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lunes, 15 de marzo de 2021

Morir como un estúpido

No voy a esperar la cercanía de la muerte para querer vivir. No voy a esperar a que la pelona me toque la puerta y me dé un susto para reaccionar. No quiero esperar hasta el momento en que el médico me diga que ya no se puede hacer nada para ver qué puedo hacer. No quiero enterarme tarde de que desperdicié el regalo más grande que pude haber recibido. La verdad es que quisiera morir tranquilo y no sintiendo que fui un completo estúpido.

jueves, 26 de septiembre de 2019

Somos los payasos del circo

Discusiones acaloradas. Investigaciones encontradas. Argumentos cada vez más brillantes. Criterios monolíticos formados a la luz de la ciencia, la tecnología y la ciencia social. Estudios, planes, gestiones, supuestos éxitos celebrados y presuntos fracasos apedreados. Emociones, proyectos de vida y países, y la eterna esperanza de ganar el juego. Con suerte, mucho esfuerzo y un mar de entusiasmo, llegaremos a ser los abanderados de algo que se va desvaneciendo a medida que nos acercamos. Resulta que la cosa no era así como crecimos escuchando. La cosa era más aparente de lo que aparentaba. Estamos mirando cada evento con anteojos impuestos, recibidos con una convicción invencible. No nos dimos cuenta del escamoteo, de la trampa, del verdadero interés. En este punto, a esta fecha, no sabemos quiénes mandan, cuántos son, cómo se llaman o dónde viven. Solo sabemos que nos hemos vestido con ropa ajena y en cualquier momento nos desnudarán en la calle. Ahora, solo ahora, podemos darnos cuenta, después de hacernos un par de preguntas, que no somos tan dueños de nada, sino solo los payasos del circo.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

El necio exige una explicación

El necio exige una explicación. No está nada mal que lo haga, porque nos deja las puertas  abiertas para expresar nuestro punto de vista. Lo malo es que exija que esa explicación se monte sobre su lógica necia. Es como explicarle la gravedad a un loro. Es como traducir una verdad diáfana, que incluso se puede tocar con las manos, a quien se empeña en distraerse con la arañita de la pared. Es como estructurar un discurso vivido y coherente mientras la contraparte está haciendo un dibujito ahí. La verdad es que a veces provoca seguir adelante y dejar que todo se resuelva con un poquito más del dolor, con más naturalidad, sin tu tan linda intención de ayudar; es decir, que se dé su carajazo cuando le toque.

sábado, 10 de agosto de 2019

Libertad estúpida

Me hablas de vives con libertad plena, pero no puedes hacer lo que quieres. Casi me gritas que haces lo que te da la gana, pero cada día luces más ansioso. Me enumeras “sistemas que funcionan”, pero cada vez luces más enfermo, más preocupado. Me echas en cara que el afecto es un estorbo, que es totalmente prescindible al momento de perseguir tus sueños, pero tu mirada y tu risa nerviosa te delatan ausente. La verdad no se qué te pasa, pero ya no te reconozco como el cerro de simpatía y disposición que eras antes; “antes” de no sé qué te picó y te enfermó gravemente de “proyectitis” a ultranza. Creo que no te quieres quitar esos anteojos de una sola perspectiva mientras te hundes entre tus conceptos y planteamientos que de ninguna manera creo que sean una locura: la locura es ponerlos a la vanguardia de cada amanecer.

martes, 7 de mayo de 2019

Inteligencia estúpida

Dices que eres inteligente porque sabes sumar “2 + 2”, porque sabes resolver una ecuación matemática. Afirmas, vehementemente, que puedes encontrarle la vuelta a cualquier situación que involucre la lógica más avanzada. La verdad es que exiges muchas reivindicaciones por tus notas y tu academia ‒y tal vez las merezcas‒, pero es que a la hora de resolver situaciones serias, te vuelves una pantaleta. Ciertamente, abordas el enunciado con gracia y con soltura, mientras tartamudeas al conversar. Argumentas con brillantez sobre las probabilidades de un evento de la naturaleza, mientras posees una empresa depredadora de recursos. Con rayar durante dos minutos sobre un trozo de papel, te bastará para venir con una propuesta a largo plazo sobre alguna propuesta rentable destinada al próximo buitre, mientras mantienes a raya, tal vez con algo de fobia, a la solidaridad con el vecino. Desde lejos se me antoja que la llamada inteligencia no tiene mucho qué ver con las habilidades mágicas o los malabares callejeros asombrosos, sino con el criterio de por qué estas cosas despampanantes deberían ejecutarse en lugar y por encima del desarrollo, la dignidad, la solidaridad y la compasión humanos. Te digo, mi pana, que desde aquí no pareces un ser agraciado con posibilidades infinitas de bienestar… desde aquí, solo me pareces un primate entrenado para el espectáculo.