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miércoles, 7 de septiembre de 2022

No hay gente mala

No hay gente mala: hay gente ignorante. ¿Ignorante de qué? De la bondad, de esa capacidad y disposición para hacer el bien… de la virtud, pues, que se quebró durante su crianza o por una experiencia en particular. Seguramente mucha gente pensará que estoy hablando paja y que, por supuesto insistirá en que hay gente mala. Tal vez ese pensamiento sobre “gente mala” es parte de nuestra necesidad de que haya alguien malo a quien echarle la culpa de lo que pasa. Quizás es la necesidad de etiquetar rapidito al otro para no conocer sus motivos al hacer maldades, alejándolo y perdiendo la oportunidad de comprenderlo y poder ayudar en el futuro. Quién sabe si tal vez es falta de ganas en asumir nuestra responsabilidad en los asuntos, porque ¿sabes?, nunca vamos a querer admitir que en algún momento pertenecimos al grupo de las personas malas.

sábado, 24 de julio de 2021

Trago malo

Trago malo, ese. Trago insípido. Trago ingrato. No supo a nada. Fue como un mal orgasmo digno de olvido. No evocó nada, sino puras ridiculeces, puros recuerdos cliché. Ahora no sé cómo recuperar las horas perdidas, porque no creerán que no gasté en ellas. Vana esperanza de volar a los cielos de la inspiración, del encuentro otrora inexorable con la musa, de válvula generosa de las tensiones de la semana. Pero qué va. No hubo vida. Tuve que ver mi teléfono, el computador y hasta por la ventana para lograr mi objetivo, que pretendió ser mágicamente fluido y terminó siendo un parto en el monte, una caricia en la llaga. La próxima vez, me aseguraré de que el deslave de poesía comience a rodar cerro abajo antes de armar todo este rito por demás ridículo de invocación sin aparición.

domingo, 2 de febrero de 2020

¿De dónde salen los malos?

Según nos cuentan, son seres súper despiadados que ejercen el morbo sin razón alguna, causando sufrimiento en los pobres tontos. El hampa, el que roba, el que viola, el que asesina. Los malos son tan malos que parece que no tienen familia, una madre que los adoraba; y si tuvieron eso, entonces toda esa gente es igualita y sería mejor acabar con todos ellos. La conseja es que los malos tienen tanta maldad, tanta mala intención, que seguro vinieron de otro planeta, de un planeta malo. Porque “malo” siempre es otro. Nunca es alguien a quien queremos con el alma. Malo es el otro, el de más allá, el que no conocemos y por alguna lotería o alguna razón muy loca, nos quiere hacer daño solo para saciar su sed urgente de maldad. Qué malo eso. Pero nadie habla de que este antisocial no siempre lo fue. Nadie señala la falta de amor que estalló en un día en un temor tan fuerte que hubo que acabar con el mundo entero para proteger la propia integridad. Nadie habla de la responsabilidad personal, familiar y colectiva en el asunto. Ni uno de los intelectuales más populares se ha levantado para señalar que aquí y allá se crean y levantan monstruos que luego hay que extinguir “porque ellos solitos se salieron de control”. Nadie habla de ese miedo que inyectado todos los días produce la alucinación irreversible en las mentes de los desvalidos emocionales que salen de los ranchos y las quintas, de las escuelitas y las universidades para joder al otro por mero reflejo animal, desconsiderado, defensivo, aparentemente gozoso. Mientras hacía este análisis tan brillante, me entró un temblor al darme cuenta de que yo también llevo dentro varios esos ingredientes disparadores de la calamidad. Tal vez yo también soy malo, y como mucho de los demás y hasta el día de hoy, no lo sabía.

martes, 19 de marzo de 2019

¡Pa bueno yo, chico!

No podemos separar a  los buenos de los malos. Debemos convivir todos juntitos, porque comenzando siendo familia. Pero, ¿cómo se podrá hacer eso? Porque hasta ahora ha sido todo un desastre en todos los sentidos. ¿Cómo mantener a los malos a raya y no dejar que hagan lo que hacen y ser aún peores? Las cárceles están llenas y no arreglan a nadie; los sanatorios tampoco sanan a esa gente desajustada, y aunque sean minoría, cada vez son más y tienen más poder. Nosotros en cambio, los buenos, de parque en parque, de iglesia en iglesia, de margarita en margarita, ya no sabemos qué hacer. Los malos nos acusan de muchas cosas, entre ellas, de inconscientes, de indiferentes, de tontos útiles, de cómplices silenciosos. ¡Pero nada más lejos de la verdad! Si más bien estamos tratando de preservar la bondad que hay en nosotros en este mundo cada vez más terrible, sucio, corrupto, protegiendo a nuestras casas con las rejas más gruesas, a nuestros hijos con las mentiras más convincentes y con los prejuicios más irrefutables. Nuestro sistema es perfecto, casi inexpugnable, pero esa gente, los malos, nunca lo entenderán y arremeterán en su contra porque son brutos, flojos y malintencionados sin razón alguna.