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lunes, 19 de agosto de 2019

Despropósito

“¿Para qué casarse?”, “¿Para qué tener niños?”, “¿Para qué estudiar esa carrera?”. Muy probablemente la respuesta a este tipo de preguntas obedezca a una receta preconcebida, a recomendaciones de otros o a “porque todos lo hacen”. Es normal, pues; es generalizado. Pero como tantas cosas que navegan a la deriva y sin la motivación adecuada para responder, para saber, para sentirlo, el propósito es el protagonista ausente. Nos perdemos entre tanto esfuerzo, entre tanto ruido, entre tanta mecánica, que nos despertamos un buen día en un sitio distinto al soñado, bastante desviado del que trazamos cuando todavía teníamos claridad en el objetivo, ese objetivo que dejamos a un lado, que dejamos atrás, para estar ahora en este adefesio que logramos en su lugar y que, a pesar de los aplausos recibidos, tanto nos agota, tanto hastío nos produce.

viernes, 12 de julio de 2019

Somos río revuelto

Somos río revuelto desde su origen. Somos un cauce desviado que no sabe que lo está, y enceguecidos, nos entregamos a ese barranco. Somos flujo embaucado y creativo que se vale de su inteligencia mecánica para idear, estructurar y ejecutar las más espectaculares obras de infraestructura para su tratamiento y descontaminación, jurando que así logrará su bienestar final. Somos un torrente iluso y endiabladamente entusiasta que cae sonriente —y a veces no— por terrenos confusos, inciertos, cultivados por quienes desviaron el río y lo enturbiaron en principio. Somos flujo de potencial infinito que, desvirtuados, perdimos la visión y la fuerza de encontrar nuestro verdadero camino. Somos triste estanque que después de haber recorrido el camino falaz, el sueño inconsciente, se paralizó, perdió sus colores y su alegría, para triste y dramáticamente secarse sin llegar al mar. No somos poca cosa: somos el gigantesco elefante amarrado a una pequeña estaca desde que nació… despierta.