Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
lunes, 16 de marzo de 2020
Me duele la mente
viernes, 13 de marzo de 2020
Ahorita no pasa nada
lunes, 9 de marzo de 2020
Amor de a poquito
domingo, 8 de marzo de 2020
Vidas separadas, por favor
sábado, 7 de marzo de 2020
Oh, joven médico...
viernes, 6 de marzo de 2020
Un espacio alrededor de mí
Siento
un espacio alrededor de mí. Es algo nuevo, extraño. No sé si se originó como algo
físico o sicológico, pero ahí está. Es un espacio que me deja moverme, en el
que tengo libertad de acción; tengo a veces la impresión de que esa franja que
me envuelve me da tranquilidad y me protege. Veo cómo las palabras y las
acciones de los demás están más allá de ese espacio, y que la distancia es tal y
tan adecuada que no me afectan, no me desaniman, no me vuelven loco o me ponen
a correr o a llorar. Creo incluso que detrás de esa barrera silenciosa también
han quedado mis lamentos, mis incomodidades, mis tormentos. Cuando veo una
chispa que sale o se acerca a mí, esa zona de seguridad me proporciona antelación
suficiente para observar el fenómeno sin ofuscarme, sin responder a la ligera,
y puedo entonces colocar todo en perspectiva, mirar lo que hay detrás,
identificar y separar la realidad de la ficción para luego responder, si fuese
necesario, en términos pacíficos, constructivos, y aún así, creativos. No sé
cuándo llegó este paréntesis entre yo y mi entorno, entre yo y mi interior,
pero de verdad que estoy infinitamente agradecido.
Con mi parcela no te metas
Nos encanta separar. Nos embriaga desconectar, marginar,
segregar, aislar. “Analizar”, dice el licenciado; delimitar, clasificar,
disgregar, disociar “para estudiar mejor”. Y así dejamos todo: separado,
desconectado, como el niño que juega, se cansa y deja todo regado. Así es como
vemos el mundo al día de hoy, en parcelas, en propiedades, en trozos
irreconciliables, desconectados. El médico del estómago resiente que el médico
de la cabeza le diga qué hacer. El político de un color es enemigo del político
del otro color. El habitante de una latitud es superior al habitante de otra
latitud. Ni hablar de colores. Separados por dentro y por fuera, partidos y
repartidos en pedacitos que originalmente se concebían como una sola cosa, durante
el supuesto avance, como producto del tan cacareado progreso, quedó todo atrapado
en estratos, encarcelado en catálogos, habitando en jaulas irreconciliables
entre sí. No es raro ver ahora, como consecuencia lógica, un mundo en el que
uno debe “marcar la diferencia”, “destacar entre los demás”, “callarle la boca al
vecino”; un mundo de guerras sin sentido para la mayoría, de muerte y
asesinatos interminables; un mundo en el que el pensamiento, las utopías, las
ideologías, la ciencia y la tecnología no dan pie con bola con la solución
última del ser humano, con su felicidad auténtica, porque hace siglos ya de la
separación, de la pérdida de la unidad, del establecimiento del otro como
enemigo por miedo, por egoísmo, por mezquindad y de nuestra identidad interna
partida en roles, en funciones que nos traicionan de alguna manera y convierten
la vida en una costosa y lamentable pantomima.
jueves, 5 de marzo de 2020
Llámame, pero bien.
Llámame
para decirme que estás bien. Llámame esta vez para aclararme que la cosa se
había complicado, pero que te moviste y ahora estás tranquilo. Llámame, chico,
para preguntarme cómo me siento, para ponerle solución al problemita ese del
que sabemos. Llámame a buena hora, en tu mejor momento, para compartir algún
descubrimiento que hiciste durante el día y que te ayudará a resolver muchas de
las cosas que hasta ahora te aquejaban. Llámame para plantearme una duda y una
visita con café. Llámame para algo bueno, o en su defecto, para contarme cómo
es que conservas el entusiasmo y la esperanza en medio de la crisis. Llámame para
proponer, para celebrar, para llorar, si es el caso, pero que sea con la
intención de salir adelante. Si no tienes ahorita ganas de ninguna de estas
llamadas y prefieres conservar tu disfraz de nube gris, por favor, no me
llames.
miércoles, 4 de marzo de 2020
Resistirse a la vida real
Llegó
el ser humano con la pretensión de dominar la vida, de someterla a sus antojos,
de resistirse las leyes que la rigen, ignorando las consecuencias de tal
despropósito, pasando por alto la temporalidad de todo lo que hay en ella: de su
propia salud, de sus propios objetos, de su propia existencia. Fue así, pues, por
la ilusión de dominar lo indómito, de canalizar fuerzas mucho mayores para un
supuesto provecho, que levantó castillos y monumentos sobre el barro, y ante la
inminencia del hundimiento, intenta echarle la culpa a los demás, a lo demás. La
ficción desechó la responsabilidad para siempre. Esa ilusión enceguecedora se
erigió sobre la razón, sobre lo que es como es y seguirá siendo a pesar de los
caprichos, le hará terminar su vida cansado y vencido por ese caudal
todopoderoso, frustrado por no haber logrado la empresa demente de dominar todo
cuanto le rodea, sin haber comprendido que era solo una pequeña parte de algo inmenso,
fluido, perfecto; una partícula minúscula y atrevida, aparentemente inteligente
que siempre falló y seguirá fallando en su cometido.
domingo, 1 de marzo de 2020
¿Una vida consciente? Ojalá.
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