Siento que la plena libertad no se puede alcanzar mientras uno esté acompañado o dedicado a las responsabilidades familiares o fraternas a las que todos nos vemos obligados, muchas veces, por nuestras propias decisiones. Claro, habría que definir cuál es esa "libertad" de la que hablamos y que colocamos como un objetivo en la vida. Podría ser que no quisiéramos esa libertad en la que somos arrojados al ruedo para ocuparnos, para decidir y ocuparnos de cada aspecto de la vida. Tal vez no deseamos ese grado de soledad, de independencia y preferimos el apoyo de nuestros queridos-queridos en cada vez más cosas con las que tengamos que lidiar. Tal vez lo natural-emocional se pelea con lo intelectual-interno y termina ganando la caricia, la sensación de compañía, el apoyo, aunque tenga considerables vaivenes, altibajos, enfrente a alcanzar la autorrealización y la paz absoluta. Tal vez es una batalla perdida la de perseguir la libertad en el sentido panfletario, romántico o práctico. Tal vez es cuestión de negociar con el interlocutor permanente un espacio de libertad en el que los aspectos individuales se revitalicen y fortalezcan en lo posible, para regresar luego a un estado compartido de cada vez más perfección en estos entornos modernos antagónicos a lo estable, a lo silencioso, al gozo moderado en lugar de la pasión continua y desgastante del videoclip de moda.
Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
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martes, 25 de octubre de 2022
martes, 23 de agosto de 2022
La libertad individual
La libertad, me parece, radica en la posibilidad de satisfacer nuestras necesidades reales. La libertad individual es difícil de apreciar, de medir, porque muchas de nuestras motivaciones son externas, no internas; nuestras necesidades no siempre son las nuestras, sino implantadas. Buscamos libertad, amor y seguridad por fuera de nosotros y eso nos deja en un grado de vulnerabilidad peligroso en el que no tenemos control sobre nuestro propio bienestar. Queremos tener dinero porque los demás, los que tienen dinero, tienen seguridad económica; queremos estudiar esto o aquello porque esa otra gente la pasa muy bien; queremos una pareja porque los demás se ven muy bien agarrados de mano en la calle; hay que ser médico, casarse y tener hijos porque… porque los otros lo hacen, claro. Y con la cabeza mirando hacia afuera, casi que no somos responsables de nada de lo que nos ocurre. Como todo viene de afuera, la responsabilidad la termina teniendo otro. En este escenario, el desastre no tarda demasiado en aparecer y la victimización se convierte en la un instrumento útil para sentirnos acompañados, considerados, aunque siempre dependientes. La única manera de averiguar cuáles son nuestras necesidades propias (y no las del grupo) es experimentando y evaluando si nuestros objetos del deseo son imprescindibles para vivir o si son solo un extra, un deseable, la guinda del trago, pues. De resto, estamos condenados a esperar las limosnas del otro y nos exponemos a morir en la prisión de las ilusiones ajenas, con la mano estirada… y vacía.
jueves, 10 de febrero de 2022
Soy libre
Soy libre. Libre de la única forma en que se puede ser libre: libre de la identidad. Identidad es apego. Identidad es garrapata con algo con lo que nos quisiéramos fundir hasta ser eso mismo. Soy libre de la identidad; de la identidad con grupos, con multitudes, con pensamientos pasajeros, ajenos, interesados. Soy libre de las emociones perniciosas que alguna vez me definieron. Soy libre de la personalidad, esa bandera que clavamos tan convencidos en nuestro corazón inocente, ese maquillaje forzado con el que queremos aparecer ante los demás para no ser tan ese que éramos cuando niños, cuando comenzaron a nacer todas las penas y las vergüenzas actuales. Como verán, no dije “cómodo” o “feliz”… dije “libre”. Esa nueva libertad me suelta con una gran caja de herramientas en un campo en el que todo está por hacer. ¿Todo de nuevo? ¿Y eso no duele? Duele, sin duda, pero ya no aguanto los alivios, los paños calientes temporales que me traen doblado y cabizbajo desde hace rato. Ahora necesito curarme y eso requiere arrancar las costras viejas para crear nuevas cicatrices, efectivas, amorosas, que me permitan caminar a través de lo que otrora fueron rejas y muros construidos con las mismas fuerzas con las que ahora quiero destruirlas.
sábado, 24 de abril de 2021
Libertad inoportuna
Ya no sé qué hacer. Estoy en un punto muerto. Ya todas las fuerzas resultan en cero y no sé adónde moverme o qué hacer. Se acabaron ya las luchas cotidianas por obtener el alimento, la salud, de andar apretujado en el metro o en el autobús y aquí estoy, sin poder resistirme a nada desagradable, sin tener como excusa los productos del pasado o de la mala suerte. Ya logré todo, aparentemente, y hasta comencé a engordar. Tengo mi casa llena de los mejores muebles y aparatos, y voy por la tercera remodelación que me importará un pepino en dos meses. Me dicen que logré lo que casi nadie logra, que soy un ejemplo de progreso en sociedad. Seguí todas las recetas para el éxito y mira que me salieron bien. Sin embargo, aquí sigo sin determinar cuál es la próxima meta porque ya las conseguí todas. Estoy fastidiado, aburrido; estoy en el ojo del huracán, donde todo es calma temporal, sabiendo que viene la segunda parte de calamidad que me arrastrará inexorablemente, mientras me dice con precisión qué carajo me pasa. ¿Mientras? Pues, seguiré jugando con cada juguete nuevo, con cada entretenimiento de moda o haciendo aspaviento de mis logros en cocteles y reuniones sociales, evitando mientras pueda quedarme solo en este vacío tan lleno de peroles…
miércoles, 10 de junio de 2020
Un día me liberaré
lunes, 24 de febrero de 2020
Me siento solo
Me siento
solo. La verdad es que me siento bastante solo. No soporto los momentos de
silencio que me brinda esto de vivir así. Más bien quisiera tomar de la mano a
alguien el sábado por la noche, recibir caricias el domingo en la mañana,
sonrisas y ternura al alcance de la mano, pues. Que cada día me espere en casa
para preguntarme cómo me fue en mi día. Alguien que caliente mi cama en las
noches y le quite este frío a los lados. Cómo me gustaría presentarla a mis
compañeros, mostrarle mis fotos de los viajes y una que otra de la cotidianidad
traviesa en la que seguro estaría sumido con ese amor hasta ahora ficticio. Pero
pasa que mientras escribo, al finalizar cada coma, cada punto y aparte, me doy
cuenta que no estoy dispuesto a intercambiar con nadie, sino que voy solo a
pedir. Al parecer, alguna esquina de mi conciencia me ilumina hoy y me dice que
soy una esponja seca y desesperada dispuesta a extraer todo lo que se me
arrime; que no estoy dispuesto a colaborar, a compartir, a negociar, a crecer
en compañía. En este punto del texto ya me convencí de que mejor me quedo
tranquilito y reflexiono sobre el asunto antes de salir a depredar a la primera
inocente que se fije en mí… mira que vivir así es una manera dolorosa pero
segura de vivir en libertad, y eso de hacer lo que a uno le da la gana no lo
voy a perder.
sábado, 10 de agosto de 2019
Libertad estúpida
Me
hablas de vives con libertad plena, pero no puedes hacer lo que quieres. Casi
me gritas que haces lo que te da la gana, pero cada día luces más ansioso. Me enumeras
“sistemas que funcionan”, pero cada vez luces más enfermo, más preocupado. Me
echas en cara que el afecto es un estorbo, que es totalmente prescindible al momento
de perseguir tus sueños, pero tu mirada y tu risa nerviosa te delatan ausente.
La verdad no se qué te pasa, pero ya no te reconozco como el cerro de simpatía
y disposición que eras antes; “antes” de no sé qué te picó y te enfermó
gravemente de “proyectitis” a ultranza. Creo que no te quieres quitar esos anteojos
de una sola perspectiva mientras te hundes entre tus conceptos y planteamientos
que de ninguna manera creo que sean una locura: la locura es ponerlos a la
vanguardia de cada amanecer.
miércoles, 3 de abril de 2019
Mundo retorcido
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