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martes, 24 de marzo de 2026

Trozos de verdad

Recogiendo pequeñas verdades, casuales verdades para crear mi versión de la verdad. Verdades parciales que no aguantan examen, pero cuyas motivaciones son material válido para mi insumo. Microverdades sumergidas a veces en un pozo de absurdos inaguantables que dejan ver su asidero convincente. Así voy, pues, recogiendo retazos, piezas de rompecabezas que espero que en algo se parezcan o se acerquen a eso que podría ser una verdad objetiva, absoluta. Espero que tomar este camino me resulte menos doloroso que ignorar lo relativo de mis preferencias adoptadas.

domingo, 29 de septiembre de 2024

¿Falacia la realidad?

Ya tiene que ser verdad. Ya no me cuadra nada. Todo debe ser causado por el desbarrancamiento. Los pensamientos y criterios se basan en premisas falsas que redondean nuestra idea deseada, anhelada, ideal. La resistencia ante la realidad nos repleta el discurso de falacias. En las conversaciones, si estás medianamente de acuerdo conmigo o te caigo bien, vamos a atropellar las verdades a gusto y nos despediremos después de un rato con el abrazo de quienes están en lo cierto, ¡porque es que nuestro interlocutor lo confirmó! Por el otro lado, si soy tu crítico, me caes mal o piensas distinto, te voy a atacar a mansalva, incluso si estás en un momento de iluminación perfecta. En ambos casos, estaríamos de acuerdo en que la pasión, el gusto y el disgusto gobiernan el momento, pero si nos sentásemos a conversar de la manera más objetiva y responsable posible, encontraríamos una falacia cada dos o tres de nuestras frases. Ese discurso, que nos permite navegar en estas aguas difíciles de la historia, requiere ser flexible, acomodaticio, altamente autoembustero. Porque si nos bajásemos solo par de horas de este carrusel de metales, piedras e ilusión, nos volveríamos bastante locos y querríamos, con mucha razón, volver a nuestro garabato filosófico, ese que nos costó tanto armar a fuerza de recetas ajenas, de métodos aprendidos y de indefiniciones salvadoras, es decir, volver rapidito a ser aquellos que deban sobrevivir a esta locura de planteamiento de vida.

martes, 5 de diciembre de 2023

Las palabras esconden la verdad

Las palabras esconden la verdad. Las palabras tratan de representar la verdad, pero nunca podrán porque la única manera de saber la verdad es vivirla, no escucharla, no leerla, tampoco es repetir las palabras. Desde hace mucho tiempo, cuando llegamos a crear el lenguaje, se creó también la idea de las cosas, la imagen mental de la realidad que vendría, poco a poco, a sustituirla. Por muy detallada que sea nuestra narración, contar una experiencia —con lágrimas, con sobresalto, con emoción— a alguien nunca llegará a ser igual a la experiencia misma. Ilusamente, queremos convencer a los demás de lo que decimos, pero esto es solo lo que decimos. Incluso, si tuviésemos la verdad en nuestras manos, la única manera en la que se nos ocurriría para proporcionársela a los demás es con palabras de nuestros labios, en un papel, y el otro solo captará sonidos, verá símbolos y se hará su propia idea usando el filtro de su percepción. Las palabras, por su insuficiencia y su imperfección, solo llegan a ser el lente roto o sucio mediante el cual vemos la realidad. Las palabras parece ser, en últimas, las creadoras de las versiones de la realidad de la que cada uno es esclavo.

lunes, 23 de mayo de 2022

Mi verdad resultó creencia

Mirando alrededor, revisando historias, comparando resultados e identificando incoherencias, mi opinión hasta ese el momento se debilitó hasta desaparecer ante mis ojos y me vi de repente entre un grupo de gente que predica y no practica, de esos que dan con una muy honesta conclusión que nunca llega a hechos concretos que produzcan la felicidad. Descubrí que mi verdad era solo mi creencia. Sin embargo, y por sobre esa reflexión, no tengo nada mejor en qué creer y tal parece que así seguiré, escudriñando, tejiendo mi propio criterio, pero esta vez sabiendo que tengo una opción entre muchas, un instrumento conveniente para sentirme bien conmigo mismo, una puerta abierta al respeto a los demás. Tal vez sea un alivio saber que mi creencia no tiene el peso agotador de la verdad absoluta, pero que sí me produce un bienestar digno de mis necesidades particulares y que me traerá esa felicidad siempre tan escurridiza.

martes, 25 de febrero de 2020

Verdad que no

La verdad parece no ser nunca un punto de llegada. Parece, por sus apariciones fantasmales, un punto de partida. De hecho, creo que todas las mentiras surgen a partir de una verdad. Alguien, en algún momento, te va a decir su verdad, alguna verdad, la verdad del momento. Honesta o no, uno siempre le saca el cuerpo a la verdad ajena porque siempre “la verdad es relativa y a mí no me van a venir a alienar con cosas de otros”. En el camino uno se va enterando que uno también ha construido una verdad que decirles a los demás, y que lamentablemente estos no se la tragan tan fácilmente. La verdad no parece verdad porque suena a mentira, a disgusto, a imposición de alguien que no nos cae bien. Es como esas nubes que nadie se atreve a pintar porque parecen falsas aunque estén en el cielo, a la vista. Pero uno se puede poner a reflexionar un poco sobre el tema y notar que cada verdad peregrina que se nos vende podría apuntar eventualmente a la verdad absoluta, a lo finalmente verdadero, aunque se plantee hasta de forma jocosa o necia. Tal vez, al momento de nuestra partida no podríamos afirmar que fuimos engañados, que nunca se nos dijo la verdad, que nuestra ceguera fue totalmente inocente. Quizás, en ese momento de absoluta honestidad, debamos admitir que siempre supimos de muchas y repetidas aproximaciones a la verdad, pero no estuvimos abiertos, no estuvimos disponibles para ella solo porque no nos dio la gana y preferimos seguir adelante con nuestra sonrisa temblorosa.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Rituales...

Rituales. Estorban mi visión. No dejan ver lo que realmente está detrás. Normalmente hay una realidad, una verdad detrás de ellos, pero con tanto brinco y repetición no me dejan saber cuál es. Rituales. Anclas que sirven para enganchar la verdad a un relato, a una actividad, a una señal, que permitan que la resolución de las situaciones llegue sin mucha comprensión, y parezcan algo así como milagroso. Si hay un orden superior, si hay una conciencia profunda, si hay un Dios amoroso, la verdad es que con tus malabares, con tus manipulaciones y tus entusiasmos alocados, no me los dejas ver… no me los dejas reconocer. Es por esto que te voy a pedir, muy encarecidamente, que te alejes por un rato y me dejes solo, en silencio, para ver si sacudo tus monerías de mi cabeza y comienzo a mirar las grandezas que la vida me tiene deparadas antes de que vuelvas a robar mi atención.

lunes, 7 de octubre de 2019

Lo que te digo es verdad

Lo que te digo es verdad. Si no me crees, ese vendría siendo tu problema. Lo que digo, te repito, es la verdad. Si no lo crees, es tu decisión soberana, pero no me arrastres en medio de tu incredulidad. Imagina por un momento que lo que digo sí es verdad y que estás haciendo el papelón de tu vida. Imagina que solo te narro lo que ocurrió y que con tu insistencia solo estás fabricando más estupideces. No tengo pruebas, no tengo testigos y a veces no tengo palabras, pero nada de eso me convierte en mentiroso, en quien pensó engañarte para pasar agachado en esta situación. Si te han engañado, es tu experiencia. Si se han burlado de ti, ese no fui yo. No tengo cómo castigarte, cómo vengarme de este abuso que ejerces con la mayor de las altanerías; de hecho, no quiero hacerlo. Desde aquí pareces ser una pobre víctima con historias de engaños e inseguridades que te han traído hasta aquí, ahora mismo, a joderme el rato.

jueves, 22 de agosto de 2019

Frágil verdad

La fragilidad de la verdad radica en que a veces llega a nosotros por la vía de otro ser humano. Alguien igual de perdido que yo me va a decir cómo salvarme, aunque él este lejos de salvarse todavía. Alguien con mi misma limitación para entender las grandezas del universo se sentará enfrente de mí y me contará cómo es que son las cosas. Alguien con mis mismas debilidades y un poco más de miedo me dirá cuál es el camino. La esencia se deforma cuando se le aplica el relato apasionado y convencido de un interlocutor restringido por sus vicios y sus propias y específicas experiencias. Por eso no me agrada mucho el sutil cuestionamiento que practicas cada vez que vienes a mi casa. Por eso es que no me gusta nada cuando, todo enredado y entre divagaciones, al final confiesas que solo quieres que me convierta en ti.

domingo, 23 de junio de 2019

¿Cómo te lo vendo?

Si un buen día amaneces con la verdad en las manos, ¿qué harías con ese tesoro invaluable? Si al despertar sientes que encontraste la puerta inequívoca a la felicidad y recibes el mandato de compartirla,  ¿cómo la ofrecerías al mundo? ¿Irías puerta por puerta, con la alegría del caso a dejarla en cada hogar? ¿La anunciarías a todo gañote en las plazas de la ciudad? ¿Perseguirías insistentemente a los transeúntes para que la acepten? ¿Le caerías a librazos a los demás hasta que entiendan que están equivocados? En último término, ¿amenazarías con el sufrimiento eterno para ver si al fin te prestan atención? Como gesto atrevido, pero que pretende ser humilde, te aconsejaría que simplemente vivas esa verdad plenamente en tu entorno cotidiano y dejes ver a los demás por una rendija la posibilidad de vivir esa verdad que acabas de conocer. Puede ser que dando el ejemplo de felicidad te presten atención y, tal vez, después se te unan espontáneamente, sin librazos ni amenazas, por convicción auténtica. Podría ser que, si haces bien la tarea, puedas demostrar sin esfuerzo la bondad que hay en esa verdad… así como lo hacen unos buenos amigos míos.

jueves, 20 de junio de 2019

¿La verdaíta? no

La verdad es. Solo eso: es. Sin adjetivos, sin parámetros, sin influencias, sin presiones, sin dueño. A la verdad no le importa que no creas en ella, que no confíes, que no te guste, que “debería ser de otro manera”. A la verdad no le importa la historia, las repeticiones, las estadísticas ni ninguna de esas farsas que pretenden modelarla, meterla en una vitrina y ponerla en rigurosa exhibición. La verdad es. No se pone brava, contenta o triste. Ella simplemente te espera si apuro en la bajaíta y se muestra tal como es, sin pretensiones, sin poses, sin mentiras, claro, sin todo eso que tú sí usas para defenderte de ella. Por eso, por tu resistencia a su presencia, por tu terquedad, por tu necedad incalculable y por eso que te dio por llamar “mala suerte”, es que te salen esos fantasmas raros de tu propia manufactura.

lunes, 8 de abril de 2019

Mi poquito es mejor que el tuyo

Yo sé solo un poco de lo que se puede saber. Tú también sabes solo un poco de lo que se puede saber. Es comprensible que no todo lo que ocurre en el universo pueda ser entendido por nuestros cerebros, pequeños receptáculos, prejuiciados recipientes, condicionados envases. Pero mi poquito es más importante que el tuyo y lo voy regando por todo el mundo sin duda alguna. Las revistas me mencionan, las pantallas me celebran como un mensajero casi divino de lo que se debe escuchar para que la audiencia encuentre el rumbo correcto de sus vidas. Hasta una película hicieron sobre lo arrecho que soy. Mi poquito ha desbordado los límites del encierro, del aislamiento, de la segregación, para convertirse en la nueva realidad universal. Lo que sí estoy claro ahora, después de darle vuelta al asunto, sentado y sin zapatos, con un trago en la mano, es que nadie sospecha que es solo un poquito lo que ha sido congratulado y magnificado hasta el hartazgo y no el poquito de todos ellos.

lunes, 4 de febrero de 2019

Esto no es una manzana

Esto no es una manzana: es la imagen de una manzana. Usted no se la puede comer. Y así, como esto no es una manzana, una imagen de yeso no es un dios, una casa bonita no es un hogar y una paca de billetes no es la felicidad. Nos encantan los apuntadores, las señales, los medios. Y en ese paseíto tan entretenido, se nos olvidan los fines, los objetivos, los llegaderos. Distraídos, como somos, no terminamos de cruzar el río, sino que nos quedamos matando a los cocodrilos… para siempre. Y como medio no es fin, sin darnos cuenta nos quedamos dando vueltas en la ilusión de que avanzamos. Entre espejitos y luces de colores nos hacemos los locos, como si la magia engañosa no fuese a terminar nunca. De pronto un día, entre la locura y los desvaríos de la escasez final, nos sorprendemos abrazados a una estatuilla, en una casa vacía y dándole un mordisco a la foto de una fruta.

martes, 29 de enero de 2019

Ya tengo la verdad

Listo. Ya sé cuanto necesitaba saber para estar cómodo. A estas alturas, con todas las pruebas que la vida me deparó, y a las que salí al paso gallardamente, ningún pendejo me podrá porfiar en tema alguno. Ya llegué a una especie de modelo matemático que contiene las respuestas posibles a todas y cada una de las preguntas y situaciones que me salgan al paso. Se puede decir que sé la verdad y eso no es poca cosa, mi amigo. No se trata de mi interpretación de la vida ni de sus mensajes: claro que es la mera verdad. Mi etapa de aprendizaje ya finalizó con éxito y ahora solo me dedicaré a pregonar mis logros y mis sólidos puntos de vista como la maravilla que son, y chico, mala suerte a quien no me quiera entender o prestar atención. De más está decirte que no perderé tiempo en eso de escuchar a los demás… ¿Para qué? ¿Para que me vengan con sus “pareceres” o llantenes fastidiosos, con eso de que la verdad es relativa y la paja subsiguiente? Qué va. Ya yo no me equivoco y esa es una de las equivocaciones que no volveré a cometer en la vida.