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martes, 7 de abril de 2020

Dios te provea tu burbuja

Dios te provea de tu burbuja, esa que buscas desesperadamente. Que el cielo deje caer sobre ti tu corral trancado por dentro. Que el poder infinito del universo conspire para que obtengas ese sitial bien apartado de los demás, bien arriba, con excelente vista, para que tu escasez de herramientas no atente contra tus bienestares soñados. Ojalá algún poder, manquesea mediano o dudoso, intervenga y te rodee de comodidades y no te deje salir de ellas al mundo exterior, al mundo real, a eso que tanto le huyes, desprecias y malogras a tu paso. Ojalá se te dé, mijo, porque si te veo en la calle, te parto la cara.

martes, 5 de noviembre de 2019

El tiempo de Dios es perfecto... ¿o no?

El tiempo de Dios es perfecto. La frase se usa mucho, según he visto. A veces parece una justificación ante la adversidad prolongada o ante la llegada de lo que pudiéramos llamar “justicia”. Pero a veces pareciera una sentencia acorde a lo que ocurre, ajustada a lo que deberíamos esperar. En ocasiones, aparenta exacta sincronicidad entre la espera y la llegada de aquello necesario. En ocasiones, parece el anuncio del premio después del recorrido. Es como que si ocurriera de otro modo, estaría mal, sería inoportuno, habría fallado la experiencia. No se podría saber el criterio usado por quien diseña un universo, pero seguramente ese diseño comprende un equilibrio lento −aunque demoledor− en sus acontecimientos, en un flujo que, aunque resulta lógico en retrospectiva, es harto difícil de entender por nuestra mente brillante y entrenada, porque es que… sigue siendo muy pequeña para entender las grandes cosas.

sábado, 13 de julio de 2019

Actúa como si no hubiese Dios

Actúa como si no hubiera Dios. Actúa amorosamente, como si no existiese dios que lo haga por ti ni por nadie. Haz lo que debas hacer según tu conciencia, pero hazlo. Levántate y anda. Piensa que te quedaste solo, entre nosotros, y solo tienes tu bondad para salvarte. Acércate a tu familia, comparte con tus amigos y tus compañeros; sonríe y ayuda a los desconocidos. Atrévete a sentir que ninguno de ellos tiene a quién recurrir y tiéndele tu mano. Date un chance… Actúa como si no hubiese un dios, y para cuando termine el viaje, tal vez y en poderosa retrospectiva, comiences a sentir que sí lo hay.

jueves, 13 de junio de 2019

Que cualquier dios te bendiga

Entonces hubo un dios amoroso, uno vengativo, uno permisivo, uno alcahueta y otro con barba; todos ellos desfilando en las cabezas de las personas, uno para cada quien, claro, dependiendo de la propia percepción de la divinidad, de la cosa superior, del todo. Personalmente, conocí a un cristiano que afirmaba que su dios le daba permiso para tomarse unas cervecitas. Puede que hasta risa produzca esta afirmación, pero creo que hay que reconocer que, al menos, estuvo dispuesto a decirlo —con desparpajo y todo—, a diferencia de quienes conciben a un “Dios” autoconfeccionado según sus propias medidas, necesidades y conveniencias, y lo tienen bien escondidito donde nadie les pregunte. Y así es como cuando van al culto semanal, cuando el pastor dice “Jehová”, cada uno se concentra en la deidad que fabricó hace algún tiempo y que se podría comportar más como su padre terrenal y no como el creador del universo. La iconografía católica tradicional, la interpretación no discutida de la Palabra, el parecer del pastor o el cura de turno, así como el maquillaje personalísimo que le aplica cada individuo, forman todos juntos un plato tan variado y desvirtuado que quién sabe si, finalmente, cada uno de los que sale del templo el domingo al mediodía lo relaciona con la espiritualidad, con esa conexión íntima y poderosa que a cada uno de nosotros nos gustaría tanto experimentar.