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martes, 15 de septiembre de 2020

Prontuario difícil

Al parecer, soy el campeón en lo que no se debe hacer. Aparentemente, he cometido tantas infracciones que a la hora de enderezar, son incontables los aspectos a corregir, las disculpas a mendigar. Según puedo interpretar de lo que voy encontrando en mi camino a la redención, violé cada norma, infringí cada regla que había en la bajada de mi juventud y que ahora, en esta subida otoñal, debo parchar con tanto esfuerzo, con tal honestidad, que a veces me recuesto a un lado del camino a jadear. Debo reconocer que, por el tamaño de mi prontuario, cuando parezco haber recorrido casi todo el camino correccional, es apenas cuando he logrado la "normalidad" colectiva. No es fácil ser bueno.

lunes, 17 de agosto de 2020

Romanticismo criminal

Romanticismo casi criminal, ese que nos envuelve de vez en cuando y a veces para toda la vida, sintiendo, creyendo y luchando por metas que han demostrado no estar fundamentadas en la realidad, en el sentido común o en el desenvolvimiento de historia de la humanidad. Es una especie de estimación súper optimista, un cálculo que siempre da positivo, que es inmune a la crítica y se basa en una creencia heredada de alguien más, de algo que escuchamos a medias, de una revelación que percibimos algún momento y que ahora forma parte de nuestro libreto de vida o, en algunos casos molestos, solo de la boca para fuera. Pasan las épocas, se aplacan las multitudes otrora elocuentes, altisonantes, definitivas; la pasión se echa en el chinchorro y el bullicio en la mecedora. En una o dos generaciones los cínicos de siempre lograron lo suyo y nos hicieron olvidar con sus pantallas y dispositivos coloridos que una vez fuimos impactados por algo inmenso, poderoso, sagrado. Es ese romanticismo inconsistente, incoherente y perecedero que se nos mete en los huesos y que nos sirve de combustible efectivo, aunque temporal, que nos borra los verdaderos límites del deseo y el esfuerzo humanos, que nos pone a construir estructuras que mueren de mengua durante su misma construcción y cuya ruinas quedan por siglos como evidencia de cierta ridiculez solemne sobre cómo pensamos una vez que podían ser las cosas, ignorando voluntaria e irresponsablemente, las leyes fundamentales de la naturaleza… de nuestra naturaleza.

martes, 31 de marzo de 2020

¿No es cierto, Doctor?

¿Y si todo lo que dijeron siempre era mentira? ¿Y si, en el mejor de los casos, todo era un montón de información inexacta? ¿Qué pasaría contigo ahorita si te enteraras de que muchas de las cosas que tenías como regla dura, como ley, como verdad absoluta estaban montadas sobre una pila de desinformación? “Bañarse después de comer hace daño”, “afeitarse con gripe es peligroso”, “la Autohemoterapia es dañina”, “tomar limón produce acidez” y un largo etc., forman parte de una gigantesca colección de mentiras o al menos de afirmaciones imprecisas, de medias verdades, de pareceres sesgados que fueron pasando enfrente de nosotros y luego tragados a la fuerza… cualquier fuerza. En algún momento la información precisa, el esfuerzo amoroso, el interés desinteresado se convirtió en red de seguridad ajena y desembocó libremente en un ambiente propicio para el engaño, para el truco, para la delincuencia disimulada con visos de conocimiento serio, de autoridad ineludible, de ley absoluta. Ahora todo es patraña y los pillos se ven sorprendidos en su desespero, lanzando manotazos violentos para ver si recuperan su credibilidad pasada, ese sentimiento de protección que nos embargaba cuando visitábamos al profesional o al señor de honroso oficio… ¿no es cierto, Doctor?