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domingo, 8 de septiembre de 2019

Solidaridad es amor


El amor. Ese bicho fabuloso que confundimos frecuentemente con el deseo, con eso que comienza con la pasión loca y termina con el divorcio, con el gusano que se despierta a carcomer cuando alguien se nos va. El amor parece ser una palabra rosa que empastela, que babosea, que se derrite y enreda todo, provocando su uso superficial y ridículo o bien su desuso indefinido, por tratarse de algo que no sabemos si de verdad sentimos. El amor tiene muchos aspectos, muchas aristas, muchos puntos de vista. Pero si usted quiere conocer con certeza uno de esos aspectos, acoja a la solidaridad como una muestra de amor. Solidaridad es amor. Solidaridad es apoyar al otro, sentir el sufrimiento del otro y actuar en consecuencia. Solidaridad es compasión, que es empatía, que también es amor. Es reconocer al otro como parte de nosotros mismos, como parte de algo mayor y todavía incomprensible. Solidaridad es el cuidado mutuo, es la salvación, es nuestra sana permanencia en el planeta. Solidaridad es unidad, es la negación de la separación, de la competencia, del egoísmo. Así que si piensas que el amor es algo que solo ves en las películas, debe ser porque le está negado manifestarse en el presente, verlo caminar por las calles e ir uniendo a las personas con lo único que de verdad puede unirlos.

Nota: no tienen idea de lo difícil que fue encontrar una gráfica de una persona abrazando a alguien que vive en las calles.
 

jueves, 14 de marzo de 2019

¡Respeta, carajo!

Excelente el momento para respetar la opinión del otro. Estelar la circunstancia para considerar el pensamiento ajeno como válido y colocar el propio en el banquillo, no para anularlo, sino para que se defienda decentemente. Difícil sería un mejor momento para ejercer eso que llaman empatía. Espectacular sería ahora bajarse del ego hinchado por la pasión, dar una patada al muro que levantamos con retrechería y con esa seguridad volátil y explosiva del que se dirige al barranco. No es compartir opiniones, no es copiarse del otro o sugerirlo en sentido contrario: eso sería muy vulgar; tan vulgar como lo que estamos acostumbrados a hacer a diario, propugnando, desde la incoherencia o la ignorancia, desde cualquier bandera o color, incluso desde la trinchera de nuestras gríngolas honestamente confeccionadas, el pensamiento único, entubado, universal. Que tú estés equivocado no significa que yo no lo esté. Que tú no tengas la verdad en tus manos no implica que yo sí. No se trata de lanzarnos a la cuneta y desde allí echar plomo a los demás; como dije, eso sería bastante vulgar —y lo sabes—. Haz que te alejas del tema y comienza a ver un panorama más amplio. Elévate de tu parcelita de opiniones y comienza a distinguir lo amplio, el flujo de lo que ya es a pesar de tus deseos sinceros, pero mezquinos. Yo no lo sé, pero tal vez sea posible que descubras un bosque variado, complementario, natural, maravillosamente distinto al conuco que deseabas imponerle a los demás. Creo que es un buen momento, porque así como vamos, no habrá nadie capacitado para reconstruir esto.