Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de septiembre de 2024

Despedida casi indolora

Llegó el momento. Con algunos días de antelación, llegó el aviso por la vía correspondiente: Guillermo iba a morir. Tras un encontronazo de la conciencia colectiva con las leyes metafísicas y demás especies relacionadas, despedirse de este mundo no fue más un asunto de violencia, frustración o de dolor sorpresivos. El trámite ahora tenía parámetros bien establecidos para cada caso, como su anuncio, la antelación y la fecha en que la luz abductora se presentaría para llevarse al pasajero de turno. La cosa ya no era como antes. Esta novedosa modalidad de dejar el cuerpo no tardó en surtir sus efectos en la existencia de la gente. Una vez escuchado el pitazo de la partida, muchos organizaban los trámites legales correspondientes de la ocasión, buscaban a aquellos con quienes estuviesen peleados o enojados para conversar los asuntos pendientes en un ambiente harto solemne y amoroso y, nunca menos importante, buscaban arreglar sus asuntos internos tan postergados desde siempre. Otros, previendo cualquier despelote al final, aprovechaban los años previos para, más bien, vivir una vida ordenada, de manera que al llegar el momento de irse aprovecharían mejor el momento para pasarla con su gente, en sus lugares y en sus contemplaciones de la manera más relajada posible. Guillermo pertenecía a esta segunda categoría, por lo que, unas horas después del anuncio, ya estaba reunido con su familia y sus amigos para recordar y reflexionar, sin mayor sobresalto, sobre los asuntos de la vida entre la mirada y los apretujones cariñosos de su gente.

miércoles, 21 de junio de 2023

La estafa del miedo a la muerte

Tal vez el miedo a la muerte no es el miedo a la interrupción de la vida, sino solo a la fealdad de la muerte. Tal vez ese terror no se debe a la interrupción de un maravilloso proyecto, de una extraordinaria pasantía por este regalo que es la vida. Tal vez, ni siquiera, a la comprensión súbita del valor que tiene cada aspecto de la vida. En ese caso, tal vez no debamos preocuparnos tanto ni sufrir el terror de dejar una vida miserable promedio. Tal vez sea mejor dejar de resistirnos a lo que tú y yo sabemos que es mejor.

sábado, 3 de septiembre de 2022

La pelona anda suelta

La pelona anda suelta. Se descontroló. En contra del pronóstico de que cuando están lejos no está cerca y viceversa, la muy desgraciante se hizo presente aquí, allá y acullá a misma vez. Con una barrida muy jodida, se llevó a varios, muy queridos unos, igual de impactantes otros. La dinámica de reunirse en el duelo para la reflexión se vio interrumpida por la nueva noticia, y así iba. Así que, en medio del sacudón y sus réplicas, no ha habido tiempo de aprender ni un poquito de aquello que supone la peor pérdida y que debe brindar el mayor aprendizaje de todos: la muerte.

miércoles, 25 de mayo de 2022

Descreídos

Al parecer, cuando al que no creyó se le acaba el camino y no pudo resolver a la manera mecánica, materialista, qué pasará después de morirse, comienza, sin mucho complejo, a preguntarse asuntos sobre la trascendencia. Pareciera que toda la energía que se invirtió en negarse a escuchar, ahora se invierte en tratar de concluir el tema, así como cuando se hace la tarea rapidito antes de la revisión. Es tan común y tan cuento viejo, que se hace previsible —aunque el sujeto no lo manifieste—. Es en esos momentos de posible recta final que la pregunta ancestral del miedo se hace presente hasta para el más pintado, incluyendo a quien escribió libros y dio conferencias rabiosas en contra, lo que entonces pareció más meterse con la limosna y no con el santo. Lo cierto es que el abuso del argumento nihilista, ese de explosión irreversible, del de cerrar la puerta, ha impedido escuchar algo distinto a sabiendas de la ignorancia inherente del ser humano. En el trayecto de la historia es ver cómo un tema de tratamiento adolescente llega, a la hora del campanazo de la muerte, a una pared inmensa autoconstruida que niega la propia salvación.

miércoles, 26 de enero de 2022

Desmitificar la muerte

Desmitificar la muerte. Darle su puesto como algo esperado, inevitable. No digamos alegrarnos, pero sí aceptarla de una vez; además de “saber” y hasta decirlo a todo gañote, sentir que es real y que ocurrirá. Quitarle todo ese ribete horrible de drama, oscuridad y zozobra residual tan dañina para los que quedan. No seremos el carapacho que esté en el cajón o encerrado para siempre en la oscuridad. Lo que nos hacía ser nuestro cuerpo ya no estará en el cuerpo, por lo que, independientemente de la creencia, ya no estaremos allí. Muy seguramente estaremos en un sitio en el que no se llora o se tiene emociones, así que si desnudamos la muerte propia, solo queda el drama familiar y el de los allegados. A pesar de los siglos de supuesta evolución de la inteligencia, todavía se conserva intacto el carácter catastrófico de la muerte, que es, al fin y al cabo, la muerte del cuerpo. Tal vez debamos asumir sin complejos el advenimiento de la segunda experiencia súper individual y apretar los puños como si se aproximara la montaña rusa. Tengo la impresión de que como le huimos al tema desde siempre, automáticamente se crea la ilusión de la eternidad de esta vida y, por eso, es que debemos replantear y trabajar en aprovechar el tiempo y las oportunidades que se presenten desde el nacimiento hasta esa partida tan difamada. Desperdiciamos la vida y tememos a la muerte… somos una joya de destinatarios del tremendo regalo que es la existencia.

sábado, 6 de junio de 2020

Sobredosis

El agobio sigue. No puedo quitármelo de encima, de mi cabeza, de mi pecho. Ya olvidé a cuántas cosas le debo este sobresalto, estas palpitaciones incesantes esta niebla en la vista. Ya me cansé de ver por la ventana, de salir a caminar por sitios lindos y frescos, de recibir visitas bienintencionadas repletas de consejos sabios… todo eso mientras mantengo por dentro el infierno ardiendo. Ya no veo, no escucho, ya no recuerdo qué estímulos me producen una sonrisa, y cuando logro verme al espejo lo que distingo es una horrible morisqueta que simula ser vida. Déjame ir ahorita a mi rincón de siempre, donde adormezco todo, donde la mente se detiene y el ruido amaina por algunas horas; donde los recuerdos felices pasan flotando en cintas de colores mientras agrego moretones a mis brazos, a mi alma. Quédate tranquilo y no te alarmes de nuevo por mis lágrimas que todo está controlado. Sin embargo, si no vuelvo, es porque tal vez sobrevino el accidente.

viernes, 22 de noviembre de 2019

Química que apesta a muerte

Siento bullir las toxinas en mi cuerpo. Siento revolverse la calma de mis vísceras y convertirse en caos. No tardan en asistir a este aquelarre del fracaso, el dolor, el entumecimiento, el mareo. En medio de mi rutina cotidiana de mejorar, de superarme, de superar a otros, de superar a la vida misma, llegó la visita que me contaban inexorable. Sumido entre los planes, los mapas del tesoro, los álbumes de fracaso, me agarró este retortijón de tripas que me grita en la cara que ya basta, que no se puede más, que deje de hacer lo que estoy haciendo y me recueste, al fin, en el espaldar. No demora mucho en aparecer cierto hormigueo en las manos, el conocido desmayo parcial que tan bien sé disimular, el palpitar de las arterias hartas de tanta exigencia. Siento el desfile de porquerías por la sangre, la amargura en el tubo digestivo, el temblor en las manos y la parálisis ante la tarea pendiente del momento. Justamente hoy, que tenía esta entrega importante; justamente hoy, que se abre una puerta al bienestar soñado, siento que mi cuerpo se fríe en su propio sudor. 

martes, 3 de septiembre de 2019

Muere el viejo sistema

Por ahí anda el viejo sistema, en sus últimos estertores. Pero lo disimula tan bien que muchos creen que todavía queda para rato. Yo, sin embargo, he visto algo del trasfondo y creo que está agonizando. Sigue la fiesta a la vista de todos. Las luces, los inventos, los aspavientos, los anuncios de un progreso que nunca llega a la mayoría, sino en forma de juguetes que no se comparten y que son los payasos que distraen. El egoísmo comanda el derrumbe. El truco de borrar el “nosotros” e instaurar el “yo solito” ha dado resultado durante décadas, durante siglos, pero cada paso adelante ha quitado una pata a la mesa y está por venirse abajo. Si quieren evidencia, solo miren los recursos del planeta; cada vez hay menos para más gente y los ilusos, enceguecidos por  mensajes embusteros, siguen mirando el dedo de los todopoderosos que los guían, pero no logran ver a lo que apuntan realmente. ¿Qué no verás la caída? Tal vez. ¿Qué eso es problema de quienes vengan al mundo luego? Muy posible. En ese caso, tu elección parece sagaz, pero te comparas con un animal de corral, inconsciente, vendiendo tu energía vital muy barata, parado de espaldas a la vida… a esa verdadera manera de vivir, que yace latente debajo de tanta basura, y que saldrá de su tumba aparente para reclamar lo suyo a su tiempo.

viernes, 2 de agosto de 2019

No es cuento

Nací yo. Murió mi tío. Nació mi hermano, nació mi hermano. Murió mi bisabuela. Nació mi hermana. Nació el vecino. Murió mi tía. Murió mi tía. Nació mi prima. Murió mi vecino. Murió mi hermana. Nació mi primo. Murió mi tía. Nació mi hijo. Nació mi hija. Murió mi primo. Murió mi padre. Murió mi compañero. Nació mi vecina. Nació el vecino. Nació mi primo. Murió mi suegro. Murió mi abuela. Nació mi sobrino. Nació mi sobrino. Nació mi primo. Murió mi amigo. Murió mi tía. Muy seguramente, porque así parece, yo también moriré. No es cuento: estamos de paso. Todo, sin excepción, es temporal. Abre los ojos.

lunes, 1 de julio de 2019

Creo que te vas

Veo tus ojos llenos de lágrimas, pero tu boca muestra una sonrisa que derrama felicidad, agradecimiento, despedida. Contemplas por la ventana las luces infantiles de la tarde en rojo y naranja. A veces bajas la vista, como para terminar de digerir lo que tus ojos se apresuran a recoger, como para pensar en algo. Sin que lo sepas, te veo mirarme fijamente, recorrer la casa. Caminas por el patio, como grabando en tu cabeza las últimas fotografías. Hace rato saliste a la calle, frente a la casa, saludando a los vecinos sin hablar, solo con tus manos viejas, tan experimentadas en las caricias y en nuestra orientación como en el trabajo duro. No me has dicho nada, pero creo que te vas. Creo que nos dejas. No forzaré la barra para saber, porque nunca sirve de tanto. Te sentaste hace un ratico en tu mecedora ya quieta, de espaldas a este rincón, a seguir mirando cómo baja el sol, cómo se apaga el día. En medio de mi respiración recortada, ya no tengo dudas: estás diciendo adiós sin decirlo con los labios ni con los ojos, sino con tu pose cada vez menos temblorosa de “listo para el viaje”. Bueno, viejo, ni modo, ya tus manos descansan: nos vemos más tarde.

viernes, 3 de mayo de 2019

Conjugar la muerte

Yo moriré, tú morirás, él morirá, toditos moriremos, vosotros moriréis, ellos morirán. Dicen que hasta los niños lo saben, que todos lo sabemos. Pero desde aquí no parece que “sepamos” un carajo. Cuando llega la muerte de alguno de nosotros, el convocado hará el berrinche al que tiene derecho y, con el drama acorde a la percepción de su sentencia, llegará la tristeza y se sentará a su lado por un rato, hasta saber si es una parada interesante o es el final del recorrido. Parece normal, parece lógico, parece necesario. Habría que ver si el paseo pareció aburrido, pero justo a la salida, nos quejamos de lo rápido que fue y reclamamos un rato más. Tal vez el paseo no fue tan aburrido como lo expresó el indiciado. Tal vez durante el paseo se omitieron las atracciones especiales. Tal vez el paseo fue desperdiciado, y ahora, como carajitos malcriados nos dimos cuenta así de tarde. ¿Y tú? ¿Qué tal tu paseo?

lunes, 22 de abril de 2019

Rebote glorioso

Desde lejos, desde mi asiento de ignorancia, se nota como si quienes pasan por una crisis cercana a la muerte, al sobrevivir muestran un cambio dramático y positivo en la manera de pensar, de actuar, de vivir. Pareciera que examinan, repentinamente, la posibilidad inminente de que todo esto se va a acabar y parece como que todo se les quiebra por dentro y se vuelve a reconfigurar con frescura, con sencillez, con tranquilidad. Pareciera también, desde este escondite, que cuando estuvieron cerca de aquello tan grande que es el fin de la vida, no tuvieron más remedio que sentir la pequeñez y la impotencia, la humildad que nunca experimentaron antes por iniciativa propia. Es impactante poder conversar con quien fue hasta el borde y se devolvió renovado, replanteando cada detalle del resto del tiempo que les queda. Es tan notorio y admirable el cambio que, viéndote a aquí, jodiendo a tus anchas y echando vaina hasta el cansancio, mira, casi que te deseo una desgracia.

sábado, 20 de abril de 2019

Perro viejo late echao

Perro viejo late echao, sentencio hoy con firmeza. Después de decenas de años pelando la bola, equivocándome casi intencionalmente, aprendiendo a los carajazos. Después de la dulce y confusa niñez, de la adolescencia apasionada y combativa, de la adultez temprana que no es adultez nada, estoy a treinta años de distancia de cualquier edad titubeante… echao.
Echao, mirando todo el mundo reciente que pasa ante mis ojos repetidos varias veces. Echao, viendo que a pesar de que la tecnología avanza a paso acelerado, los seres humanos no tienen cómo aprovechar las vivencias ancestrales para avanzar y ser mejores cada vez. Con algo de susto y pesimismo, desde este asiento ya viejo, me parece ver que las esperanzas, las idolatrías y los errores se repiten con exactitud pavorosa. Echao aquí, sin embargo gozando con cierto morbo de mi facilidad para desechar lo que antes me hacía soñar y también de disfrutar infinitamente de los detalles imperceptibles durante mi pasado brincón. Echao, disfrutando de mi presente de corto futuro, de cada episodio del paisaje, de esos parajes que solo ahora muestran su capacidad de mostrar más que poses para postales. Echao, ya sintiendo que el carapacho que me transporta y soporta no quiere caminar mucho más, exponerse mucho más, si no es a algo de sol en las mañanas y a las estrellas en las noches. Afortunadamente, ya no tengo miedo. Hoy, usando este sobrero que antes me daba vergüenza y con estos zapatos que a mi nieta le daban risa, tampoco siento el pavor de antaño en dejar ir este cuerpo. He aprendido a estar tranquilo con la idea del fin de la vida porque ahora sí creo que, de alguna manera, seguiré estando por aquí.