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viernes, 5 de abril de 2019

Mi amada tiene errores ortográficos

Mi amada tiene horrores ortográficos. Estoy preocupado. Trato de explicarle mi deseo de que se supere, de que salga y se coma al mundo, y es cuando sale y se lo come, pero todo en mayúsculas. Cuando me abraza, siento que voy a perder el control, así como le pasa a ella con las “c”, las “s” y las “z”. Mi nivel académico requiere compañía preparada, afin a todo este portento del idioma que soy. Pero es que me tiene loco con sos ojos grandes, sus manos preciosas y sus apóstrofos por todos lados: “q’ te pasa, papi”, “vente pa’ la casa que estoy solita” y demás. Nunca sé cuándo dice o cuándo pregunta, cuándo cambió de tema ni cuándo terminó la idea; la ausencia de signos de puntuación, de pausas, de conectores o de entonación son tan avasallantes como sus besos y sus abrazos tan divinos. Quisiera cambiar eso, pero ayer cuando le trataba de explicar que antes de la “b” y la “p” viene la “m”, se me lanzó encima, me quitó el lápiz, la ropa y el interés. 

jueves, 14 de marzo de 2019

Todos los errores de una vez... ¡Toditos!

Necesito cometer todos los errores de una vez. Es urgente. Quiero errar todo lo que deba o pueda antes de que sea tarde. El tiempo pasa y no veo acción. Mis pasos no van lo suficientemente rápido como para equivocarme y poder aprender la lección… aunque sea una. Cada día que pasa acertando y restregándole a los demás lo arrecho que soy es un día perdido para el crecimiento. La voy a pagar, lo sé. Si sigo como voy, el golpe de frente será más fuerte y temo morir en el evento. No he aprendido nada por la vía de la crisis, del gazapo, de esa fuente invencible de bienestar futuro que es la inconsciencia. Ahora todo se reduce al gobierno de la petulante teoría que me acompaña parriba y pabajo, sin haber encontrado en mi camino el carajazo que me hará despertar, por primera vez, ante la realidad que se me hace esquiva y hasta imposible de conocer. Se me hace tarde, dije, y sigo siendo el niño lindo sin cicatrices que nunca se cayó, que no lloró, que no sintió miedo porque creyó que se las sabía todas. Se me hace tarde y viene el amanecer de otro terrible día con aciertos vacíos, sin convicción, sin la veracidad deliciosa que brinda caerse de culo y volver a pararse.