“¿Cómo te sientes?” ha de producir la respuesta final a cómo nos va en nuestro camino. No importa dónde naciste o creciste, no importa quiénes te criaron o dónde estudiaste. No importan tus creencias, tu estatus social, el mantra que usas o lo que le repites a todo el mundo todos los días: si la respuesta honesta no es “bien”, es posible que te nos hayas unido sin saber en este extravío que produce la falta de propósito, por muy sencillo que este pueda ser. Haberte tragado todas las medias verdades que encontraste al andar ya no da para anochecer y dormir tranquilo, para disfrutar estar solo de vez en cuando, para que tu cuerpo no se queje de cómo has llegado a ser.
Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
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miércoles, 16 de marzo de 2022
lunes, 10 de febrero de 2020
Quiero sentir en lugar de saber
Quiero
sentir en lugar de saber. Quiero la caricia en lugar de la explicación. Quiero,
de una vez, devolver el análisis y la síntesis y que me den de nuevo mi
capacidad de percibir la benevolencia de la vida. Quiero poder mirar lo que me
rodea y, en lugar de sacar una foto escrutadora que haga comparaciones con mi
base de datos, percibir con agrado o aceptación lo que hay detrás. Quiero dejar
de juzgar, de poner en una categoría lo que se me atraviese por delante y
seguir caminando como si nada. Quiero dejar de etiquetar a los demás porque me
pierdo sentir la admiración que mi ignorancia me obstaculiza; quiero poder
mirar a los ojos del prójimo y leer de buena fuente “lo que se trae”. Quiero saborear
que ahorita mismo no tengo problemas que me impidan tomarme un café con un
amigo o recostarme tranquilo a dormitar sin sentir que está prohibido… ¿Y
después? Ya veremos después, pero no quiero seguir quemando mis días pensando
en el día siguiente para tarde darme cuenta de que cometí un crimen continuado
e irreparable contra el mejor regalo que he recibido.
domingo, 27 de octubre de 2019
Déjame sentir el futuro
Déjame
ver el futuro. Déjame mirar hacia adelante con la claridad y el color que
siempre soñé. Déjame gozar del sol del amanecer de ahora en adelante; sentir el
calor en la piel y sentirme parte de algo mayor, de algo a lo que pertenezco
desde antes, desde siempre… algo a lo que no soy ajeno, pero que hasta ahora ha
estado vedado para mí. Déjame caminar sin estudiar el rumbo, sin calcular el
destino, sin atascarme en los riesgos. Déjame probar qué se siente saberme
capaz después de haber probado la derrota por un rato. Déjame andar solo,
libre, expuesto; responder al cada desafío con el extraordinario instinto que tengo
como aliado. Puedo, ahora mismo, recoger lo que necesito para el viaje, y con
tu bendición, comenzar a escribir mi propio relato, mi propia aventura. No te
opongas y anda: échame la bendición.
martes, 28 de mayo de 2019
Estamos dormidos
Estamos
dormidos. Estamos, por decir lo menos, aletargados. Este tipo de anestesia
general tan terrible que nos entra por los sentidos y nubla el corazón tiene un
poder extraordinario, una efectividad sin precedente a lo largo de los siglos,
pero que no se nota cuando se interna en nuestra piel, en nuestras arterias,
para quedarse ahí como una mancha de colesterol. Tanto es, que vemos pasar a la
belleza enfrente y nuestros ojos no lo notan. Tanto es, que si escuchamos algo
excelso, los oídos no se percatan de tal acontecimiento. Tal es, para colmo, que
si sentimos algo profundamente satisfactorio, salimos corriendo como venados
ignorantes sintiendo el pecado. Ya basta de tanto desvirtuar lo puro y
ridiculizarlo. Ya basta de fabricar soldados para el consumo para quienes nos
ganaron en mediocridad por falta de afecto. Es hora de despertar. Ha llegado el
momento previo al desastre y tenemos que desactivar el explosivo que llevamos
dentro, ese que estallará al detectar la mortandad en nuestros sueños, la falta
absoluta de amor en nuestros corazones. Coño, rápido… ¡al menos abre un ojo ahí,
pana!
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