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lunes, 7 de marzo de 2022

No acepto objeciones

Hoy no acepto objeciones. Hoy no. En este breve paréntesis, no estoy dispuesto a negociar en desventaja. En esta, tan recortada vacación, solo fluiré a mi favor. Trataré, por encima de la culpa habitual, de rayar en el capricho y hacer solo las cosas que quiera hacer de las maneras que prefiera. Así aprovecho y examino los presuntos compromiso y benevolencia del entorno que me han quitado el sueño en estas noches. Lejos de ser un ejercicio reprochable de egoísmo, esta decisión obedece más a inquietudes de salud mental y hasta física. Pasará el día entero y, en la noche, a la hora de dormir, evaluaré cómo me fue y sabré si estuvo bueno el ejercicio o no… aunque sospecho que me sentiré a gusto con esta iniciativa que pretende, darme finalmente una oportunidad para la paz y que por fin se hace en mi honor.

martes, 22 de septiembre de 2020

No aceptaré la nueva rutina

Me niego a aceptar la nueva rutina. Rechazo firmemente convertir todos mis logros hasta ahora en "lo que debe ser", en el nuevo invisible, en un presunto vacío, en parte del cementerio de metas logradas. Me niego a no apreciar, a no agradecer el fruto de mis gratos y no tan gratos esfuerzos para tan solo llegar a un nuevo aburrimiento. Me niego a convertir cada figura en fondo, cada color en gris, cada entusiasmo en indiferencia. Me niego a ser el ingrato que todos practican para emprender, cada vez y con eficacia, un futuro e invariable desdén.

lunes, 15 de junio de 2020

Asúmelo como una prueba

No hay remedio. La vida va a seguir embistiendo en menor o mayor grado. Y no hay remedio porque no es una enfermedad, una anomalía; seguramente es como es y ningún autoengaño, como mera ilusión que es, tiene la fuerza suficiente para cambiar el rumbo de lo que es. Una opción puede ser tomar cada empujón como una prueba a aprobar… porque eso es. No se trata del dictado de un ser supremo, de los designios de un volcán o porque te lo dijo tu mamá: si no apruebas los desafíos, te vas a marchitar de tanto cargar, de tanto resistir, de tanto ver pasar lo que creías que era tuyo. La vida no te debe nada. Merecer no se conjuga en este tiempo. Lo único que es tuyo son tus acciones y sus consecuencias, así que levántate, ponte las pilas y mira el lado luminoso, que ahora es que queda.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Acepta

Acepta, anda. Acepta cada cosa que pasa, incluso si te desagrada, si te enfurece. Acepta porque así son las cosas, así es como han sido. Fluye. ¿No te gusta cómo son las cosas? Acepta lo que no se puede cambiar ya, como el pasado. ¿No te gusta el panorama? Si no te gusta, podrías ver si puedes cambiarlo: aceptar no es calársela, resignarse, sino dar espacio a lo que ya lo tiene, a lo que ya tomó la escena por ahora, a lo que YA ES. ¿Quisieras que las cosas hubiesen sido distintas? Es válido quejarse un rato, pero al final pasó lo que pasó. Esta semana morirán muchas personas en el planeta por enfermedades, en accidentes, por violencia de cualquier tipo. ¿Te has fijado que por eso no te mortificas? Puede ser que en medio de “eso no es mi peo”, “eso no lo provoqué yo” o “yo no tengo la culpa de eso” se hace más fácil aceptar los acontecimientos lejanos más que los más próximos, los más íntimos. Seguro que mientras más cerca pega el trancazo, mientras más nos afecte la vida cotidiana, más nos resistimos a lo que ocurra aunque se puedan aplicar los mismos argumentos de lo lejano para aceptar, para no resistir tanta cosa que ya ocurrió. Si me escucharas quejarme de la altura de esa ventana todos los días, ¿qué me dirías?, ¿qué me recomendarías? Apuesto a que me mandarías a tranquilizarme o a gastarme unos reales en bajar la ventana unos centímetros. Resistirse a todo lo que ocurre produce, como sabes, frustración, ira, tristeza. Aceptar requiere cambiar la percepción de lo que ocurre alrededor y en el interior. Hay una pelea eterna entre lo que tenemos en la cabeza y lo que al fin siempre ocurre, y eso nos pone como en un cuadro de demencia casi voluntaria, pero crónica, y no nos deja ver —como escuchamos hace un tiempo— que la vida es mucho más benevolente que lo que nuestra mente nos depara.

lunes, 19 de agosto de 2019

Si no joden, no jodas

Si no te están jodiendo, déjalos tranquilos. Si solo crees que te están jodiendo, intenta dejarlos en paz. Si no te gusta lo que hacen, pero siguen sin haberte jodido, respétalos. Si no entiendes lo que hacen, presta más atención o aléjate. Incluso si te parece absurdo, sigue tu camino. Aún si crees que puedes hacerlo mejor, deja que crezcan en su ritmo… pero sigue derecho y deja tu empeño en joder.