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domingo, 29 de marzo de 2020

Fantasía herida

Quisiera que el tigre no despedazara al venado para comer. Quisiera que el león no matara las crías del león anterior al llegar a una nueva manada. Quisiera que no lloviera cuando tengo cosas por hacer. Quisiera que mi perro durara treinta años para no sufrir su partida. Quisiera que nadie me mintiera. Quisiera que nunca llegue mi muerte ni la de mis seres queridos. Yo quisiera, claro. Quisiera con todas mis fuerzas. Pero resulta que la vida no se comporta como yo quisiera, sino como es. Mis quisieras son como mi pecho apostado recibiendo carajazos a mansalva porque no digiero de qué se trata todo esto, cómo es que funciona este asunto. Y así voy, forzando la fantasía de lo que tengo en la cabeza y ejerciendo mi hipocresía cuando las cosas “salen mal”, sorprendido, desconcertado, desconsolado ante lo que ocurrió en la realidad real, lejos de mis caprichos. “¿Por qué a mí?”, “La vida la tiene agarrada conmigo”. Es demente pensar que nada, en ningún momento, fallará y causará dolor;  pero al parecer, tenemos estampados en la mente que nuestra vida por delante es un camino “de rosas sin espinas” (como dice la canción) y nos empeñamos tanto en este espejismo que salimos apaleados, cada vez, por la misma razón: nuestra fantasía testaruda, nuestra programación ficticia que produce las mentiras en las que creemos incondicionalmente. Da un paso hacia atrás y lo verás mejor. Acoge, de una vez por todas, la realidad. Acepta y fluye. Deja de negarte, de resistir.

viernes, 17 de mayo de 2019

Agradecerás el delirio

Agradecerás mi presencia fugaz en tu vida, incluso más que si todavía estuviese contigo. Destacarás en tus conversaciones casuales el paraíso destruido por mis engaños, aún más que mis compañías al mercado y al médico en la actualidad. Fantasearías atrevida y silenciosamente con lo que pudo ser, con muchas más fuerzas de las que emplearías hoy en mantenerte a mi lado. Recurrirías, final y lamentablemente, a que “fue mejor amar y haber sufrido que nunca haber amado”, en lugar de echarle pichón a este fastidio que resultó ahora tu realidad.