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martes, 19 de mayo de 2020

No sabemos un carajo

No sabemos nada. No sabemos si hubo “big bang”. No sabemos si La Luna se creó producto de una colisión de un cuerpo considerable contra La Tierra. No sabemos si fue un asteroide lo que extinguió a los dinosaurios. No sabemos si “el hombre” llegó a la luna. No sabemos si todos esos “Estudios [que] afirman…” son ciertos. No sabemos si los gringos se metieron de lado en más de una guerra por intereses económicos. No sabemos si la cuarta república era lo peor que le pasó a este país o lo que todos esperamos con ansias. No sabemos lo que pasa en la Casa Blanca o en Miraflores. No sabemos si lo que dicen la prensa o los sitios web de noticias tiene alguna veracidad o al menos la intención. No sabemos sin es cierto lo que dice National Geographic. No sabemos si el vecino le pega a la mujer o si ella le monta cachos. No sabemos si nuestro cónyuge quiere terminan sus días con nosotros o está esperando el cambio de guardia. No sabemos, la mayoría de las veces, lo que queremos o necesitamos nosotros mismos. Y de repente, chico, ni nos interesa, no queremos. Lo que sí hacemos, ante esta tremenda ignorancia, es repetir lo que dicen los demás, pensar lo que piensan los demás, hacer lo que hacen o dicen los demás y fallar como fallan los demás. Y vamos a estar claros: hay algunos “demás” más poderosos y atractivos que otros.

jueves, 14 de marzo de 2019

¡Respeta, carajo!

Excelente el momento para respetar la opinión del otro. Estelar la circunstancia para considerar el pensamiento ajeno como válido y colocar el propio en el banquillo, no para anularlo, sino para que se defienda decentemente. Difícil sería un mejor momento para ejercer eso que llaman empatía. Espectacular sería ahora bajarse del ego hinchado por la pasión, dar una patada al muro que levantamos con retrechería y con esa seguridad volátil y explosiva del que se dirige al barranco. No es compartir opiniones, no es copiarse del otro o sugerirlo en sentido contrario: eso sería muy vulgar; tan vulgar como lo que estamos acostumbrados a hacer a diario, propugnando, desde la incoherencia o la ignorancia, desde cualquier bandera o color, incluso desde la trinchera de nuestras gríngolas honestamente confeccionadas, el pensamiento único, entubado, universal. Que tú estés equivocado no significa que yo no lo esté. Que tú no tengas la verdad en tus manos no implica que yo sí. No se trata de lanzarnos a la cuneta y desde allí echar plomo a los demás; como dije, eso sería bastante vulgar —y lo sabes—. Haz que te alejas del tema y comienza a ver un panorama más amplio. Elévate de tu parcelita de opiniones y comienza a distinguir lo amplio, el flujo de lo que ya es a pesar de tus deseos sinceros, pero mezquinos. Yo no lo sé, pero tal vez sea posible que descubras un bosque variado, complementario, natural, maravillosamente distinto al conuco que deseabas imponerle a los demás. Creo que es un buen momento, porque así como vamos, no habrá nadie capacitado para reconstruir esto.