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jueves, 19 de septiembre de 2019

Solo un poquito corrupto

Solo un poquito corrupto. Pero no mucho. En cositas pequeñas; insignificantes, diría yo. Pasarse una luz roja, colearse en la fila, pagar para terminar un trámite rápido, mojarle la mano al mesonero para que pase otra botella en la fiesta. No es nada que se diga: “¡Caramba! ¡Qué corrupto es!”. Pero sí se le agarra el gustico al funcionamiento del gran sistema que nos anida, mojando una mano aquí, otra allá; coleándose aquí, allá, acullá. Dar una propina fuera de lugar, ofrecer dinero a quien no lo está pidiendo, hacer callar a los demás metiéndole billetes en la boca, usar la plata de todos para salir de un problemita personal, ¿qué podría pasar de malo? Pues nada. Así es como nos despertamos años luego en el bullicio de la suciedad lograda a pulso, trabajada todos los días, pagando comisiones groseras “pa que te dejen trabajar”, desembolsillando un platal “para poder sobrevivir” en medio de la crisis, contratando malandros para que te defiendan de otros como tú. Ya no es “el gustico” tímido aquel; ahora somos los reyes del soborno y la extorsión, y nos paseamos entre la cloacas que nos adoptaron como hijos ilustres, luciendo joyas y diplomas, leyendas y antecedentes que nos harán reconocidos y respetados por todos… lo que son como tú.

jueves, 9 de mayo de 2019

Según tú, no es violencia

¿Vas a seguir diciendo que eso no es violencia? ¿Vas a seguir declarando airadamente que no eres violento porque no gritas, no golpeas o no matas? Es curioso que tu cerebro —muy desperdiciado en pendejadas, evidentemente— cuando percibe la palabra “violencia”, solo puede dibujar a una silueta golpeando a otra, pero lo que pareces no saber es que hay muchas maneras y destinatarios de la violencia, y no solo ese estereotipo jolivudense que sembraron en nuestras cabezas los otros violentos, los que no tienen pistola ni garganta para cometer sus crímenes. Entonces, ¿vas a seguir sosteniendo hasta el infinito, entre argumentos de legalidad, que estafar no es violencia, que burlarse no es violencia, que producir miseria de lejos no es violencia, que ser indiferente a la desgracia no es violencia? De verdad que eres muy hábil al explicar y convencer. Eres todo un mago para maquillar el estiércol que sale por tus labios. Temo que te ellos creerán y saldrán a distribuir las verdades aprendidas que les mostraste. Pero mira, yo no. Yo estoy viendo desde hace rato que todo lo que pregonas, con esa pose de sabio, es pura basura y la utilizas solo para tu cacareado bienestar. Pero las cosas pasan como deber pasar, y así pasarán los años, muy lentamente para ti, antes de saber que la definición de violencia es solo la falta de amor.

sábado, 4 de mayo de 2019

Son solo detalles

Dicen que los detalles son importantes, pero yo no sé. Suena bonito, de verdad, pero no sé si la afirmación sea correcta. Los detalles son pequeñas cosas que al parecer despiertan grandes sensaciones, que cuando aparecen en la mejor oportunidad pueden ser el detonante de certezas, de tranquilidades, de fuegos artificiales y demás especies. Pero siguen siendo pequeñas cosas, así se trate de un gran detalle. Yo creo que los detalles, como muchas otras manifestaciones, provienen de una fuente fundamental, primaria, verdadera, que yace dentro de nosotros y que produce ciertas expresiones externas, como un ramo de flores, como una caricia, como un informe bien elaborado, como una visita. Pero son solo detalles, muestras evidentes de algo básico que no se ve y que, al fin y al cabo, determina un estado interno más asentado. Es lo superficial dando a conocer lo profundo, o al menos es la intención original. Es lo superfluo en escena, tomando la batuta de cómo es que quiero que me veas, y como todo lo superficial, puede ser una máscara para engañar a la audiencia, un embuste para desviar la atención.

jueves, 2 de mayo de 2019

La procesión va por dentro

Vi una flor y la noté triste, como que no tenía ganas de ser flor ese día. Eché un vistazo al pasto y lo vi sediento, casi desesperado por un poco de agua. Miré al cielo y entre nubes grises se me antojó un día apagado, como para no salir, como para quedarme acostado todo el día, con las cortinas cerradas. Eso ocurrió y se repitió una y otra vez, hasta que una bofetada sorpresiva me hizo ver que era yo quien le estaba colgando un cartelito de mierda a todo lo que veía enfrente de mí. Era yo, dirigiendo la ficción con un enrarecido entusiasmo. Así que las flores no están “tristes”, el pasto no está “sediento” y los días no están “apagados”. Era yo, por supuesto, haciendo uso de mi brillante costumbre de etiquetar las cosas y descartarlas sin comprender, sin hacer siquiera el intento de ir más allá, con los ojos bien abiertos saber dónde estoy parado, adónde caminar. Qué pérdida de tiempo, mi hermano.