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martes, 31 de marzo de 2020

¿No es cierto, Doctor?

¿Y si todo lo que dijeron siempre era mentira? ¿Y si, en el mejor de los casos, todo era un montón de información inexacta? ¿Qué pasaría contigo ahorita si te enteraras de que muchas de las cosas que tenías como regla dura, como ley, como verdad absoluta estaban montadas sobre una pila de desinformación? “Bañarse después de comer hace daño”, “afeitarse con gripe es peligroso”, “la Autohemoterapia es dañina”, “tomar limón produce acidez” y un largo etc., forman parte de una gigantesca colección de mentiras o al menos de afirmaciones imprecisas, de medias verdades, de pareceres sesgados que fueron pasando enfrente de nosotros y luego tragados a la fuerza… cualquier fuerza. En algún momento la información precisa, el esfuerzo amoroso, el interés desinteresado se convirtió en red de seguridad ajena y desembocó libremente en un ambiente propicio para el engaño, para el truco, para la delincuencia disimulada con visos de conocimiento serio, de autoridad ineludible, de ley absoluta. Ahora todo es patraña y los pillos se ven sorprendidos en su desespero, lanzando manotazos violentos para ver si recuperan su credibilidad pasada, ese sentimiento de protección que nos embargaba cuando visitábamos al profesional o al señor de honroso oficio… ¿no es cierto, Doctor?

sábado, 7 de marzo de 2020

Oh, joven médico...

Oh, joven médico. Comiéndote el mundo, dando en el clavo… primer año sobre ruedas. Oh, joven médico de bata blanca impecable, de saludos altivos por los pasillos, que tanto gozas con los cumplidos, que te regodeas entre tus jóvenes colegas, que llenas tu primera solicitud para comprar vehículo. La universidad ha podido cubrir casi todos los casos de catarros, torceduras y dolores de estómago. Tus ganas de ser el mejor, de cobrar bien, de demostrarles a tus padres que sí valiste la pena, te arrojan a la aventura de la inferencia destemplada, de la adivinanza, de la ligereza cuando examinas a un paciente complicado que te triplica la edad. Una preguntita a tu amigo del consultorio de al lado, una consulta en internet, una corazonada, te hacen echar para adelante ese tratamiento atrevido con el que, tienes la certeza, ganarás el primer trofeo de tu carrera. Pero mirándote de reojo desde aquí, desde la sala de espera y con el televisor de fondo, observo cómo el monstruo de tu ego ya recrecido por tu experiencia incipiente va arrasando con todo lo que pueda significar fracaso, temor, incluso duda. Viniste a mi rincón y me dijiste, con tus estadísticas adolescentes, que lo mío era de por vida, que no me preocupara, que debía tomar esto y aquello hasta el día de mi muerte —que ahora creo que será más pronto que tarde—. Con tu sonrisa profesional casi me convences de que todo estará bien en adelante, si sigo sus indicaciones… “de por vida”.

martes, 3 de septiembre de 2019

¡Respeta al médico, muchacho!

Respeta al médico, muchacho. Al doctor no se le preguntan tonterías. Deja de fastidiar al galeno con dudas irrelevantes, que él estudió su cosa, y aunque no tenga el estetoscopio en las orejas, él tiene razón. Ni le comentes al doctor sobre algo que viste en internet porque se pone bravo. Haz de cuenta que el médico es el chamán de la urbanización y que no puedes poner en duda lo que dicta. El doctor no se equivoca. El doctor no debe ser molestado. El doctor, por su aporte a la sociedad o porque gana más que tú, no debe ser incomodado de ninguna manera, aunque tu afección aumente cada día, aunque tu condición de salud empeore, aunque te parezca que está probando medicinas contigo, aunque ponga esa cara de desconcierto con los resultados de sus muy bien pensados procedimientos y sus muy depuradas técnicas, a pesar de que se empeñe en llamar “medicina alternativa” a la medicina teníamos antes de los inventos farmacológicos, así creas que no sabe quién es Hipócrates. 

miércoles, 14 de agosto de 2019

Quiero médicos catires

Quiero un médico catire. Bueno, cuando menos, uno blanco y de pelo negro que me explique cómo es que funcionan la salud y las medicinas. No quiero negritos, tipos con pinta de indiecito o señoras arrugadas que no estudiaron nada explicándome cosas de salud o bienestar: esa gente no sabe nada. No quiero maticas sancochadas, compresas caseras ni nada que huela a sospecha, a duda, incluso a negligencia de gente iletrada. No. Yo quiero clínica, yo quiero batas blancas, quiero secretaria bonita; yo quiero aire acondicionado y musiquita. No quiero la factura, claro, pero como esa gente es tan bonita y debe saber mucho, qué se le va a hacer… ¡Quítame ese guarapo de enfrente!