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domingo, 21 de julio de 2019

Vengo de la oscuridad

Vengo de la oscuridad. Si quieres, te enseño el camino. Entre de las cicatrices, se ocultan los aprendizajes obligados para poder sobrevivir, y cada una te puede contar una historia distinta de por qué entré en la penumbra y cómo fue que regresé a la luz. No hay vergüenzas. No hay complejos. Tal vez no te parezco confiable por mi apariencia, por mi manera de hablar, pero si quisieras, estoy dispuesto a sentarme contigo, tomarme un café y regalarle algún aporte a tus consideraciones. Tal vez la mejor manera de aprender no sea recorrer el camino que yo recorrí, pero ya que se tengo el material a la mano, podríamos usarlo. No desdeñemos tus observaciones, tus teorías, las convicciones que te acompañan hasta hoy, no, pero dudo que tus pasos juveniles te estén ayudando lo suficiente como para resolver tus asuntos. No es locura, no es insensatez. Es solo la impresión de que al verte caminar, distingo algunas sombras que te van arropando sin que te des cuenta; sombras muy parecidas a las que me envolvieron a mí hace unos veinte años, pero sin nadie a mi lado que me plantease un escenario real, posible, superable, aprovechable. Es tu decisión…. siempre lo será.

jueves, 14 de marzo de 2019

Todos los errores de una vez... ¡Toditos!

Necesito cometer todos los errores de una vez. Es urgente. Quiero errar todo lo que deba o pueda antes de que sea tarde. El tiempo pasa y no veo acción. Mis pasos no van lo suficientemente rápido como para equivocarme y poder aprender la lección… aunque sea una. Cada día que pasa acertando y restregándole a los demás lo arrecho que soy es un día perdido para el crecimiento. La voy a pagar, lo sé. Si sigo como voy, el golpe de frente será más fuerte y temo morir en el evento. No he aprendido nada por la vía de la crisis, del gazapo, de esa fuente invencible de bienestar futuro que es la inconsciencia. Ahora todo se reduce al gobierno de la petulante teoría que me acompaña parriba y pabajo, sin haber encontrado en mi camino el carajazo que me hará despertar, por primera vez, ante la realidad que se me hace esquiva y hasta imposible de conocer. Se me hace tarde, dije, y sigo siendo el niño lindo sin cicatrices que nunca se cayó, que no lloró, que no sintió miedo porque creyó que se las sabía todas. Se me hace tarde y viene el amanecer de otro terrible día con aciertos vacíos, sin convicción, sin la veracidad deliciosa que brinda caerse de culo y volver a pararse.