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sábado, 4 de octubre de 2025

La otra Torre de Babel

Es la Torre de Babel enrevesada. En lugar de confundirse todos diciendo cosas en palabras distintas e inentendibles, es una en la que todos, fingiendo decir lo mismo, lo hacen con un entendimiento diverso que, aunque al principio parece que estuviesen de acuerdo, los hechos posteriores darán cuenta de que no es así. ¿Por qué digo “fingiendo”? Porque pasan lo años y ese fenómeno que al principio era inconsciente, pasa a ser instrumento voluntario del engaño y el autoengaño para sobrevivir, aunque sea entre espinas, en este mundo difícil. Así pues, cuando se habla de amor, de Dios, de libertad, entre muchos otros, cada quien tiene un diccionario distinto en su cabeza, un diccionario formado por creencias y por percepciones amañadas para evitar el dolor. Obviamente, este parapeto, esta caricatura, igual está predestinada a crear dolor a causa de su origen chueco. Como ven, aunque no es la misma Torre de Babel, genera el mismo desastre.

lunes, 18 de julio de 2022

Sueño engañoso

Una manera de saber que se estuvo soñando es al despertar. Todo parecía tan real, todo se sentía tan de verdad verdad. Pero no lo era y esa sí es la verdad. Esa sensación de reconocer el sueño puede, en contadas ocasiones, ocurrir durante el mismo sueño; leves momentos en los que se siente que algo no cuadra, que está desubicado o fuera de tiempo, como el gato de la matrix; como cuando se pierde el sentido, el propósito, la sensación de avance. Siempre he pensado que si tu sueño es agradable, quédate en él; pero si es una pesadilla, será mejor que salgas de ahí y examines, con criterio de supervivencia, lo que te causa tal sufrimiento.

viernes, 22 de octubre de 2021

El engaño de la bidimensionalidad

Pueda ser que muchos estemos viviendo la ilusión de una existencia extensa, infinita ante la vista entrenada, pero que, finalmente, sea una vida plana, en solo dos dimensiones. Navegamos entre dibujos, mapas y proyectos que ofrecen solo un rendimiento instrumental, operacional, pero que pueden carecer de profundidad, de una tercera dimensión que nos afloje la soga al cuello. Tal vez por eso es que todo resulta, en últimas, aburrido, repetitivo, sin sustancia permanente. Tal vez por eso caemos en la trampa de las metas sucesivas, sin fin, recurrentes, como para que la vida tenga un sentido a juro, a ultranza, solo en el hacer. La eterna insatisfacción, la inconformidad perenne, eso de no apreciar nunca lo que se tiene a la mano, sino la práctica enfermiza de querer algo más, siempre algo más, puede lograr el enredo máximo en la superficie, en esas dos dimensiones que no bastan para darle sentido a la vida. Caminamos cada día por entre lo que unos llaman “la creación” sin fijarnos, sin ni siquiera usar los sentidos o la conciencia para saber que somos parte de algo inmenso que hasta ahora resulta invisible. El tiempo pasa y seguimos persiguiéndonos la cola como perros empeñados en tener razón en el momentico de turno, solo para darnos cuenta, poco tiempo después, de que todo va cambiando a medida que nuestras percepciones cambian, cuando en realidad en el mundo todo sigue exactamente igual. Debe haber un marco más amplio, más profundo en el que todas las cosas, los pensamientos y los comportamientos caben y se explican. Seguro vale la pena conocer al menos la puerta de entrada a tal recipiente tan magnífico y liberador de las tensiones que se dan en nuestras dos precarias dimensiones de siempre para terminar, definitivamente, en la verdadera experiencia de vivir.

lunes, 17 de febrero de 2020

Conversa falaz

Conversa falaz, esa que se establece entre verdades absolutas, entre argumentos tiesos, entre supuestos criterios inteligentes. Generalizamos, establecemos, golpeamos la mesa y quien no esté de acuerdo, se va. Cerramos los ojos a la multiplicidad de causas que producen un efecto complejo, bebemos el último trago y nos levantamos. Juramos que con nuestros años de sesgos bien cultivados o bien con una leidita a un libro y dos artículos tenemos el tema dominado y se acabó; el otro, el ignorante, el autoengañado, que se aleje y vuelva cuando solo quiera escuchar y asentir. “Estamos así porque los políticos y empresarios son todos unos ladrones”; “te fue mal porque tu padre no te quiso”; “me siento terrible por tu culpa”. Y así van los argumentos peregrinos posándose en cada reunión y fastidiando las conversaciones que pudieran ser amplias, abiertas, receptivas. Se revuelcan los pareceres y gana quien más gritó o el dueño de la casa. Se confunden en un momento dado la moral con la salud, la noticia con la verdad y “mi experiencia” con la única posibilidad para llegar a una conclusión. Es todo un lío en el que el ego se pica y sale a morder. Es todo un montaje dispuesto para que el mandamás de turno le explique al perraje que depende de él en este momento cómo es que es la vida usando una formulita ridícula de una sola incógnita… ¡pa que aprendan, carajo!

miércoles, 5 de febrero de 2020

Aferrarse a lo efímero

Apegarse a lo temporal. Agarrarse de lo efímero. Aferrarse a lo fugaz. Vivir de lo insostenible. Desear con tal fuerza que se pierdan las guías, los apuntadores y todo lo que pueda albergar algo de sensatez. Proyecto entusiasta de autodestrucción. Saltar sistemáticamente de una nave que se hunde a otra que también se hundirá. Espejismos. Espejitos y cuentas de vidrio, que llaman. Autoengaño continuado que promete felicidad –ahora sí–, tranquilidad sin esfuerzo, el estado final de no preocuparse por nada. Quiero un carro, quiero una piscina, quiero un equipo de sonido, quiero un matrimonio, quiero una casa. Se te hará la gracia de lo solicitado y esperaremos unos pocos meses para que el nuevo juguete pase al montón de caprichos del pasado, a la contribución invisible a tu bienestar. Conversaremos entonces y me dirás qué quieres ahora, qué deseas con locura, qué nueva meta marchitable te embarga en ese camino interminable que lleva a lo que llaman éxito.

viernes, 12 de julio de 2019

Somos río revuelto

Somos río revuelto desde su origen. Somos un cauce desviado que no sabe que lo está, y enceguecidos, nos entregamos a ese barranco. Somos flujo embaucado y creativo que se vale de su inteligencia mecánica para idear, estructurar y ejecutar las más espectaculares obras de infraestructura para su tratamiento y descontaminación, jurando que así logrará su bienestar final. Somos un torrente iluso y endiabladamente entusiasta que cae sonriente —y a veces no— por terrenos confusos, inciertos, cultivados por quienes desviaron el río y lo enturbiaron en principio. Somos flujo de potencial infinito que, desvirtuados, perdimos la visión y la fuerza de encontrar nuestro verdadero camino. Somos triste estanque que después de haber recorrido el camino falaz, el sueño inconsciente, se paralizó, perdió sus colores y su alegría, para triste y dramáticamente secarse sin llegar al mar. No somos poca cosa: somos el gigantesco elefante amarrado a una pequeña estaca desde que nació… despierta.

viernes, 5 de julio de 2019

Bondad ataviada

Bondad sin presiones. Bondad sin miedos. Bondad como consecuencia directa del amor. Bondad pura. Bondad sin códigos, sin moral. Bondad sin límites, que arropa a todo lo que alcanza la vista. Bondad que fluye, que no conoce atascos. Bondad sin dueños, sin ego, sin facturas. Bondad sin drama, sin asombros, sin memoria. Bondad sin manual de instrucciones, sin método, sin técnicas. Bondad analfabeta. Bondad sin deudas. Bondad sin grupos, sin tendencias, sin preferencias. Resulta muy extraño que a la bondad se le deban quitar tantos vicios, tantos disfraces, tanta emboscada de encima para saber qué cosa es. Como cualquier tela limpia en su origen, y después de tanto camino que se ensució en el viaje distractor, la bondad deberá ser salvada y reivindicada para no ser ejercida solo por los pendejos.

Siglos de estafa


Después de que alcanzamos un nivel decente de evolución como especie, comenzó el declive, el camino atropellado de la farsa, de la sofisticación, de la pérdida irreversible. Apenas apareció algún atisbo de conciencia autoreguladora, el sabotaje de los vándalos se concretó para encerrar lo bueno y lo malo en la misma jaula, dificultando su distinción. El deseo, el despojo, el abuso y la hipocresía se subieron al trono y desde entonces se quedaron estorbándole a quienes solo necesitaban estar en paz, en correspondencia con su entorno. Pasaron los siglos, se cambiaron muchas veces los colores y los nombres de ese adefesio poderosísimo para que diera la impresión de decencia y autoridad moral, pero siempre se le ve la costura, siempre sale con algún desmán que lo deja en evidencia. La astucia nunca le fue suficiente; el intelecto nunca le resultó bastante como para conservar la imagen fingida de virtud, de liderazgo, de redención. Todo ha sido una estafa continuada que ha logrado quebrar las almas de quienes se dieron por vencido y se abrieron a la venta. Pues, en este escenario tan non santo, así de enmarañado, se crean campos de conocimiento, leyes, se lanzan teorías casi infalibles y se practican medias verdades con la fuerza demente de una masa de seres enajenados que legitima todo lo que al patrón de turno se le ocurra.

sábado, 8 de junio de 2019

No eres tu cuerpo... ¿o sí?

No puedo dejar de pensar, de sentir que eres tu cuerpo. Creo que eres exactamente lo que puedo ver. Me siento tan ridículo a veces identificándote con ese precioso envoltorio que llevas, creyendo que todo lo valioso y adorable que tienes reside en tu físico. Te he visto dormir y tu belleza resalta por encima de tu letargo, de tu apacible apariencia. Pero después de unos segundos me doy cuenta de que era solo un encanto, una ilusión, casi un engaño. Tu rostro inmóvil no muestra la sonrisa que me atrajo en primer lugar. Tus ojos cerrados no dejan salir el brillo que me hipnotiza y me mantiene embrujado. Hay tanto que no eres cuando permaneces inanimada que sospecho que hay algo más de lo que me estoy perdiendo, algo fundamental de lo que no tengo conciencia y con lo que no estoy conectado. Temo entonces que algún tipo de ignorancia muy corrosiva y costosa me está minando las bases de lo que pensaba era un refugio eterno para mi piel y mis tranquilidades. Me atrevo ahora a considerar, por primera vez, que muy remotamente dentro de mí, en algún sitio que se va mostrando terriblemente,  ya sé que no es amor verdadero lo que compartimos, sino algo más superficial, más contaminado de estética mundana, de estereotipos, de miedos fundados en el pasado. Lamentablemente y con lágrimas de desconcierto y frustración aparecidas al pie de tu cama, debo decirte adiós.

martes, 28 de mayo de 2019

Filosofar con el estómago lleno

Qué bien se filosofa con el estómago lleno. Qué espectacular la disertación con el chofer esperando en el carro. Qué sabias esas palabras que rayan en la elegancia, hablando del ciudadano, de la vida diaria de “todos”, de las dificultades de “todos” al llevar a cabo ciertas transacciones que tu amigo “gestor” completa por ti por una módica suma. Qué manera, chico, de saber “realmente” lo que pasa aquí y de lo que podría pasar sin siquiera haber caminado cuatro cuadras de tu ciudad y mirar de frente el acontecer de la mayoría. Perdóname, pero mirar la solución desde la habitación de un “conocido hotel capitalino”, contactar a los sicarios que harán el trabajo sucio desde un “reconocido restaurante” o cuadrar tu salida del país si la vaina se jode desde un avión privado, no se me asemeja a los conceptos de lucha y liderazgo que ventilaste en tu última conferencia, en otro “conocido hotel capitalino”. Me disculpas las comillas, doctor, pero lo que pasa es que me tienes harto con tanto y tan repetido intento de manoseo a mi inteligencia.

domingo, 19 de mayo de 2019

Yo vengo del infierno

Yo vengo del infierno, y es por eso que comprendo bien las sutilezas en lo que tú llamas “trivialidad”. Yo he probado el avance de las escaseces hasta llegar al vacío burlón, mientras te escucho quejarte por una pendejada. Yo he sabido medir con dolor y paciencia lo necesario para avanzar, mientras te escucho lloriquear por falta de comodidades. Fíjate que en el infierno no hay mamis ni papis que salten a ayudar; no hay choferes ni médicos personales que atiendan al chasquido de tus dedos; no hay tarjetas de crédito. En el infierno no hay maquillaje ni mentiras que apacigüen, porque la única manera de permanecer vivos es ser honestos, colaborar en la causa común que nos aflige o compartir el gozo por el logro del compañero. Entonces, en medio de estas maneras, apareces tú, así de desesperado, desencajado, a dictar clases de no sé qué mientras te arreglas el cabello; desplegando tu caletre incoherente mientras te ajustas la ropa; fingiendo simpatía, con esa sonrisa afectada que te deja muy mal. Yo te recomendaría, mi panita, que te fueras ahora mismo con tus temblores y nos dejaras con nuestras certezas en eso que te dio por llamar “el infierno”.

jueves, 9 de mayo de 2019

Según tú, no es violencia

¿Vas a seguir diciendo que eso no es violencia? ¿Vas a seguir declarando airadamente que no eres violento porque no gritas, no golpeas o no matas? Es curioso que tu cerebro —muy desperdiciado en pendejadas, evidentemente— cuando percibe la palabra “violencia”, solo puede dibujar a una silueta golpeando a otra, pero lo que pareces no saber es que hay muchas maneras y destinatarios de la violencia, y no solo ese estereotipo jolivudense que sembraron en nuestras cabezas los otros violentos, los que no tienen pistola ni garganta para cometer sus crímenes. Entonces, ¿vas a seguir sosteniendo hasta el infinito, entre argumentos de legalidad, que estafar no es violencia, que burlarse no es violencia, que producir miseria de lejos no es violencia, que ser indiferente a la desgracia no es violencia? De verdad que eres muy hábil al explicar y convencer. Eres todo un mago para maquillar el estiércol que sale por tus labios. Temo que te ellos creerán y saldrán a distribuir las verdades aprendidas que les mostraste. Pero mira, yo no. Yo estoy viendo desde hace rato que todo lo que pregonas, con esa pose de sabio, es pura basura y la utilizas solo para tu cacareado bienestar. Pero las cosas pasan como deber pasar, y así pasarán los años, muy lentamente para ti, antes de saber que la definición de violencia es solo la falta de amor.

sábado, 4 de mayo de 2019

Son solo detalles

Dicen que los detalles son importantes, pero yo no sé. Suena bonito, de verdad, pero no sé si la afirmación sea correcta. Los detalles son pequeñas cosas que al parecer despiertan grandes sensaciones, que cuando aparecen en la mejor oportunidad pueden ser el detonante de certezas, de tranquilidades, de fuegos artificiales y demás especies. Pero siguen siendo pequeñas cosas, así se trate de un gran detalle. Yo creo que los detalles, como muchas otras manifestaciones, provienen de una fuente fundamental, primaria, verdadera, que yace dentro de nosotros y que produce ciertas expresiones externas, como un ramo de flores, como una caricia, como un informe bien elaborado, como una visita. Pero son solo detalles, muestras evidentes de algo básico que no se ve y que, al fin y al cabo, determina un estado interno más asentado. Es lo superficial dando a conocer lo profundo, o al menos es la intención original. Es lo superfluo en escena, tomando la batuta de cómo es que quiero que me veas, y como todo lo superficial, puede ser una máscara para engañar a la audiencia, un embuste para desviar la atención.

jueves, 2 de mayo de 2019

La procesión va por dentro

Vi una flor y la noté triste, como que no tenía ganas de ser flor ese día. Eché un vistazo al pasto y lo vi sediento, casi desesperado por un poco de agua. Miré al cielo y entre nubes grises se me antojó un día apagado, como para no salir, como para quedarme acostado todo el día, con las cortinas cerradas. Eso ocurrió y se repitió una y otra vez, hasta que una bofetada sorpresiva me hizo ver que era yo quien le estaba colgando un cartelito de mierda a todo lo que veía enfrente de mí. Era yo, dirigiendo la ficción con un enrarecido entusiasmo. Así que las flores no están “tristes”, el pasto no está “sediento” y los días no están “apagados”. Era yo, por supuesto, haciendo uso de mi brillante costumbre de etiquetar las cosas y descartarlas sin comprender, sin hacer siquiera el intento de ir más allá, con los ojos bien abiertos saber dónde estoy parado, adónde caminar. Qué pérdida de tiempo, mi hermano.

jueves, 4 de abril de 2019

La vida es buena... a pesar de ti.

Si se cree que la vida tiene un propósito, la vida es buena. Pero claro, no con un “buena” rosadito, pendejo, de que me cumpla mis caprichos, de ser mejor que los demás, de tener poder más allá que sobre usted mismo. Más bien con un “buena” que implique “necesario”, “consciente”, “integral”. Por supuesto, vivir en una ciudad que aparte está en harta crisis coloca estos conceptos en un nivel ridículo de perspectiva y casi inevitable pensar que la vida es solo esto; pero si vivimos la vida sin tratar de entender de qué se trata realmente, resistiéndonos a lo que ya es como es, no dejaremos de sorprendernos con los inconvenientes que aparezcan o de encandilarnos emocionados con luces y espejitos; no dejaremos de quejarnos de los demás ni de presumir de la maravilla con mala suerte que somos. Hemos disminuido tanto el sentido de lo afectivo, de lo intuitivo, de lo amoroso, para someternos, a veces muy placenteramente, a los designios de la mente, ese espectacular obrero que se convirtió en jefe. Si por una pequeña pantalla nos mostraran de qué se trata la existencia antes de nacer y nos dejaran interiorizar que la vida tiene placer, dolor, crisis y equilibrio, tal vez caminaríamos por estas calles con menos expectativas fantasiosas, con menos escudos protectores, bien preparados para actuar ante una situación compleja sin juicios ni prejuicios, confiando en que todo fluye y se resuelve de una manera u otra, sin drama, sin gritería, solo con unos buenos ojos y pecho abiertos. Pero no, no lo hacemos; tampoco quienes detentan el poder de las pantallas y las páginas ayudan en eso de hacer que caminemos hacia la conciencia, hacia lo que fluye naturalmente hacia su resolución. Por el contrario, toda la vida parece ser un comercial de pólizas de vida, en la que debe hacerse un gran esfuerzo para asegurar que las cosas salgan como queremos, acumulando dinero, objetos, amigos, elogios, miedos, para luego sí, ser felices. Somos androides sicópatas muy bien hipnotizados durante años, que sin mediar palabra, cerramos los oídos y seguimos defendiendo sin pausa y a ultranza a nuestro malvado amo invisible. La vida parece llamada a ser una caricatura de la mente sobre qué tan emocionado puedo estar y no qué tan integrado estoy al momento presente como lo único que existe, en lugar de pelear con lo que pasó o con lo que pasará y, aunque parezca el mismo taquititaqui de siempre, la vaina parece ser verdad.

lunes, 4 de febrero de 2019

Esto no es una manzana

Esto no es una manzana: es la imagen de una manzana. Usted no se la puede comer. Y así, como esto no es una manzana, una imagen de yeso no es un dios, una casa bonita no es un hogar y una paca de billetes no es la felicidad. Nos encantan los apuntadores, las señales, los medios. Y en ese paseíto tan entretenido, se nos olvidan los fines, los objetivos, los llegaderos. Distraídos, como somos, no terminamos de cruzar el río, sino que nos quedamos matando a los cocodrilos… para siempre. Y como medio no es fin, sin darnos cuenta nos quedamos dando vueltas en la ilusión de que avanzamos. Entre espejitos y luces de colores nos hacemos los locos, como si la magia engañosa no fuese a terminar nunca. De pronto un día, entre la locura y los desvaríos de la escasez final, nos sorprendemos abrazados a una estatuilla, en una casa vacía y dándole un mordisco a la foto de una fruta.

martes, 29 de enero de 2019

Ya tengo la verdad

Listo. Ya sé cuanto necesitaba saber para estar cómodo. A estas alturas, con todas las pruebas que la vida me deparó, y a las que salí al paso gallardamente, ningún pendejo me podrá porfiar en tema alguno. Ya llegué a una especie de modelo matemático que contiene las respuestas posibles a todas y cada una de las preguntas y situaciones que me salgan al paso. Se puede decir que sé la verdad y eso no es poca cosa, mi amigo. No se trata de mi interpretación de la vida ni de sus mensajes: claro que es la mera verdad. Mi etapa de aprendizaje ya finalizó con éxito y ahora solo me dedicaré a pregonar mis logros y mis sólidos puntos de vista como la maravilla que son, y chico, mala suerte a quien no me quiera entender o prestar atención. De más está decirte que no perderé tiempo en eso de escuchar a los demás… ¿Para qué? ¿Para que me vengan con sus “pareceres” o llantenes fastidiosos, con eso de que la verdad es relativa y la paja subsiguiente? Qué va. Ya yo no me equivoco y esa es una de las equivocaciones que no volveré a cometer en la vida.