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jueves, 18 de julio de 2019

Todo se jode en el camino

Todo se daña en el camino. Todo se jode después de comenzar. Ya tu compañía no me llena. Ya no quiero estudiar esto. Ya no me gusta tu cuerpo. Ya me aburro en esta casa. Ya los coloraos y sus amigos agarraron el gobierno y la plata y no puede ser peor. Ya los azules y sus amigos agarraron el gobierno y la plata y no puede ser peor. Parece que no hay visión. Parecemos ciegos porfiados y de esperanza irresponsable escogiendo camino. Somos necios egoístas defendiendo una decisión sin futuro ni rentabilidad. Somos los dignos opuestos de Midas, convirtiendo en estiércol y abandono todo lo que tocamos. ¿Qué nos pasa? ¿Qué hay dañado dentro de nosotros? ¿No sería más sencillo decidir vivir mejor en colectivo? ¿Qué cosa tan poderosa hace que intentemos infructuosamente violar el curso de nuestra propia naturaleza, solo para luego tragarnos el golpe de frente? ¿Qué estupidez empecinada subyace en esa ceguera inducida que luego se endurece y se disfraza de “criterio” aplaudido? La superficie del planeta puede dar cuenta de nuestra eficiencia en la administración de los recursos. Somos, parece, imbéciles que viven en islas mentales que se vuelven más pequeñas cada vez; criminales inconscientes con fuerzas y ganas infinitas de juzgar, resistir y apegarse a lo temporal. Todavía no es tarde, pero mira, ese reloj no para.

viernes, 12 de julio de 2019

Somos río revuelto

Somos río revuelto desde su origen. Somos un cauce desviado que no sabe que lo está, y enceguecidos, nos entregamos a ese barranco. Somos flujo embaucado y creativo que se vale de su inteligencia mecánica para idear, estructurar y ejecutar las más espectaculares obras de infraestructura para su tratamiento y descontaminación, jurando que así logrará su bienestar final. Somos un torrente iluso y endiabladamente entusiasta que cae sonriente —y a veces no— por terrenos confusos, inciertos, cultivados por quienes desviaron el río y lo enturbiaron en principio. Somos flujo de potencial infinito que, desvirtuados, perdimos la visión y la fuerza de encontrar nuestro verdadero camino. Somos triste estanque que después de haber recorrido el camino falaz, el sueño inconsciente, se paralizó, perdió sus colores y su alegría, para triste y dramáticamente secarse sin llegar al mar. No somos poca cosa: somos el gigantesco elefante amarrado a una pequeña estaca desde que nació… despierta.