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martes, 8 de octubre de 2024

Tengo un plan

Ya no sé qué hacer. Ante la resistencia de esa conciencia productora de paz que no termina de llegar, le “bajaré dos” a esa empresa y pondré el intelecto y el ego como vehículos forzados para evitar las explosiones de ira, susto o desesperanza. El plan es, al enfrentar una situación cumbre, levantar la voz propia, la que grita y asegurarme a mí mismo que lo que tengo enfrente es una prueba. No importa quién sea el administrador de esa prueba: yo soy el examinado. Ese es el plan. En el tráfico, en el hospital o en la oficina pública, cuando sienta que comienza a hervir la sangre, mi mantra será: “No juzgar de ninguna manera. No juzgar situaciones, no juzgar personas, no juzgar cosas: esto es una prueba”. Y desde ese momento en adelante, ver qué puede hacer por mí el intelecto ególatra que quiere ganar todas las pruebas, todas las competencias para las que se ha preparado. Quién sabe si, muy adentro, muy quietecita, está mi anhelada conciencia mirando, escuchando, sintiendo y, dados los tumultos, las escaramuzas en la azotea, ella decida manifestarse de una vez por todas.

sábado, 5 de diciembre de 2020

Conciencia sin libido

No puedo revestirme de sabiduría si pasas por delante de mí vestida así. No puedo practicar el Ser mientras te veo lavar los platos en esa faldita. No puedo llegar al estado de elevación deseado si cuando pasas a mi lado me acaricias la espalda o me picas el ojo. Deseo tanto conjugar esas dos cosas en mi vida, pero mi atracción hacia ti es tal que siempre abandonaré mis prácticas trascendentales para caer en finalmente en tus brazos. Mejor entonces espero unos añitos para que se me pase todo este vaporón y así poder entrar, finalmente, en ese tan necesario mundo de conciencia pura.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Cuando pierda la libido


Cuando pierda la libido, todo se solucionará. Cuando deje de sentir este saboteo, se abrirá paso a la sabiduría. Cuando desaparezcan estos fogonazos enceguecedores, seré quien quiero ser. Pero mientras, seguiré intentando vivir de la teoría y la discusión de lo sensato hasta que aparezca la morenita esa que vive al lado. Mientras, pasaré la noche entre mantras y contemplaciones hasta que Yurimira, la catira, aparezca con su minifalda a pedirme un poquito de azúcar. Mientras, pues seguiré construyendo esquemas seudoespirituales, seudoconscientes, porque más tarde me llamará mi exmujer para que le arregle la cañería. Así no se puede, mi hermano. No puedo avanzar en los conceptos y sensaciones, en el silencio y en el vacío si mi cuerpo no se deja escuchar, si siento el motín que efervesce en algunas de sus partes; si cuando ya estoy entrando en esa nube de autoconocimiento, suena el celular y recibo unas fotos provocativas de mi compañera de trabajo, la muchacha nueva, la que me lanza indirectas en horas de oficina y desaparece al sonar el timbre de salida. Así que no me queda más que seguir hablando sobre tonterías dizque trascendentales, a la vez que atiendo mis asuntos de besos y caricias con quienes tengan a bien acercarse y compartir su cuerpo físico, su estuche de vida, su carcasa de placer, con este soldado fracasado de la paz.

viernes, 22 de noviembre de 2019

La luz de la conciencia

Arrojar luz sobre la oscuridad y apreciar las cosas como realmente son, sin prejuicios, sin especulaciones, sin condicionamientos. Caminar, y en el camino seguir dejando caer rayos de luz sobre cada sitio hacia donde veamos, hacia cada situación por resolver. Eso es la conciencia. Luz que no se acaba, que no tiene fecha de caducidad, que no se apaga. Eso no ocurrirá jamás. Por el contrario y por fortuna, cada candil que se enciende va sumando a la claridad que ya nos venía guiando. Es un torbellino creciente y a favor sentir por primera vez que por ahora seguimos albergando oscuridades y que en algún momento les llegará su oportunidad para desvelarse. Muchos de esos misterios todavía tienen un sentido de existir. No saberlo todo se convierte en el nuevo estado de honestidad desenfadada que permite aceptar y continuar. La ignorancia natural se destapa y nos deja sin complejos, listos para plantearnos cualquier rumbo sin miedo ni resistencias. El brillo deja sin efecto el drama. Todo comienza a tener sentido, un sentido distinto del que conocíamos y lo que antes era una puerta trancada que ahora aparenta dejarnos entrar sin objeciones, sin condiciones, a la luz de la nueva conciencia en crecimiento, a un ritmo distinto, con una óptica inédita que nos reafirma, cada vez, que nuestros párpados siempre estuvieron cerrados… hasta ahora.

jueves, 4 de abril de 2019

La vida es buena... a pesar de ti.

Si se cree que la vida tiene un propósito, la vida es buena. Pero claro, no con un “buena” rosadito, pendejo, de que me cumpla mis caprichos, de ser mejor que los demás, de tener poder más allá que sobre usted mismo. Más bien con un “buena” que implique “necesario”, “consciente”, “integral”. Por supuesto, vivir en una ciudad que aparte está en harta crisis coloca estos conceptos en un nivel ridículo de perspectiva y casi inevitable pensar que la vida es solo esto; pero si vivimos la vida sin tratar de entender de qué se trata realmente, resistiéndonos a lo que ya es como es, no dejaremos de sorprendernos con los inconvenientes que aparezcan o de encandilarnos emocionados con luces y espejitos; no dejaremos de quejarnos de los demás ni de presumir de la maravilla con mala suerte que somos. Hemos disminuido tanto el sentido de lo afectivo, de lo intuitivo, de lo amoroso, para someternos, a veces muy placenteramente, a los designios de la mente, ese espectacular obrero que se convirtió en jefe. Si por una pequeña pantalla nos mostraran de qué se trata la existencia antes de nacer y nos dejaran interiorizar que la vida tiene placer, dolor, crisis y equilibrio, tal vez caminaríamos por estas calles con menos expectativas fantasiosas, con menos escudos protectores, bien preparados para actuar ante una situación compleja sin juicios ni prejuicios, confiando en que todo fluye y se resuelve de una manera u otra, sin drama, sin gritería, solo con unos buenos ojos y pecho abiertos. Pero no, no lo hacemos; tampoco quienes detentan el poder de las pantallas y las páginas ayudan en eso de hacer que caminemos hacia la conciencia, hacia lo que fluye naturalmente hacia su resolución. Por el contrario, toda la vida parece ser un comercial de pólizas de vida, en la que debe hacerse un gran esfuerzo para asegurar que las cosas salgan como queremos, acumulando dinero, objetos, amigos, elogios, miedos, para luego sí, ser felices. Somos androides sicópatas muy bien hipnotizados durante años, que sin mediar palabra, cerramos los oídos y seguimos defendiendo sin pausa y a ultranza a nuestro malvado amo invisible. La vida parece llamada a ser una caricatura de la mente sobre qué tan emocionado puedo estar y no qué tan integrado estoy al momento presente como lo único que existe, en lugar de pelear con lo que pasó o con lo que pasará y, aunque parezca el mismo taquititaqui de siempre, la vaina parece ser verdad.