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viernes, 6 de marzo de 2020

Un espacio alrededor de mí

Siento un espacio alrededor de mí. Es algo nuevo, extraño. No sé si se originó como algo físico o sicológico, pero ahí está. Es un espacio que me deja moverme, en el que tengo libertad de acción; tengo a veces la impresión de que esa franja que me envuelve me da tranquilidad y me protege. Veo cómo las palabras y las acciones de los demás están más allá de ese espacio, y que la distancia es tal y tan adecuada que no me afectan, no me desaniman, no me vuelven loco o me ponen a correr o a llorar. Creo incluso que detrás de esa barrera silenciosa también han quedado mis lamentos, mis incomodidades, mis tormentos. Cuando veo una chispa que sale o se acerca a mí, esa zona de seguridad me proporciona antelación suficiente para observar el fenómeno sin ofuscarme, sin responder a la ligera, y puedo entonces colocar todo en perspectiva, mirar lo que hay detrás, identificar y separar la realidad de la ficción para luego responder, si fuese necesario, en términos pacíficos, constructivos, y aún así, creativos. No sé cuándo llegó este paréntesis entre yo y mi entorno, entre yo y mi interior, pero de verdad que estoy infinitamente agradecido.

lunes, 15 de julio de 2019

Siento la plenitud acercarse


Siento cómo la plenitud se va posando sobre mí. Percibo cómo se van derrumbando algunas barreras infranqueables hasta ahora. Aprecio cómo ciertas toxicidades del pasado se deshacen sin despedirse. Siento una tranquilidad que inquieta. El ruido del entorno va desapareciendo y comienzo escuchar sonidos desconocidos que me secuestran y me reconfortan. Desde mi silla de siempre, veo cómo lo mismo de todos los días va ganando colores vivos, matices interesantes… es lo mismo, pero visto con ojos nuevos. No sé adonde me llevará esta sensación de desenfado y disfrute, si podría catalogarse de “buena” o “mala”, pero me está alejando del camino que solía tomar para sentir y hacer, y lo que mi ego tanto se resiste con cada vez menos fuerza y en medio de las nuevas luces, es a deshacerme de lo que hasta ahora he amado, de mis modelos y logros, esos que siento que poco a poco se van secando ahí, sin dolor, delante de mí.

miércoles, 10 de julio de 2019

Me gusta la paz, pero prefiero estar contigo

Me gusta la paz, pero prefiero estar contigo. Todo eso del equilibrio y la tranquilidad está muy bien, pero elijo el sobresalto de estar a tu lado. Ya sé que piensas que estoy loco, y está bien, pero me aburro muy fácilmente de la quietud, del paisaje, de compartir siempre lo mismo. Por eso escojo seguir experimentando este sube y baja de estar contigo. Sí me han dicho, sí me han aconsejado, sí me han dibujado el croquis de “lo que me conviene” −si es que eso existe−, pero en todo caso, no estoy preparado. Siento que estoy en mi momento de brincos, gritos y alboroto, y debo reconocer que solo respondo a los estímulos violentos, a la pasión desbordada que reclama derechos a carajazos, pero bueno, mientras llega el tan mentado momento de sentar cabeza, déjame llevar palo por las costillas un rato más.

sábado, 20 de abril de 2019

¡Medítelo bien!

—Ya estoy sentado en esta silla del comedor, que es derecha y me permite tener la espalda recta y así estar alerta. Déjame mirar al frente… ¡No! Mejor con los ojos cerrados, así nada me interrumpirá. A ver… derecho otra vez. “¿Aló? No, nada. ¿Puedes esperar quince minutos? Dale, mi amor. Besito”. Derecho, ojos cerrados, atención al cuerpo. Ahí está mi mano derecha… “¡Coño, que quince minutos te dije! ¡No llames!” Ojos cerrados, respiración consciente, atento si viene un pensamiento… “¿Por qué le dirán respiración consciente, si hasta cuando dormimos respiramos?” ¡Epa! ¡Derecho, ojos cerrados! Alerta a los sonidos sin etiquetar nada… “porque es que uno le pone nombre a todo y esa no es la nota” ¡Qué vaina, contigo! Si aparece un pensamiento, deja que pase: no lo evites. Inspiro… expiro… “¿Bajaría la poceta?” Inspiro… expiro… “Parece que está funcionando, porque no se asoma ningún pensamiento o imagen de los Pokemones echando rayos” ¡Hey! ¡Alerta! ¡En silencio! Déjate llevar por tu cuerpo interno que es la entrada a la conciencia. Siente cómo fluye la energía por tus manos, tus pies, tu pecho, tu abdomen. Ya siento la energía… “¿Energía? ¿Se cargaría el celular?”. Voy a ver. Ya vengo. ¡De verdad que esa silla es dura! ¡Uno no se puede concentrar! Eso de meditar como que es pura paja.