Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
jueves, 21 de marzo de 2019
Aprovecharte antes de que te vayas
miércoles, 20 de marzo de 2019
Laberinto fecal
martes, 19 de marzo de 2019
Buscar en la calle...
Tu madre
¡Pa bueno yo, chico!
No podemos
separar a los buenos de los malos. Debemos
convivir todos juntitos, porque comenzando siendo familia. Pero, ¿cómo se podrá
hacer eso? Porque hasta ahora ha sido todo un desastre en todos los sentidos.
¿Cómo mantener a los malos a raya y no dejar que hagan lo que hacen y ser aún
peores? Las cárceles están llenas y no arreglan a nadie; los sanatorios tampoco
sanan a esa gente desajustada, y aunque sean minoría, cada vez son más y tienen
más poder. Nosotros en cambio, los buenos, de parque en parque, de iglesia en
iglesia, de margarita en margarita, ya no sabemos qué hacer. Los malos nos
acusan de muchas cosas, entre ellas, de inconscientes, de indiferentes, de
tontos útiles, de cómplices silenciosos. ¡Pero nada más lejos de la verdad! Si más
bien estamos tratando de preservar la bondad que hay en nosotros en este mundo
cada vez más terrible, sucio, corrupto, protegiendo a nuestras casas con las
rejas más gruesas, a nuestros hijos con las mentiras más convincentes y con los
prejuicios más irrefutables. Nuestro sistema es perfecto, casi inexpugnable, pero
esa gente, los malos, nunca lo entenderán y arremeterán en su contra porque son
brutos, flojos y malintencionados sin razón alguna.
¡Y me arreglas ese desorden!
viernes, 15 de marzo de 2019
Es tiempo de ver la hora
jueves, 14 de marzo de 2019
Todos los errores de una vez... ¡Toditos!
¡Respeta, carajo!
lunes, 4 de marzo de 2019
Amor: expresión hasta la muerte.
Ahora no puedo hablar. Solo
puedo mover los dedos de mi mano derecha y levantar el brazo hasta el codo para
señalar, asentir o negar sobre lo que escucho o percibo de cualquier otra manera.
En mi cama, sin fuerzas ya para incorporarme, todavía puedo asir un lápiz y
escribir brevemente lo que vaya más allá de un sí o un no. Mi mirada es
mi mayor cómplice en eso de la comunicación. Y así va todo. Las carcajadas,
gritos y reclamos airados de mi juventud y mi adultez se van decantando por
cada vez menos posibilidades de ser exactas, fieles —ya ni hablar de adornadas
o elegantes— como solían ser. Aun así, en este estado de casi total parálisis,
siento que puedo expresar lo que quiero sin mayores dificultades: siempre acabo
por decir lo que quiero decir. La expresión, más que sobrevivir, subsiste, y no
porque lo que haya que decir sea poco o poco complejo, sino porque las
conclusiones se parecen cada vez más entre sí. Me he fijado que, independientemente
del tema, uno llega, casi invariablemente, al mismo desenlace. Es como caer en
cualquiera de los lados de un embudo, para dar vueltas y vueltas y salir
siempre por el agujerito final: el amor. Todo parece apuntar siempre al amor o
a su ausencia. Creo que el amor es analfabeto en ocasiones, y su expresión
muda, sorda o ciega, cuando ocurre, es fácil de entender para quienes están a
su mismo nivel de analfabetismo: sin mucha técnica, sin mucha academia, sin
mucho aspaviento. Es lo que me hace seguir, estar, sonreír. El amor de quienes
me rodean, cada quien a su momento, a su manera y en estos días de poco hablar,
hacen que en la mayoría de las ocasiones, mejor me olvide del lápiz y me pegue
al calor de sus manos.
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