudio
mocho te preparó ya mismo para algo mejor. Nadie comprende que estás enamorado
de ella, que te duele tanto cuando se separan en la noche y ya sé que quisieras
amanecer con ella y compartir toda tu vida con esa mujer de tu vida. Ya sé que
probaste algo que te quita la arrechera y hasta te hace reír por un ratico, aunque
ello esté vetado por la decencia de la sociedad. Sé también que tu cerebro ya
funciona a mil por hora y que tu inteligencia no se compara con la de tus
padres, viejos anacrónicos que lo que hacen es joderte desde que amanece hasta
que llegas en la madrugada. Sé que ya le propusiste a tu futura mujer escaparse
de casa e irse ambos a vivir en cualquier sitio y así matar dos pájaros de un
tiro, mientras levantan cabeza y comienzan su futuro promisorio. Pero, ¿sabes
qué?, mucha de esa brincadera emocional va a pasar y el pulso se te
tranquilizará. Aunque los viejos no van a cambiar mucho a causa de este
desbarajuste, aprenderás a quererlos más y hasta a agradecerles su torpe esfuerzo
por que sobrevivas a tu juventud. Del “amor de tu vida”, aprenderás que solo
fue tu primer amor y que después de los besos y los orgasmos en medio de una
vida rutinaria y de supervivencia precaria, las explosiones multicolores se atenúan
bastante y probablemente termines en un callejón sin salida mucho más doloroso, desesperante y sin recursos
de salida que el que sientes ahora. Tu inteligencia prodigiosa sí te ayudará a ganar
dinerito y a arreglártelas por ti mismo luego, pero no te ayudará mucho en las
situaciones que requieran amor del bueno y dirección. Por ahora la tranquilidad
viene de los subibajas de las sustancias y las fiestas interminables, pero pelo
a pelo irá siendo descubierta a medida que tomes el verdadero control de tus acciones
y emociones. No quiero desilusionarte diciéndote que esto requerirá años de
fogueo, pero no hay atajos. Mientras, mi pana, al menos intenta joder a la
menor cantidad de gente posible y ocuparte en algo constructivo que te ayude a
levantar una vida plena de satisfacciones y de poco arrepentimiento por
experimentar. Después hablamos.
sábado, 21 de diciembre de 2019
Todo esto fracasó
miércoles, 18 de diciembre de 2019
¿Se acabo el amor?
lunes, 16 de diciembre de 2019
Me enamoré de un rol, versión tú
Me enamoré de un rol,
de tu rol. Siempre te visitaba entre la multitud para apreciar tu trabajo. Me
enamoré de ese rol que todos admirábamos y del que todos querían un pedacito.
Pero fue una atracción fatal hacia solo una parte de ti.
A medida que fui conociéndote, pude ver de cerca la perfección de tu ejecución.
Sin embargo, cuando quería que bajases de tu pedestal para que conversáramos
del día a día, de tu familia, de tus sueños, de lo que yo podía ofrecerte, te
alejabas con violencia después de proferirme una mirada de pánico, de desconfianza. Nunca supe supe lo que ocurría contigo en ese momento, pero me siento como un tonto por ilusionarme con compartir mi vida
contigo, sobre todo
cuando ahora veo claramente que
eres solo un trozo de alguien que no pudo labrar cada aspecto de su vida y
buscó como último recurso el encierro dentro dentro de lo único que sabía hacer con esmero: lo suyo.
Me enamoré de un rol, versión yo
Me
enamoré de un rol. Me enamoré de solo una parte de mí. Me enamoré de ese retazo
que cultivé hasta llegar a la perfección. Cuando estoy en esa parcela
irrepetible, no hay nada que me pueda perturbar. Soy el amo de esos lares, de
esos dominios, y mi bandera está clavada allí para que sepan que no deben
meterse con eso. El problema sobreviene cuando debo salir de este entorno de
ejecución inmaculada al exterior, a la vida normal. Una vez terminada la labor
y ser
arrojado al mundo de la incertidumbre con el que
todos están acostumbrados a lidiar, me convierto en un ser discapacitado. Tengo
dificultad para conversar, para compartir. Me paraliza una solicitud de
colaboración, y más todavía de convivencia. No entiendo los códigos de quienes
pasan por mi lado comentando su día, expresando sus sueños, sus dolores. Mi
comprensión sobre el otro es nula. El intercambio entre los demás me produce
tal parálisis, tal repulsa, que el miedo me hace quitar la mirada, manotear y
salir corriendo hasta llegar a mi casa, mi otro refugio. Así que permanezco
adicto a mi rol, ese triunfador y aislado del que les hablaba anteriormente; y
aunque asumo que debo buscar ayuda para ajustarme a lo que llaman
“cotidianidad” o “empatía”, trataré en lo posible, como un niño malcriado, de
encerrarme el mayor tiempo que pueda en mi hueco de salvación.
domingo, 15 de diciembre de 2019
El inmenso universo y sus reglas
lunes, 9 de diciembre de 2019
No me importa nada
La alegría está sobrevalorada
La
alegría está sobrevalorada. Una emoción tan efímera no debe ser el blanco de
tanto deseo, de tanto plan, de tanto estropicio. Sí, claro, los acontecimientos
importantes, los logros, las metas cumplidas producen alegría, pero no es por
estar alegres o felices que nos embarcamos en estas luchas. Es por estar distraídos,
ocupados, por “estar en algo” que nos trazamos estos objetivos, muchas veces alejados
de lo que somos realmente. Estar alegres es como estar bañados: se siente bien,
se siente fresco, se siente correcto, pero en algún momento habrá que repetirlo
para que valga la pena; y a ese ritmo inestable, quien no tiene suficientes acontecimientos alegres, tanta leña para mantener esa costosa flama encendida, desarrollará
esa adicción conocida a la sonrisa forzada, a la búsqueda incesante de retazos
baratos de material a consumir que mantengan andando ese vehículo tan solicitado
y atiborrado de gente que llaman alegría.
El rincón de las certezas
domingo, 8 de diciembre de 2019
Muchas puertas, por supuesto
sábado, 30 de noviembre de 2019
Te debo honestidad
miércoles, 27 de noviembre de 2019
Lo que crees ver
Lo que
ves no es lo que crees ver. Lo que ves es solo un reflejo de lo que tu cabeza
te dice que debes ver haciéndole caso a tus pobres percepciones. Lo que ves en aparente
reposo es solo un instante congelado de una circunstancia mucho mayor; es solo
una parte fugaz de una escena de mayor complejidad, con causas, antecedentes,
razones y consecuencias. La amañada simplicidad de tus sentidos y el carácter
reduccionista de tus caricaturas mentales están muy lejos de comprender toda la
situación, por lo que se queda en un punto terco de perspectiva que abraza y
celebra sus limitaciones. Afortunadamente, ya llegará el momento en que el
panorama se irá ampliando y tu “darte cuenta” comenzará a trabajar cabalmente
por primera vez en tu vida. Así que, si lo que ahora ves es un tigre flotado en
el aire, todavía te faltan muchos kilómetros de camino tortuoso antes de
sentarte a descansar.
Rituales...
martes, 26 de noviembre de 2019
Debilitar los estímulos
No tenemos
que resistir estoicamente cada respuesta inesperada o indeseada del entorno. No
tenemos que forcejear y ni coquetear con la frustración cada vez que no
entendamos algo que ocurrió. Se va tornando algo cansona, aunque increíblemente
imperceptible, toda esa serie de bofetadas que recibimos del exterior una y
otra vez. Dicen que la fortaleza está en levantarse cada vez que uno cae —y
suena bonito—, pero ¿para qué caerse tanto? ¿Para qué hacerse el héroe, el que
se las sabrá todas después de las contusiones? ¿Para qué centrar la atención en
cada evento que no depende de nosotros? “No sé” puede ser una respuesta válida.
La incertidumbre no juega en contra, sino a favor. No hay nada escrito, a menos
que tú mismo quieras escribir una tragicomedia solo para ir y contarla a tu
círculo de aplaudidores desinteresados. ¿Para qué traerse por las greñas cada
piedrita del camino y armar una historia de terror? Creo que exageras. Creo que
te gusta la vaina. Creo que debes ocuparte en ti como no te habías ocupado
antes; así verás que tienes mucho por escudriñar, por descubrir, por entender,
por gozar, en lugar de estar buscando pichaches efímeros que te hagan sentir
vivo. Si me lo permites, déjame ayudarte a no luchar contra los monstruos, sino
a desenchufarlos. Al final del camino, segurito, encontrarás unos anteojos más
limpios para ver mejor hacia afuera también… después me cuentas.
viernes, 22 de noviembre de 2019
La luz de la conciencia
Arrojar
luz sobre la oscuridad y apreciar las cosas como realmente son, sin prejuicios,
sin especulaciones, sin condicionamientos. Caminar, y en el camino seguir
dejando caer rayos de luz sobre cada sitio hacia donde veamos, hacia cada
situación por resolver. Eso es la conciencia. Luz que no se acaba, que no tiene
fecha de caducidad, que no se apaga. Eso no ocurrirá jamás. Por el contrario y
por fortuna, cada candil que se enciende va sumando a la claridad que ya nos
venía guiando. Es un torbellino creciente y a favor sentir por primera vez que
por ahora seguimos albergando oscuridades y que en algún momento les llegará su
oportunidad para desvelarse. Muchos de esos misterios todavía tienen un sentido
de existir. No saberlo todo se convierte en el nuevo estado de honestidad
desenfadada que permite aceptar y continuar. La ignorancia natural se destapa y
nos deja sin complejos, listos para plantearnos cualquier rumbo sin miedo ni
resistencias. El brillo deja sin efecto el drama. Todo comienza a tener
sentido, un sentido distinto del que conocíamos y lo que antes era una puerta
trancada que ahora aparenta dejarnos entrar sin objeciones, sin condiciones, a
la luz de la nueva conciencia en crecimiento, a un ritmo distinto, con una
óptica inédita que nos reafirma, cada vez, que nuestros párpados siempre
estuvieron cerrados… hasta ahora.
Química que apesta a muerte
Siento
bullir las toxinas en mi cuerpo. Siento revolverse la calma de mis vísceras y
convertirse en caos. No tardan en asistir a este aquelarre del fracaso, el
dolor, el entumecimiento, el mareo. En medio de mi rutina cotidiana de mejorar,
de superarme, de superar a otros, de superar a la vida misma, llegó la visita
que me contaban inexorable. Sumido entre los planes, los mapas del tesoro, los
álbumes de fracaso, me agarró este retortijón de tripas que me grita en la cara
que ya basta, que no se puede más, que deje de hacer lo que estoy haciendo y me
recueste, al fin, en el espaldar. No demora mucho en aparecer cierto hormigueo
en las manos, el conocido desmayo parcial que tan bien sé disimular, el
palpitar de las arterias hartas de tanta exigencia. Siento el desfile de
porquerías por la sangre, la amargura en el tubo digestivo, el temblor en las
manos y la parálisis ante la tarea pendiente del momento. Justamente hoy, que
tenía esta entrega importante; justamente hoy, que se abre una puerta al
bienestar soñado, siento que mi cuerpo se fríe en su propio sudor.
miércoles, 20 de noviembre de 2019
Buscando el equilibrio
Todos
buscamos el equilibrio. No importa lo enredado, no importa que parezca lo contrario. Somos el resultado de las fuerzas que contienden en nuestro interior y nos empujan, como aritmética fatal, a actuar como actuamos, a desear como deseamos. No importa quiénes o cómo, de alguna manera actuamos
para encontrar ese balance que perdimos hace mucho a manos de quienes nos
amaron primero. No importa si con conciencia o sin ella, no importa si
laboriosa y sutilmente o a los carajazos, buscan el equilibrio el monje, el
drogadicto; el miserable y el acomodado; el preso y el maestro; el bebé y el anciano;
el corrupto y el funcionario —cuando no fuesen o mismo—; el que ora y el que
maldice. El equilibrio vendría siendo ese estado promedio que nos ayuda a vivir
otro día más sin ceder ante la desesperación, ante el agobio, ante el descalabro
que resulta evidente y grosero en estos días de decepciones y desesperanzas. Buscar
el centro para no irse por el barranco se presenta como la única manera de capear
el temporal y ninguno escapamos de eso. La manera como lo hagamos podría darnos
la paz, un premio Nobel o mandarnos a la cárcel, el hospital o el cementerio. Lamentablemente,
solo pocos lo logran. Desafortunadamente, las herramientas para pendular hacia
el otro lado están en escasez. Lapidariamente, quienes si no consigues
encontrar las válvulas para dejar salir tus tormentas, lo pagarás con desinfles
y explosiones esporádicas que embarrarán al otro, al que te quiere y te
acompaña en esta época. Así que… mosca cómo es que buscas tu equilibrio.
lunes, 18 de noviembre de 2019
Quiero que todo fluya
Comenzar desde cero
lunes, 11 de noviembre de 2019
Alienados, ¡y a mucha honra!
Sutilezas mutiladoras
No practicas lo que predicas
domingo, 10 de noviembre de 2019
La felicidad es un mito
La felicidad vendría siendo un mito. Tiene siglos existencia, se habla mucho de ello, y aun así nadie sabe con certeza qué animal es ese. Al imaginar una persona “feliz” aparece en nuestras mentes un rostro con la risa permanente que produce la tranquilidad de un entorno seguro, lejos de las hostilidades del mundo. Se escriben canciones, se moldean conferencias y se afirma con vehemencia en momentos de pasión: “soy feliz”. Pero la susodicha felicidad no aguanta la pela y rueda de nuevo con todas nuestras esperanzas por el barranco. Solo bastan algunos instantes para que la desazón regrese y comencemos a sentir otra vez que nos falta algo para completarnos. Con un nuevo intento, cada vez, el espejismo del bienestar constante se renueva a los carajazos con juguetes y promesas que sirven de puente entre un pasado infeliz y un futuro mejor, dejando huérfano a un presente desatendido que se deja sin saborear, que a pesar de que es el verdadero vehículo para la dicha, solo estorba o se manipula para lograr algo mejor que nunca llegará, que continuará siendo un mito.
viernes, 8 de noviembre de 2019
Maldita dualidad
Jueces negligentes
miércoles, 6 de noviembre de 2019
Inmolación cotidiana
martes, 5 de noviembre de 2019
El tiempo de Dios es perfecto... ¿o no?
El tiempo
de Dios es perfecto. La frase se usa mucho, según he visto. A veces parece una
justificación ante la adversidad prolongada o ante la llegada de lo que
pudiéramos llamar “justicia”. Pero a veces pareciera una sentencia acorde a lo
que ocurre, ajustada a lo que deberíamos esperar. En ocasiones, aparenta exacta
sincronicidad entre la espera y la llegada de aquello necesario. En ocasiones,
parece el anuncio del premio después del recorrido. Es como que si ocurriera de
otro modo, estaría mal, sería inoportuno, habría fallado la experiencia. No se
podría saber el criterio usado por quien diseña un universo, pero seguramente
ese diseño comprende un equilibrio lento −aunque demoledor− en sus
acontecimientos, en un flujo que, aunque resulta lógico en retrospectiva, es
harto difícil de entender por nuestra mente brillante y entrenada, porque es
que… sigue siendo muy pequeña para entender las grandes cosas.
Sin sacrificios, por favor
viernes, 1 de noviembre de 2019
He entrado al paraíso
He acariciado la paz durante segundos, tal vez
minutos. He mordido muy poco de eso que sospechaba que existía, pero que el
ruido y las imágenes confusas de mi mente no me han permitido disfrutar. Es una
especie de parálisis inducida por un dictador imaginario que no deja liberarme
del pasado, del futuro, de las facturas, de los compromisos, del qué dirán. Como
un prisionero ordinario, al tratar de escapar de la pequeña celda al gran
paisaje, siento el llamado de la autoridad a cargo y soy halado de nuevo a los
trabajos forzados a los que estoy asignado y que una vez elegí como medio de
vida, de presunta estabilidad. Pero siempre recuerdo esos pequeños instantes en
los que me sentí pleno, expandido, en un espacio que se hizo inmenso y que, como
elevado por una mano muy grande y benevolente, me dejó ver todo desde arriba. Todo
aparecía muy claro y sencillo ante mi vista. Por ese lapso maravilloso, no
sentí problemas, no sentí deudas, no sentí pendientes; sentí que esas
dificultades cotidianas eran una tontería que se podía resolver con acallar la
voz fastidiosa –y por los momentos, ausente− que tenía como oficio permanente
lamentar y preocuparse. Quiero ir de nuevo a ese sitio, a ese momento en el que
la vida “vale la pena” totalmente. Quiero volver… quiero quedarme.
martes, 29 de octubre de 2019
Impostor a la medida
Ver todo en blanco y negro
Ver
solo
en blanco y negro. Hasta suena a discapacidad. Hasta huele a moralidad rancia. Definitivamente sospechoso. La incapacidad para notar los matices en todo lo que ocurre, para darse cuenta de que las cosas no deben ser o totalmente buenas o totalmente malas, solo dan lugar a una compulsión, a un nervio extraño, a una patología; en el menor de los casos, a una conducta que levanta ojeriza. Suena a la miopía que produce una desilusión pasada pero no superada. Tiene eso pinta de cualquier cosa, menos de comportamiento ajustado a cierta realidad que, aunque desborde toda la dificultad antes desconocida, no deja de merecer una mirada calmada, sobria, en silencio. Así que… que te aproveche tu voluntario y apasionado daltonismo de grises.
en blanco y negro. Hasta suena a discapacidad. Hasta huele a moralidad rancia. Definitivamente sospechoso. La incapacidad para notar los matices en todo lo que ocurre, para darse cuenta de que las cosas no deben ser o totalmente buenas o totalmente malas, solo dan lugar a una compulsión, a un nervio extraño, a una patología; en el menor de los casos, a una conducta que levanta ojeriza. Suena a la miopía que produce una desilusión pasada pero no superada. Tiene eso pinta de cualquier cosa, menos de comportamiento ajustado a cierta realidad que, aunque desborde toda la dificultad antes desconocida, no deja de merecer una mirada calmada, sobria, en silencio. Así que… que te aproveche tu voluntario y apasionado daltonismo de grises.
lunes, 28 de octubre de 2019
Creí que era el único
Creí
que era el único. El único que se ponía triste a veces y lo escondía; el único
al que la preocupación le pegaba en la panza y lo mandaba para el baño; el
único que sentía que siempre faltaba algo y no sabía qué; el único que no le
veía sentido a la mayoría de las cosas y sin embargo las seguía haciendo por
años; el único que se recriminaba en secreto; el único que tapaba sus miedos
con maltratos a los demás; el único que buscaba un culpable allá afuera; el
único que buscaba la perfección sin saber qué era eso; el único que siente que nadie
le para bolas y que nada vale la pena… pero aparte de no ser el único, me asomo
por la ventana en cualquier momento y puedo ver el tremendo ejército de la desilusión.
domingo, 27 de octubre de 2019
No te cuelgues
Ser padres ahora
Ser padre
ahora. Perder el primer round obligado contra las pantallas y sus mensajes
destructivos. Ser agarrado fuera de base por las influencias sociales que
tienen un pie dentro de tu casa. Lidiar contra el peso de tu propia crianza y
tratar de embutirle las maneras de hace unos treinta años. Bajar las defensas y
la dignidad ante el temor del abandono futuro de parte tu única razón para
vivir. Creer en el tiempo infinito para hacer “entrar en el carril” a la
criatura ya grande, en medio de intentos ingenuos, lentos, insustanciales. Fomentar,
sin saber, la tiranía de quien no vio en ti sino un proveedor sin compromisos a
cambio. Mostrar ilusamente la moral de las banderas apasionadas del bien y el
mal sin los matices ni las consideraciones del caso. Sembrar con ojos ciegos el
trauma futuro y el perdón que tardará en llegar. Vaya empresa.
Déjame sentir el futuro
Déjame
ver el futuro. Déjame mirar hacia adelante con la claridad y el color que
siempre soñé. Déjame gozar del sol del amanecer de ahora en adelante; sentir el
calor en la piel y sentirme parte de algo mayor, de algo a lo que pertenezco
desde antes, desde siempre… algo a lo que no soy ajeno, pero que hasta ahora ha
estado vedado para mí. Déjame caminar sin estudiar el rumbo, sin calcular el
destino, sin atascarme en los riesgos. Déjame probar qué se siente saberme
capaz después de haber probado la derrota por un rato. Déjame andar solo,
libre, expuesto; responder al cada desafío con el extraordinario instinto que tengo
como aliado. Puedo, ahora mismo, recoger lo que necesito para el viaje, y con
tu bendición, comenzar a escribir mi propio relato, mi propia aventura. No te
opongas y anda: échame la bendición.
viernes, 25 de octubre de 2019
Ángeles aislados
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