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jueves, 10 de marzo de 2022

Separados

Separados. Separados por dentro y luego afuera. Separados durante siglos y sin aparente resolución. Calamidad originaria que define nuestros comportamientos erráticos al no querer comprender que estamos hechos de lo mismo: los mismos miedos, las mismas incertidumbres, la misma necesidad de felicidad. La unidad con la que venimos diseñados de fábrica se va rompiendo eficientemente por los mensajes del entorno: de nuestros buenos padres, de los empeñados maestros, del comercio emprendedor. Es así como terminamos vuelto partes en nuestra cabeza. Partes que se diferencian según la ocasión y que terminan por divorciarse entre ellas y conformar un ser neurótico que no encuentra el camino porque todo lo ve como un espejismo. De allí en adelante, nada puede sorprender: cada una de los habitantes de la mente encuentra afuera un grupo al cual unirse a ratos con la pasión que requiera la ocasión. Así es como construimos afuera lo que llevamos en la cabeza: grupos de gente que aparentan similitudes que producen una separación de los otros que nacen ya divorciados entre sí y que, una vez diferenciados, buscan aplastar al resto, dejando la desolación a su paso, pero ¡no importa!, tenemos un día al año para celebrar esa separación como si fuese algo bueno, digno, incluso conmemorable.

jueves, 1 de octubre de 2020

¿Dormir separados? ¿Tú estás loco?

Dormir juntos es uno de los símbolos por excelencia de la entrega, de compartir. De ahí que las parejas tradicionalmente duerman juntas para demostrar lo cerca que se sienten el uno del otro, lo sólido de su unión. Sin embargo, existen parejas que duermen separados. ¿Dormir separados es acaso una señal de falta de amor, de una relación disfuncional que pronto va terminar? ¿Quién, en su sano juicio, querría entonces dormir separado de la persona que ama?  Bueno... si alguno de los dos ronca, si alguno de los dos chilla, si alguno de los dos necesita dormir con los brazos extendidos, en posición de Superman o lanzando patadas o manazos durante el sueño; o si a alguno de los dos le gusta dormir con la luz prendida, si alguno de los dos le gusta escuchar música mientras duerme, si alguno de los dos se levantan en la madrugada a ver televisión, escuchar la radio o a ver las redes sociales, la verdad no veo porque el otro deba aguantarse todo eso si lo que quiere es dormir. Aguantarse todo eso en nombre del amor, es decir, de un amor que obliga a la tortura, la incomodidad…  eso no se parece mucho al amor que se juraron cuando decidieron vivir juntos. De hecho, dormir separados no significa dejar de hacer el amor, dejar de acariciarse, dejar de ser cariñosos; sólo significa "dejar de dormir juntos". El resto de la vida sigue adelante. Sin dramas, sin ganas de morirse porque todo fracasó y sin predicciones de tragedia. Resultaría fascinante amarse conscientemente, acercarse a darse un cariñito con intención, con ganas cada vez, sin que la cama lo haga obvio e inevitable. Resultaría, incluso mejor que hacerlo, en el peor de los casos, por rutina, porque ya estamos en el cuarto, porque ¿qué se le va a  hacer? ¿No te parece?

domingo, 8 de marzo de 2020

Vidas separadas, por favor

Nuestras vidas, cada una por separado, eran perfectas, como se supone que debían ser. Tus momentos y los míos, cada uno por su lado, vivían cada cosa a su momento preciso, pertinente. Los intentos y fracasos de cada uno iban hilando, a su paso particular, los triunfos que vendrían luego. El universo parecía estar funcionando para ti y para mí como la máquina de equilibrios y ajustes que tanto se menciona. Eran tu vida y la mía, cada una en su carril, una obra maestra de la realidad posible. Pero no. Teníamos que arruinarlo todo. Tuvimos que halar por los pelos esos dos proyectos en marcha ascendente y hacerlos colisionar entre sí. En medio de la pasión y la ilusión transitoria, pero artera, nos enredamos y desmantelamos todo lo que venía formándose hermosamente para dejarlo tirado al lado de la cama. El empeño en que éramos el uno para el otro, el truco mal ejecutado de nuestra unión y unos pocos meses de hartazgo de nuestro amor una vez invencible, bastó para declarar la quiebra de este negocio tan mal concebido. Ahora, con la cojera de un lado, intentamos reiniciar sin mucho éxito lo que un día fue perfecto, pero esta vez con la carga de un fracaso innecesario e inoportuno encima.

viernes, 3 de enero de 2020

Deconstruirnos

Deconstruirnos. Separar todos los ladrillos con los que fuimos conformados. Examinar cada pieza del rompecabezas que somos hoy y mirar nuestras verdades, nuestros miedos, nuestros amores como si viéramos una pizarra mágica y esclarecedora; y después de hacer el inventario correspondiente, desechar las piezas que no sirven, revisar las que no conocíamos hasta hoy y acomodar las fundamentales, las que no pueden cambiarse o regalarse. Sería maravilloso tener un panorama explícito de todo el enredo que nos arropa, de lo poquito que solemos identificar y agradecer, de todo ese mapa de sencillez que no usamos desde niños y que morimos sin haber honrado. Pero la verdad es que no tenemos la capacidad de ver un ladrillo por ningún lado. No aparece pizarra mágica alguna. Todo parece un amasijo de problemas con oxigenaciones esporádicas, con risitas y facturas con fecha de vencimiento. La buena noticia es que sí existen esos ladrillos y sí es posible armar la pizarrita en cuestión… la cosa es que cuesta una bola.