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jueves, 14 de marzo de 2019

Todos los errores de una vez... ¡Toditos!

Necesito cometer todos los errores de una vez. Es urgente. Quiero errar todo lo que deba o pueda antes de que sea tarde. El tiempo pasa y no veo acción. Mis pasos no van lo suficientemente rápido como para equivocarme y poder aprender la lección… aunque sea una. Cada día que pasa acertando y restregándole a los demás lo arrecho que soy es un día perdido para el crecimiento. La voy a pagar, lo sé. Si sigo como voy, el golpe de frente será más fuerte y temo morir en el evento. No he aprendido nada por la vía de la crisis, del gazapo, de esa fuente invencible de bienestar futuro que es la inconsciencia. Ahora todo se reduce al gobierno de la petulante teoría que me acompaña parriba y pabajo, sin haber encontrado en mi camino el carajazo que me hará despertar, por primera vez, ante la realidad que se me hace esquiva y hasta imposible de conocer. Se me hace tarde, dije, y sigo siendo el niño lindo sin cicatrices que nunca se cayó, que no lloró, que no sintió miedo porque creyó que se las sabía todas. Se me hace tarde y viene el amanecer de otro terrible día con aciertos vacíos, sin convicción, sin la veracidad deliciosa que brinda caerse de culo y volver a pararse.

jueves, 14 de febrero de 2019

Tiempo para meter la pata

Hay un tiempo para hacerle berrinches a la vida. Hay un tiempo para llorar hasta secarnos. Hay un tiempo para enamorarnos “perdidamente” y luego para el guayabo mocoso asociado. Hay un tiempo para salir preñados con pasión. Hay un tiempo para decir lo que pensamos, exactamente como lo pensamos, sin miramientos o filtros. Hay un tiempo para insultar al otro, para faltarle el respeto así o de cualquier otra manera. Hay un tiempo para pedir perdón arrastrándonos por el suelo que pisa, hasta que digan que sí. Hay un tiempo para el rencor con derecho, para escupir a las caras, para “acabar con ellos”. Hay un tiempo para caer, levantarse aparatosamente y volver a caer miserablemente. Hay un tiempo para enterrar a otros para subir nosotros solos. Hay un tiempo para blandir la espada y cobrar víctimas. Hay un tiempo para permanecer en el suelo, diciéndonos y tratando de convencer a los demás lo desdichados que somos, lo abandonados que estamos y lo necesitados de que alguien perfecto que nos salve y se quede con nosotros. Hay un tiempo para todo eso, para correr con los ojos cerrados, para apuntar sin saber adónde, para invertir tiempo y esfuerzo en empresas perdidas antes de nacer. Hay un tiempo para todo eso, pero ese tiempo no será hoy.