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sábado, 20 de junio de 2020

Despertar en la juguetería

El paso por la vida material es parecido a dejar un niño pequeño viviendo en una juguetería. Vas a disfrutar de los juguetes por mucho tiempo, descubriendo uno tras otro, creyendo que son infinitos, hasta que un día descubres que ya no quieres ninguno de los juguetes que otrora te encantaron; que ya no te entretienen, que te cansaste, que todo se convirtió en odiosa rutina… ese podría ser el momento del despertar.

miércoles, 3 de junio de 2020

Amanecí vivo


Hoy amanecí otra vez. Vivo, amanecí, por supuesto. Mi cuerpo caliente y su bostezo me lo volvieron a recordar. Con cobija pal frío y con agua pal calor. Con un poquito más comida de lo necesario en la nevera y la alacena. Recién despierto de un sueño con un amigo muy querido que no veía hace años, pero con quien conversé por un momentico. Mirando el techo, me hago preguntas y este me las responde contundentemente. Sigo con el corazón latiendo. Tengo gente a quien quiero y que me quiere. En una época difícil para la palabra amor, tengo amor. En este encierro, que parece una travesura, un examen de la vida, un test para saber en qué andaba en definitiva, me froto los ojos y haciendo el inventario afectivo correspondiente, resulto ganador por dos cuerpos. No digo sin duda porque la tozudez de la queja no me abandona, lo ingrato no se me quita. Sin embargo, sin duda, el mundo afuera es un circo barato, una mala novela que pareciéramos obligados a leer, a ser su audiencia hipnotizada; a pagar la entrada forzosa. Como resultado de ese descrédito casi repentino de lo que ocurre fuera de mi piel, el mundo interno se derrumba estrepitosamente y hay que recurrir, en la emergencia, a algunos hechos objetivos para caer parados, como el gato. Ante la ridiculez del paisaje, hay que cerrar los ojos un rato y mirar para adentro. Necesario es recurrir al agradecimiento profundo, a quien pueda interesar, por yacer ahora con vida, con la luz del sol invadiendo con su calorcito en medio del frío, con cosas por hacer, con ratos por sentir, con posibilidades claras de mejoría si atino al objetivo correcto y dejo de apuntar a la fantasía, si dejo caer la carcasa que se resquebrajó y que amenaza hoy con dejarme desnudo y por mi cuenta. Tomo el reto, pero callaíto. Acepto el desafío, pero sin drama, en serio. No me quiero poner fastidioso porque sé que la paciencia ajena tiene límite nuevo. Pero todo sea por seguir en esto que muchos llaman lucha. Todo sea por navegar sin forzar la barra, sin pretensiones, usando esta nueva inteligencia que apareció inadvertidamente desde la tranquilidad; porque es que la aritmética me dice que con todo lo que está pasando ahorita afuera y adentro, queda mucho por descubrir a favor, que estoy apenas a mitad del camino y no lo sabía. Porque, de verdad te digo, vivir cualquier infamia en la caminata es mejor que amanecer muerto.

viernes, 22 de noviembre de 2019

La luz de la conciencia

Arrojar luz sobre la oscuridad y apreciar las cosas como realmente son, sin prejuicios, sin especulaciones, sin condicionamientos. Caminar, y en el camino seguir dejando caer rayos de luz sobre cada sitio hacia donde veamos, hacia cada situación por resolver. Eso es la conciencia. Luz que no se acaba, que no tiene fecha de caducidad, que no se apaga. Eso no ocurrirá jamás. Por el contrario y por fortuna, cada candil que se enciende va sumando a la claridad que ya nos venía guiando. Es un torbellino creciente y a favor sentir por primera vez que por ahora seguimos albergando oscuridades y que en algún momento les llegará su oportunidad para desvelarse. Muchos de esos misterios todavía tienen un sentido de existir. No saberlo todo se convierte en el nuevo estado de honestidad desenfadada que permite aceptar y continuar. La ignorancia natural se destapa y nos deja sin complejos, listos para plantearnos cualquier rumbo sin miedo ni resistencias. El brillo deja sin efecto el drama. Todo comienza a tener sentido, un sentido distinto del que conocíamos y lo que antes era una puerta trancada que ahora aparenta dejarnos entrar sin objeciones, sin condiciones, a la luz de la nueva conciencia en crecimiento, a un ritmo distinto, con una óptica inédita que nos reafirma, cada vez, que nuestros párpados siempre estuvieron cerrados… hasta ahora.

jueves, 5 de septiembre de 2019

Amanecí contigo, catira

Qué vaina, catira: amanecí contigo. No recuerdo bien cómo fue que llegué aquí, pero ahora sé que jodí todo lo bueno que me costó levantar durante años. Te veo aún dormida y aunque sé que estábamos claros, no descarto que te ilusiones con este episodio producto de la ligereza. Hace frío. El sol parece desaprobar lo que ocurrió en su ausencia. Solo bastó una simple rabieta en casa. Solo bastó una escaramuza que tenía solución aplicando dos gramos de conciencia, y sin embargo metí todo el tesoro en una bolsa de basura y lo tiré por la ventana. Aquí sigo, casi paralizado, sentado al borde de la cama y con las manos en la cabeza, temiendo que despiertes y comience solo la mitad de la tormenta que se avecina.

viernes, 2 de agosto de 2019

No es cuento

Nací yo. Murió mi tío. Nació mi hermano, nació mi hermano. Murió mi bisabuela. Nació mi hermana. Nació el vecino. Murió mi tía. Murió mi tía. Nació mi prima. Murió mi vecino. Murió mi hermana. Nació mi primo. Murió mi tía. Nació mi hijo. Nació mi hija. Murió mi primo. Murió mi padre. Murió mi compañero. Nació mi vecina. Nació el vecino. Nació mi primo. Murió mi suegro. Murió mi abuela. Nació mi sobrino. Nació mi sobrino. Nació mi primo. Murió mi amigo. Murió mi tía. Muy seguramente, porque así parece, yo también moriré. No es cuento: estamos de paso. Todo, sin excepción, es temporal. Abre los ojos.

martes, 28 de mayo de 2019

Estamos dormidos

Estamos dormidos. Estamos, por decir lo menos, aletargados. Este tipo de anestesia general tan terrible que nos entra por los sentidos y nubla el corazón tiene un poder extraordinario, una efectividad sin precedente a lo largo de los siglos, pero que no se nota cuando se interna en nuestra piel, en nuestras arterias, para quedarse ahí como una mancha de colesterol. Tanto es, que vemos pasar a la belleza enfrente y nuestros ojos no lo notan. Tanto es, que si escuchamos algo excelso, los oídos no se percatan de tal acontecimiento. Tal es, para colmo, que si sentimos algo profundamente satisfactorio, salimos corriendo como venados ignorantes sintiendo el pecado. Ya basta de tanto desvirtuar lo puro y ridiculizarlo. Ya basta de fabricar soldados para el consumo para quienes nos ganaron en mediocridad por falta de afecto. Es hora de despertar. Ha llegado el momento previo al desastre y tenemos que desactivar el explosivo que llevamos dentro, ese que estallará al detectar la mortandad en nuestros sueños, la falta absoluta de amor en nuestros corazones. Coño, rápido… ¡al menos abre un ojo ahí, pana!

miércoles, 3 de abril de 2019

Gritando desde el encierro

Gritando desde dentro de un frasco. Así me siento. Corriendo y golpeando de un lado a otro las paredes de un recipiente gigante que no deja salir mi voz, mi sentir, mi querer. Es como una pesadilla en la que despierto y ante la terrible evidencia, debo hacer saber a los demás lo que vi por la rendija del sueño: lo inevitable, lo que comienza a derrumbarse sobre nosotros, dentro de nosotros, sin nadie que lo pare porque estamos en esta fiesta loca, ciega y sorda. Al menos, según he visto, no soy el único que grita. Alrededor he podido ver a otros que han despertado y quieren entregar el mismo mensaje de liberación.