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jueves, 13 de febrero de 2020

¿La vida? No sé...

La vida. No sé… la vida tal vez no es tan buena como dicen porái las canciones, los poetas y los de Green Peace. Han pasado tantos años ocupándome de los demás, que no aprendí nunca a ocuparme de mí, lo que por cierto me parece taaan egoísta. Estoy enredado entre una carga considerable por ayudar al otro, a los míos, y descuidarme de mí hasta llegar a situaciones muy ridículas en las que arriesgo mi salud y hasta mi vida por no molestar a ninguno de mis queridos seres queridos. No sé… a veces siento que me gustaría hacer algunas cosas que siempre quise hacer, pero la idea de que pueda dejar desamparados a mis pollitos me da como cosa y decido solo sentarme a esperar la próxima señal de alarma para salir, como bombero apasionado, a apagar el fuego que segurito armaron ellos mismos. Y pasan los años. Y pasan las cosas. Y pasa la salud. Llegó el momento en que ya no puedo hacer las cosas por los demás. A pesar de que ellos ya saben salir de sus atolladeros, me gustaría tanto ayudarlos… ahorita no sé lo que quisiera, lo que quisieran los demás de mí, pero el pellejo ya perdió la capacidad de ir al rescate y la verdad es que me siento así, tan inútil , entre el desgano por la vida y el miedo a la muerte. Creo que en estos tiempos soy capaz de recoger algo del amor que repartí durante todos mis años “de guardia”, pero la verdad no estoy seguro de que toda esta gente sepa de qué se trata el asunto. En este punto tan espantosamente neutral, tal vez me anime a guardar el drama y a aprender de nuevo a observar cómo es que me podría sentir mejor hasta el fin. Hablamos luego.

sábado, 8 de junio de 2019

No eres tu cuerpo... ¿o sí?

No puedo dejar de pensar, de sentir que eres tu cuerpo. Creo que eres exactamente lo que puedo ver. Me siento tan ridículo a veces identificándote con ese precioso envoltorio que llevas, creyendo que todo lo valioso y adorable que tienes reside en tu físico. Te he visto dormir y tu belleza resalta por encima de tu letargo, de tu apacible apariencia. Pero después de unos segundos me doy cuenta de que era solo un encanto, una ilusión, casi un engaño. Tu rostro inmóvil no muestra la sonrisa que me atrajo en primer lugar. Tus ojos cerrados no dejan salir el brillo que me hipnotiza y me mantiene embrujado. Hay tanto que no eres cuando permaneces inanimada que sospecho que hay algo más de lo que me estoy perdiendo, algo fundamental de lo que no tengo conciencia y con lo que no estoy conectado. Temo entonces que algún tipo de ignorancia muy corrosiva y costosa me está minando las bases de lo que pensaba era un refugio eterno para mi piel y mis tranquilidades. Me atrevo ahora a considerar, por primera vez, que muy remotamente dentro de mí, en algún sitio que se va mostrando terriblemente,  ya sé que no es amor verdadero lo que compartimos, sino algo más superficial, más contaminado de estética mundana, de estereotipos, de miedos fundados en el pasado. Lamentablemente y con lágrimas de desconcierto y frustración aparecidas al pie de tu cama, debo decirte adiós.