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sábado, 15 de junio de 2019

"Te quiero", solamente.

Decir “te quiero” solamente, nada más. Decir “te quiero” es bonito, es hermoso, es una expresión que resume un sentir profundo de bondad y cariño hacia el otro y lo empaqueta en dos palabras: “te quiero”. Pero la expresión es un extracto que ocasionalmente se vuelve, en sí mismo y a falta de respaldo, una mentira. Comenzamos a omitir los elementos que nos llevaron a “quererte”. Saltamos por encima de los requisitos necesarios para poder decírtelo, pero incluso así, te lo seguimos diciendo. Prontito, se convierte en rutina, así como dejar la llave en el clavo, como tomar café o hacer el mercado, hasta llegar al punto de decirlo como decir “estoy bien”, cuando sabemos que estamos bien fregados. Al final, y a falta de revisión, decir “te quiero” pasa de ser un compendio comprimido y amoroso de una forma de ser, de estar, de sentir, a ser toda una falacia, un saludo a la bandera, un apaciguador vacío. “Te quiero” se convierte finalmente en un apuntador a un momento pasado ya sin vigencia. Así que… ¡a ver, mequetrefe!, ¿de verdad me quieres?

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