Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
martes, 31 de marzo de 2020
¿No es cierto, Doctor?
lunes, 30 de marzo de 2020
A medio camino
domingo, 29 de marzo de 2020
Fantasía herida
Quisiera
que el tigre no despedazara al venado para comer. Quisiera que el león no
matara las crías del león anterior al llegar a una nueva manada. Quisiera que
no lloviera cuando tengo cosas por hacer. Quisiera que mi perro durara treinta
años para no sufrir su partida. Quisiera que nadie me mintiera. Quisiera que
nunca llegue mi muerte ni la de mis seres queridos. Yo quisiera, claro.
Quisiera con todas mis fuerzas. Pero resulta que la vida no se comporta como yo
quisiera, sino como es. Mis quisieras son como mi pecho apostado recibiendo
carajazos a mansalva porque no digiero de qué se trata todo esto, cómo es que
funciona este asunto. Y así voy, forzando la fantasía de lo que tengo en la
cabeza y ejerciendo mi hipocresía cuando las cosas “salen mal”, sorprendido,
desconcertado, desconsolado ante lo que ocurrió en la realidad real, lejos de
mis caprichos. “¿Por qué a mí?”, “La vida la tiene agarrada conmigo”. Es
demente pensar que nada, en ningún momento, fallará y causará dolor; pero al parecer, tenemos estampados en la
mente que nuestra vida por delante es un camino “de rosas sin espinas” (como
dice la canción) y nos empeñamos tanto en este espejismo que salimos apaleados,
cada vez, por la misma razón: nuestra fantasía testaruda, nuestra programación
ficticia que produce las mentiras en las que creemos incondicionalmente. Da un
paso hacia atrás y lo verás mejor. Acoge, de una vez por todas, la realidad.
Acepta y fluye. Deja de negarte, de resistir.
sábado, 28 de marzo de 2020
Nada que no fuera el miedo
No fueron
los inventos de dos filos. No fue otra especie. No fueron las pandemias. No fue
nada externo a sí misma lo que exterminó a la raza humana: fue el miedo. En medio
de la ilusión del bienestar, inmersos entre espejismos que llevaron siglos
arduos de trabajo y creatividad malentendida, apareció el demonio en el momento
preciso del autoengaño y se lo llevó todo por delante. No sirvió de nada
llorar, arrodillarse, suplicar. Trancarse durante milenios al amor verdadero engordó
la maldad —voluntaria o no— llevó todos los caminos a un callejón sin salida,
donde nos encontramos todos por última vez para pedirnos disculpas, decirnos
adiós y recibir la sentencia de culpabilidad. El mismo que apretó el botón fue
el perfecto modelo de la civilización actual. El que decidió, en medio del
pavor, ordenar la masacre física, nunca supo lo que fue tener una familia
amorosa esperando en casa; solo miró de lejos en patios ajenos la alegría, los
abrazos, el cariño y el reconocimiento de quienes pudieron haber sido sus maestros,
sus amigos y hasta algunos desconocidos con capacidad de acercarse y hacer por
él lo que cualquiera haría por un ser humano digno. Así que nada: este digno
representante de su multitudinaria comunidad se van pal horno por haber
despreciado el regalo original y se lleva con él a todos los que aplaudimos por
tanto tiempo su payasada disfrazada de gloriosa ocurrencia.
miércoles, 25 de marzo de 2020
Acepta
martes, 24 de marzo de 2020
Sarna con gusto no pica
lunes, 23 de marzo de 2020
¿Adónde nos lleva el rastro?
sábado, 21 de marzo de 2020
Necesito creer
miércoles, 18 de marzo de 2020
¿Corona... qué?
La
chicungunya mata más gente, pero la atención la tiene la gripe china. La
delincuencia mata más, pero la gripe china es el grito. La desidia hospitalaria
mata más, pero esto del coronavirus es algo de película. El hambre y los
accidentes de tránsito matan más, pero vamos a encerrarnos pa que la peste no
nos vea. La ignorancia sobre el funcionamiento del propio cuerpo causa mayor
sufrimiento históricamente, pero no, corramos a comprar papel tualé. La guerra
y las invasiones no publicitadas dejan pedazos de cuerpos y almas regados en el
terreno, pero gastemos el dineral en armas y la disposición del ser humano en
odio y en empresas suicidas. No hay maquinita para medir el efecto de la
indiferencia, pero apuesto sin duda a que mata más gente. Entonces dejémonos de
cuentos, mequetrefe mediático y político, que se te ve la costura. Es por eso y
por mucho más es que sigo parafraseando al diablo aquel: “La hipocresía… mi
pecado favorito”.
lunes, 16 de marzo de 2020
Me duele la mente
viernes, 13 de marzo de 2020
Ahorita no pasa nada
lunes, 9 de marzo de 2020
Amor de a poquito
domingo, 8 de marzo de 2020
Vidas separadas, por favor
sábado, 7 de marzo de 2020
Oh, joven médico...
viernes, 6 de marzo de 2020
Un espacio alrededor de mí
Siento
un espacio alrededor de mí. Es algo nuevo, extraño. No sé si se originó como algo
físico o sicológico, pero ahí está. Es un espacio que me deja moverme, en el
que tengo libertad de acción; tengo a veces la impresión de que esa franja que
me envuelve me da tranquilidad y me protege. Veo cómo las palabras y las
acciones de los demás están más allá de ese espacio, y que la distancia es tal y
tan adecuada que no me afectan, no me desaniman, no me vuelven loco o me ponen
a correr o a llorar. Creo incluso que detrás de esa barrera silenciosa también
han quedado mis lamentos, mis incomodidades, mis tormentos. Cuando veo una
chispa que sale o se acerca a mí, esa zona de seguridad me proporciona antelación
suficiente para observar el fenómeno sin ofuscarme, sin responder a la ligera,
y puedo entonces colocar todo en perspectiva, mirar lo que hay detrás,
identificar y separar la realidad de la ficción para luego responder, si fuese
necesario, en términos pacíficos, constructivos, y aún así, creativos. No sé
cuándo llegó este paréntesis entre yo y mi entorno, entre yo y mi interior,
pero de verdad que estoy infinitamente agradecido.
Con mi parcela no te metas
Nos encanta separar. Nos embriaga desconectar, marginar,
segregar, aislar. “Analizar”, dice el licenciado; delimitar, clasificar,
disgregar, disociar “para estudiar mejor”. Y así dejamos todo: separado,
desconectado, como el niño que juega, se cansa y deja todo regado. Así es como
vemos el mundo al día de hoy, en parcelas, en propiedades, en trozos
irreconciliables, desconectados. El médico del estómago resiente que el médico
de la cabeza le diga qué hacer. El político de un color es enemigo del político
del otro color. El habitante de una latitud es superior al habitante de otra
latitud. Ni hablar de colores. Separados por dentro y por fuera, partidos y
repartidos en pedacitos que originalmente se concebían como una sola cosa, durante
el supuesto avance, como producto del tan cacareado progreso, quedó todo atrapado
en estratos, encarcelado en catálogos, habitando en jaulas irreconciliables
entre sí. No es raro ver ahora, como consecuencia lógica, un mundo en el que
uno debe “marcar la diferencia”, “destacar entre los demás”, “callarle la boca al
vecino”; un mundo de guerras sin sentido para la mayoría, de muerte y
asesinatos interminables; un mundo en el que el pensamiento, las utopías, las
ideologías, la ciencia y la tecnología no dan pie con bola con la solución
última del ser humano, con su felicidad auténtica, porque hace siglos ya de la
separación, de la pérdida de la unidad, del establecimiento del otro como
enemigo por miedo, por egoísmo, por mezquindad y de nuestra identidad interna
partida en roles, en funciones que nos traicionan de alguna manera y convierten
la vida en una costosa y lamentable pantomima.
jueves, 5 de marzo de 2020
Llámame, pero bien.
Llámame
para decirme que estás bien. Llámame esta vez para aclararme que la cosa se
había complicado, pero que te moviste y ahora estás tranquilo. Llámame, chico,
para preguntarme cómo me siento, para ponerle solución al problemita ese del
que sabemos. Llámame a buena hora, en tu mejor momento, para compartir algún
descubrimiento que hiciste durante el día y que te ayudará a resolver muchas de
las cosas que hasta ahora te aquejaban. Llámame para plantearme una duda y una
visita con café. Llámame para algo bueno, o en su defecto, para contarme cómo
es que conservas el entusiasmo y la esperanza en medio de la crisis. Llámame para
proponer, para celebrar, para llorar, si es el caso, pero que sea con la
intención de salir adelante. Si no tienes ahorita ganas de ninguna de estas
llamadas y prefieres conservar tu disfraz de nube gris, por favor, no me
llames.
miércoles, 4 de marzo de 2020
Resistirse a la vida real
Llegó
el ser humano con la pretensión de dominar la vida, de someterla a sus antojos,
de resistirse las leyes que la rigen, ignorando las consecuencias de tal
despropósito, pasando por alto la temporalidad de todo lo que hay en ella: de su
propia salud, de sus propios objetos, de su propia existencia. Fue así, pues, por
la ilusión de dominar lo indómito, de canalizar fuerzas mucho mayores para un
supuesto provecho, que levantó castillos y monumentos sobre el barro, y ante la
inminencia del hundimiento, intenta echarle la culpa a los demás, a lo demás. La
ficción desechó la responsabilidad para siempre. Esa ilusión enceguecedora se
erigió sobre la razón, sobre lo que es como es y seguirá siendo a pesar de los
caprichos, le hará terminar su vida cansado y vencido por ese caudal
todopoderoso, frustrado por no haber logrado la empresa demente de dominar todo
cuanto le rodea, sin haber comprendido que era solo una pequeña parte de algo inmenso,
fluido, perfecto; una partícula minúscula y atrevida, aparentemente inteligente
que siempre falló y seguirá fallando en su cometido.
domingo, 1 de marzo de 2020
¿Una vida consciente? Ojalá.
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