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lunes, 17 de febrero de 2020

Equilibrio sin rebote

Es esa situación escandalosa en la que vivimos sumergidos en un mal, y cuando el sufrimiento no se aguanta más, salimos corriendo con toda nuestra pasión y nuestra gritería hacia la pared de enfrente y nos convertimos facilito en lo que antes criticábamos. Es saltar entre los extremos, entre los opuestos, como un manoteo por reflejo, como si fuésemos simples imbéciles que no sabemos medir las magnitudes, las cualidades, las implicaciones. Ser anti, ser contra, moverse en función de la negación suena a pelea, a revancha, a burda venganza. Es natural, por supuesto, pero hay que ver qué queda de toda esa rabia contenida y luego liberada con semejante rencor. Vivir 500 años de un lado y 500 años del otro no otorga ningún crédito plausible. Es tan rico tener la razón cuando solo se tiene la mitad de la información y el amor necesarios para estar en equilibrio. Es tan placentero como efímero restregarle al otro que estaba muy equivocado y que ahora está sometido, por algún tipo de justicia divina, a nuestro favor, a nuestros dictámenes. Equilibrio es respeto. Equilibrio es paz. Equilibrio es la búsqueda de algún promedio saludable que nos dará el gozo necesario para disfrutar el paisaje completo y evitar las enfermedades tan típicas, repetitivas y vergonzosas por el tiempo que nos quede de vida. El equilibrio no tiene opuesto.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Buscando el equilibrio

Todos buscamos el equilibrio. No importa lo enredado, no importa que parezca lo contrario. Somos el resultado de las fuerzas que contienden en nuestro interior y nos empujan, como aritmética fatal, a actuar como actuamos, a desear como deseamos. No importa quiénes o cómo, de alguna manera actuamos para encontrar ese balance que perdimos hace mucho a manos de quienes nos amaron primero. No importa si con conciencia o sin ella, no importa si laboriosa y sutilmente o a los carajazos, buscan el equilibrio el monje, el drogadicto; el miserable y el acomodado; el preso y el maestro; el bebé y el anciano; el corrupto y el funcionario —cuando no fuesen o mismo—; el que ora y el que maldice. El equilibrio vendría siendo ese estado promedio que nos ayuda a vivir otro día más sin ceder ante la desesperación, ante el agobio, ante el descalabro que resulta evidente y grosero en estos días de decepciones y desesperanzas. Buscar el centro para no irse por el barranco se presenta como la única manera de capear el temporal y ninguno escapamos de eso. La manera como lo hagamos podría darnos la paz, un premio Nobel o mandarnos a la cárcel, el hospital o el cementerio. Lamentablemente, solo pocos lo logran. Desafortunadamente, las herramientas para pendular hacia el otro lado están en escasez. Lapidariamente, quienes si no consigues encontrar las válvulas para dejar salir tus tormentas, lo pagarás con desinfles y explosiones esporádicas que embarrarán al otro, al que te quiere y te acompaña en esta época. Así que… mosca cómo es que buscas tu equilibrio.

miércoles, 5 de junio de 2019

Ganaron mis emociones

Ganaron mis emociones. Después de tanto tratar de hablar por las buenas, de negociar con ellas para poder mantener un equilibrio emocional, fui derrotado por su locura, por su recurrencia, por su inestabilidad. Ya no me queda más remedio que explotar cuando sienta la injusticia, deprimirme cuando me sienta triste y alegrarme por cualquier pendejada. Se acabó el chance que le di a la conciencia profunda de tomar el control sobre mis pensamientos. No habrá consideración posible ante el próximo incidente porque tomaré el arma que tenga a la mano y la blandiré para defenderme como sea, caiga quien caiga. El arrepentimiento ligero y repetido será mi único instrumento cada vez que meta la pata miserablemente, igualito cada vez, porque es que a mí nadie me va a joder. Entonces, poco a poco, con cada explosión, sentiré cómo las glándulas, las vísceras y los órganos, se retuercen y dan lugar a la enfermedad degenerativa e implacable que me da miedo nombrar. ¿Que por qué insisto? Porque es que nadie va a estar por encima de mí y va a hacer lo que le da la gana mientras yo esté aquí. ¿Entendiste?

jueves, 9 de mayo de 2019

Como el agua

El agua no parece tener problemas con nada. Parece obedecer muy bien las reglas que la rigen y con eso le basta. El agua fomenta la vida en el planeta, no porque se lo haya propuesto, sino porque se deja llevar por su naturaleza. El agua solo busca correr hacia abajo. No importa lo intrincado del camino, lo inhóspito que nos parezca, lo temerario de la acción, hará sus cálculos instantáneos y correrá por el sendero que la lleve antes un tanto más abajo. El agua solo tiende a correr, y cuando se estanca es porque las condiciones así lo dictan; ella no tiene problemas con eso, así debe ser. El agua no se apega a la laguna, no se entristece cuando debe dejarla y sigue. El agua no se acostumbra. Si se abre una zanja, comenzará a correr de nuevo porque la gravedad es su ley. Cuando se encuentra con una piedra en su camino, la rodea y continúa su viaje. No se enoja con la piedra, no le reclama su posición, no se presenta como el emisario del diluvio. A diferencia del ser humano, el agua no tiene dignidad ni orgullo porque estos son conceptos mentales de reacción. A diferencia del agua, nosotros nos estancamos por condiciones ficticias y nos embalamos, igualmente, por fuerzas también ficticias, superficiales, embusteras. Tal vez no que queramos ser tan fríos como el agua, pero más vale que vayamos tomando nota de lo que significa buscar el equilibrio… porque nosotros, a diferencia del agua, hemos violado todas las reglas naturales y nos hemos erigido como los destructores del planeta.


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miércoles, 20 de febrero de 2019

Perro equilibrio

Desgraciado el balance que debo mantener para poder dormir en paz. Perro equilibrio que tengo que cuidar para caminar sin miedo. Es un promedio calculado entre altas y bajas de un carrusel que no solicité. Es navegar entre emociones ingobernables que empujan para arriba y luego halan hacia abajo, no se sabe con qué aparente despropósito. Tengo pereza de luchar contra mis problemas apenas aparecen y estos luego forman una ola que se estrella contra mi pecho y me deja tirado en el suelo cada vez, lamentando no haber actuado, como dicen, “correctamente”. Me caen recetas del cielo, prescripciones impelables de las viejas cacatúas, panaceas invencibles de los entendidos en el tema, pero nada: no agarro ánimo. Aunque estoy harto de las sustancias y las personas nocivas, estas son las que saltan a mi lado cuando chasqueo mis dedos. ¿Qué no son buenos? ¿Y quién lo es? No encuentro otras válvulas de escape para lograr el nivel adecuado de silencio, manquesea por un ratico, para evitar reventar por la presión del camino. Que vivo distraído de la realidad, dicen, pero mi realidad parece ser esta, la de correr y correr sin parar, la de cerrar los ojos por un rato, buscando una trinchera para el reposo anhelado, arriesgándome, lo sé, a que se convierta en mi tumba.