Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
Mostrando entradas con la etiqueta dualidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dualidad. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de enero de 2020

La dualidad no mata… no todavía

La dualidad no mata… no todavía. Dualidad es dos partes distintas malviviendo en un solo pellejo. Dualidad es pelea, son dos lados que no pueden ser uno. Dualidad es estereotipo contra autenticidad. Dualidad demuestra prisión, inconformidad, envidia, impotencia. Dualidad es lo que eres contra lo que te ves obligado a ser, lo que tienes contra lo que quieres, donde estás contra donde quieres estar, y claro, lo que haces contra lo que quieres hacer. Dualidad es resistencia a ti mismo, es forcejeo interno, es estrangulamiento constante y progresivo que, en medio de la asfixia, no deja pronosticar el final de la historia. Dualidad es gastar el doble de la energía en menos de la mitad de lo trazado. Dualidad es amargura de la mente que chorrea al cuerpo. Dualidad es contraposición de uno contra uno mismo por mero influjo alienígena. En dos platos: Dualidad es locura. Pero es locura maquillada de ajuste social, de adaptación a la audiencia según sea el caso: normal y admirable, pues. Dualidad termina siendo queja en la oscuridad, ruido constante que no deja dormir, indeterminación que mata… aunque no todavía.

viernes, 8 de noviembre de 2019

Maldita dualidad

Esta maldita dualidad. Soy uno mientras soy otro. Soy uno y después soy otro. Algo, en algún sitio, en algún momento, activó esa división y ahora soy uno para cada ocasión. Nunca más fui mi unicidad experimentando varias cosas, sino varios yoes, cada uno en lo suyo. Y claro, como soy más de uno, cada uno de ellos tiene sus maneras, sus preferencias, sus decisiones irreversibles. “Amo a mi madre por sobre todas las cosas” vive con “La odio más que a nadie por haberme maltratado”, y entre muchas otras dualidades hierven decenas de contradicciones, de incoherencias, de posiciones locamente irreconciliables. Soy uno en casa y otro en el trabajo. Soy uno cuando estoy con mi mujer y otro cuando estoy con mis amigos. Soy uno cuando estoy solo y otro cuando estoy acompañado. “Hay cosas que no deben hacerse”, grita cada una de las piezas de mi rompecabezas y clava su bandera en el terreno, pero claro, eso durará mientras llega la vergüenza, el miedo o la ira. Soy uno cuando converso con el portero y otro cuando hablo con el presidente. La verdad es que tú, amigo mío, deberías fijarte bien con quién hablas cuando te sientas a tomar café enfrente de este cuerpo, de esta mente repleta de voces que gritan cada una su tema, su parecer, su prejuicio.