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martes, 22 de octubre de 2019

Desconfiar de lo bueno

Desconfiar de lo bueno. Mantener la duda ante lo que se acerca, aunque sea para favorecernos. Lanzar golpes a lo loco para evitar el daño. En el pasado fuimos engañados. Ayer se nos propinó todo el sufrimiento. Cada cachetada recibida en medio de una alegría, de una ilusión, nos convirtió en este fortín de guerra, en este monolito de supuesta madurez e invencibilidad que construimos para ya más nunca ser embaucados, emboscados, burlados. Pero pasa el tiempo y ya nadie se cree el poder que predicamos para alabarnos a nosotros mismos cuando extendemos la cola falsa de pavo real, cuando gruñimos cada vez que alguien parecido al pasado se acerca “quién sabe con qué intención”. Somos los nervios que nunca descansan ante la invasión del entorno. A pesar de las medallas y los nombramientos, somos un manojo condecorado de temblores, prejuicios y temores que no nos abandonan; y si nos abandonan por un ratico de descuido en el que nos permitimos ser humanos vulnerables y felices, al darnos cuenta de la idiotez del vigilante, del desliz imperdonable, hacemos que despertamos y volvemos de nuevo a erigir el muro, a cerrar la reja, a asegurar la prisión en la que nos metimos para protegernos… para siempre.

martes, 19 de marzo de 2019

¡Pa bueno yo, chico!

No podemos separar a  los buenos de los malos. Debemos convivir todos juntitos, porque comenzando siendo familia. Pero, ¿cómo se podrá hacer eso? Porque hasta ahora ha sido todo un desastre en todos los sentidos. ¿Cómo mantener a los malos a raya y no dejar que hagan lo que hacen y ser aún peores? Las cárceles están llenas y no arreglan a nadie; los sanatorios tampoco sanan a esa gente desajustada, y aunque sean minoría, cada vez son más y tienen más poder. Nosotros en cambio, los buenos, de parque en parque, de iglesia en iglesia, de margarita en margarita, ya no sabemos qué hacer. Los malos nos acusan de muchas cosas, entre ellas, de inconscientes, de indiferentes, de tontos útiles, de cómplices silenciosos. ¡Pero nada más lejos de la verdad! Si más bien estamos tratando de preservar la bondad que hay en nosotros en este mundo cada vez más terrible, sucio, corrupto, protegiendo a nuestras casas con las rejas más gruesas, a nuestros hijos con las mentiras más convincentes y con los prejuicios más irrefutables. Nuestro sistema es perfecto, casi inexpugnable, pero esa gente, los malos, nunca lo entenderán y arremeterán en su contra porque son brutos, flojos y malintencionados sin razón alguna.