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domingo, 13 de junio de 2021

Todo es perfecto como es

Todo es perfecto como es. Pero no es perfecto porque sea bueno o agradable, sino porque las causas que producen cada acontecimiento se corresponden con una consecuencia específica. Si alguna de las causas se modifica o desaparece, la consecuencia será distinta. Teniendo esto como premisa, podemos aceptar que lo que ocurre fue lo que debió ocurrir. Que ignoremos las causas o que nos desagraden los efectos finales nos aleja de esa aceptación tan necesaria en este mundo de ignorancia, prejuicios y dramas. A pesar de que nos resulte extraño, la verdadera locura no aceptar los acontecimientos. La verdadera locura es luchar contra lo que es como debe ser dadas sus causas. Demencia es pelear en nuestras cabezas contra lo que está respaldado por la realidad. En últimas, si lo que quieres es cambiar lo que ha de ocurrir en el futuro, lo que procede es cambiar las causas en el presente. Olvídate de luchar contra el presente; acéptalo y vive de una vez el gozo que tu drama te ha ocultado hasta ahora.

martes, 5 de noviembre de 2019

El tiempo de Dios es perfecto... ¿o no?

El tiempo de Dios es perfecto. La frase se usa mucho, según he visto. A veces parece una justificación ante la adversidad prolongada o ante la llegada de lo que pudiéramos llamar “justicia”. Pero a veces pareciera una sentencia acorde a lo que ocurre, ajustada a lo que deberíamos esperar. En ocasiones, aparenta exacta sincronicidad entre la espera y la llegada de aquello necesario. En ocasiones, parece el anuncio del premio después del recorrido. Es como que si ocurriera de otro modo, estaría mal, sería inoportuno, habría fallado la experiencia. No se podría saber el criterio usado por quien diseña un universo, pero seguramente ese diseño comprende un equilibrio lento −aunque demoledor− en sus acontecimientos, en un flujo que, aunque resulta lógico en retrospectiva, es harto difícil de entender por nuestra mente brillante y entrenada, porque es que… sigue siendo muy pequeña para entender las grandes cosas.

domingo, 11 de agosto de 2019

¿Un milagro? no te creo

¿Un milagro curativo, un milagro repentino? No te creo. Lo que ocurrió fue solo una vuelta a una normalidad olvidada, a un equilibrio perdido, al estado inicial perfecto de las cosas. Milagro no. Es otra cosa. Nuestra percepción, sumergida desde hace años en una rutina demente, en un declive imperceptible pero constante, se acostumbró a ver hacia el suelo, a esperar menos de nuestro cuerpo. Nuestra mente, en busca de un espejismo de bienestar, se guindó en nuestra verdadera calidad de vida y la dobló hacia abajo, separándola de ese funcionamiento inmaculado que constituye en sí mismo un milagro constante, y por lo tanto imperceptible. Durante décadas fuimos minando la máquina perfecta sin remordimiento alguno hasta casi lograr su destrucción, y es cuando aparece un mecanismo “milagroso” que nos acerca de nuevo, a una velocidad increíble para nuestros empobrecidos estándares, al funcionamiento perfecto del que nos alejamos ya hace tiempo, gritamos con desvarío que se trata de un milagro. No ocurrió el milagro. Nos alejamos inconsciente y progresivamente del milagro de vivir en plenitud y ahorita lo podemos sentir de nuevo, súbitamente, como un fantasma amigable, sin tomar jamás la más mínima responsabilidad en lo que haya ocurrido. No cabe duda de que la inercia nos hará caer de nuevo en el sopor de siempre, que nos apartaremos, cada vez, del camino de la conciencia y haremos un bochinche de nuevo con nuestra salud… hasta que aparezca el próximo milagro.