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miércoles, 3 de abril de 2019

Mundo retorcido

Mundo retorcido. Todo se dio vueltas y ahora luce muy loco todo. La libertad se convirtió en prófugo cotizado, la verdad, en mentira que no se repite. La expresión en una ridiculez con derechos civiles, y el poder en el sueño anhelado. Como quiera que se mire, es difícil entender el escenario. El amor se convirtió en el reo aislado en la mayor de las seguridades y el pillaje, libre y fresco, se desplaza por las calles con su gigantesco séquito. La hipocresía, por su parte y con mucho éxito, se estableció como el medio de supervivencia de masas. Lo “anti” dejó de cumplir su viejo papel de regulador para transfigurarse en uno de los creadores compulsivos de desequilibrios y situaciones inconclusas, disfrazadas de justicia de circo y romanticismo porque sí. Hace poco dizque vieron a lo espontáneo escondido debajo de un puente evitando el plomo. En este punto es confuso pararse en mitad de la plaza y, entre carteles luminosos y pícaros oradores, decidir cuál es el rumbo de la felicidad, que, por cierto, se convirtió al final del camino en esa mueca manchada entre las lágrimas y ese maquillaje tan mal puesto.

martes, 19 de marzo de 2019

¡Y me arreglas ese desorden!

Me gusta pensar que hay algún orden en este mundo, en este universo. Necesito pensar que es así. Me urge sentir que la vida no es solo este desfile azaroso de acontecimientos dictados por la mente mezquina del humano, que deja a un lado lo que paradójicamente, al final del día, al final de la vida, luce como lo más necesario. Tengo ganas de que haya un orden que rija todo este desastre aparente, que equilibre los desmanes de los villanos y egoístas, que haga fluir lo estancado y que dé paz a lo desbocado. Me parece analgésico saber que todo estará bien, que todo va a salir bien o, que al menos, lo justo y lo necesario tengan su lugar en el momento oportuno: pronto. Ya no estoy de acuerdo con el tiempo que tarda el aprendizaje y el sufrimiento que causa en otros mientras decido aprender. Pero bueno, debo reconocer mi berrinche en medio de estos desvaríos de mi pequeño cerebro. Debo admitir que es solo mi Carta al Niño Jesús, desesperada, ingenua, ya en niveles de frustración enceguecedora. Se me antoja como un gesto condescendiente de ese orden que el bueno, el malo y el indiferente obtengan su merecido… si es que en alguna vez el asunto ha sido merecer o no.