Si advertirlo tanto, voy quedando solo. Después de un tiempo en estas consideraciones, siento que me alejo de lo que antes era lo principal. Voy como en cámara lenta, soltando las amarras, el ancla y solo me quedo con las velas de la embarcación. Mis apegos se van soltando de mis manos y se van convirtiendo en una referencia de bienestar cada vez más efímera, más temporal, aunque igual de encantadora y visitable: disfrutable sería la palabra. El hecho es que la soledad, aunque recibida con los ojos cerrados esperando el carajazo, no golpea si se le abre la puerta. Aceptar la soledad es como sentir que te curas mientras dejas atrás mucho de lo que antes necesitabas y que ahora espanta no necesitar más. Un huraño, un ermitaño, un sacaculo, pues. Pero no puedo hacer nada porque se va dando solo, como la aparente consecuencia natural de todo lo vivido. No sé si es madurez, no sé si es crecimiento; lo cierto es que en lugar de muerte, después de un rato, se va pareciendo más bien a un renacer.
Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
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sábado, 30 de octubre de 2021
jueves, 8 de octubre de 2020
Llegar lejos, llegar solo
Hay un tema raro, aunque repetitivo, y es que “el dinero no da la felicidad”. Por supuesto, la afirmación (o negación) es un cliché generalizado. Lo que puede ser una expresión que se acerque más a la realidad estadística es “la soledad no da la felicidad”, por lo que pareciera que no importa lo que logres en la vida, si no tienes afecto alrededor, no es completa la felicidad que este logro provee. Por otro lado, si unimos esta premisa con la falta de control que parecemos tener sobre nuestras vidas —lo que se comprueba fácilmente echando un vistazo y comparando el plan inicial con el resultado final—, no me queda claro si sea tan sano emprender un viaje a la Luna sin la compañía ocasional, sin la calidez del otro, sin el abrazo correspondido. Tal vez llegar lejos no sirve si llegas solo. Aparentemente, no importa lo que emprendas o qué tan individual o aislado pueda ser, el contacto con los demás eventualmente tocará tu puerta y vas a tener que abrirle si es que quieres seguir avanzando.
lunes, 24 de febrero de 2020
Me siento solo
Me siento
solo. La verdad es que me siento bastante solo. No soporto los momentos de
silencio que me brinda esto de vivir así. Más bien quisiera tomar de la mano a
alguien el sábado por la noche, recibir caricias el domingo en la mañana,
sonrisas y ternura al alcance de la mano, pues. Que cada día me espere en casa
para preguntarme cómo me fue en mi día. Alguien que caliente mi cama en las
noches y le quite este frío a los lados. Cómo me gustaría presentarla a mis
compañeros, mostrarle mis fotos de los viajes y una que otra de la cotidianidad
traviesa en la que seguro estaría sumido con ese amor hasta ahora ficticio. Pero
pasa que mientras escribo, al finalizar cada coma, cada punto y aparte, me doy
cuenta que no estoy dispuesto a intercambiar con nadie, sino que voy solo a
pedir. Al parecer, alguna esquina de mi conciencia me ilumina hoy y me dice que
soy una esponja seca y desesperada dispuesta a extraer todo lo que se me
arrime; que no estoy dispuesto a colaborar, a compartir, a negociar, a crecer
en compañía. En este punto del texto ya me convencí de que mejor me quedo
tranquilito y reflexiono sobre el asunto antes de salir a depredar a la primera
inocente que se fije en mí… mira que vivir así es una manera dolorosa pero
segura de vivir en libertad, y eso de hacer lo que a uno le da la gana no lo
voy a perder.
sábado, 15 de junio de 2019
"Te quiero", solamente.
Decir
“te quiero” solamente, nada más. Decir “te quiero” es bonito, es hermoso, es
una expresión que resume un sentir profundo de bondad y cariño hacia el otro y
lo empaqueta en dos palabras: “te quiero”. Pero la expresión es un extracto que
ocasionalmente se vuelve, en sí mismo y a falta de respaldo, una mentira. Comenzamos
a omitir los elementos que nos llevaron a “quererte”. Saltamos por encima de
los requisitos necesarios para poder decírtelo, pero incluso así, te lo
seguimos diciendo. Prontito, se convierte en rutina, así como dejar la llave en
el clavo, como tomar café o hacer el mercado, hasta llegar al punto de decirlo
como decir “estoy bien”, cuando sabemos que estamos bien fregados. Al final, y
a falta de revisión, decir “te quiero” pasa de ser un compendio comprimido y
amoroso de una forma de ser, de estar, de sentir, a ser toda una falacia, un
saludo a la bandera, un apaciguador vacío. “Te quiero” se convierte finalmente
en un apuntador a un momento pasado ya sin vigencia. Así que… ¡a ver, mequetrefe!,
¿de verdad me quieres?
sábado, 4 de mayo de 2019
Son solo detalles
Dicen que
los detalles son importantes, pero yo no sé. Suena bonito, de verdad, pero no
sé si la afirmación sea correcta. Los detalles son pequeñas cosas que al
parecer despiertan grandes sensaciones, que cuando aparecen en la mejor
oportunidad pueden ser el detonante de certezas, de tranquilidades, de fuegos
artificiales y demás especies. Pero siguen siendo pequeñas cosas, así se trate
de un gran detalle. Yo creo que los detalles, como muchas otras
manifestaciones, provienen de una fuente fundamental, primaria, verdadera, que
yace dentro de nosotros y que produce ciertas expresiones externas, como un
ramo de flores, como una caricia, como un informe bien elaborado, como una
visita. Pero son solo detalles, muestras evidentes de algo básico que no se ve
y que, al fin y al cabo, determina un estado interno más asentado. Es lo
superficial dando a conocer lo profundo, o al menos es la intención original. Es
lo superfluo en escena, tomando la batuta de cómo es que quiero que me veas, y
como todo lo superficial, puede ser una máscara para engañar a la audiencia, un
embuste para desviar la atención.
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