A falta de apuntalamiento interno, de asidero propio, mi identidad debe salir y regarse por allá fuera para constituirse de lo que encuentre por ahí. De ahí que debo ser patriota rabioso, un apasionado miembro del condominio o del partido, de un exclusivo grupo contemporáneo o profesional. Desaparecí de mi propia intimidad. A falta de ser, debo pertenecer, debo hacer incansablemente. Debo defender apellidos, banderas, logos y hasta hobbies para sentir que estoy haciendo lo correcto, que no estoy traicionado eso que ahora soy. Pero no soy nada de eso, realmente, porque todo ello es secundario. Aunque mi ego me grita que me atrinchere, que apuñale al desertor, en mi soledad se desata todo lo que dejé abandonado: mi verdadero yo: eso que era antes de ser enjabonado con ideas de otra gente. Es como una verdad que me persigue mientras yo busco enterrarla entre la multitud, entre el ruido, entre las consignas inútiles que igual no me dejan dormir en paz.
Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
lunes, 5 de septiembre de 2022
domingo, 4 de septiembre de 2022
Sentirse bien
Aparentemente, todo en la vida conspira contra la sencilla afirmación: "me quiero sentir bien". Dicen que ese sentirse bien depende de tantas condiciones que es prácticamente imposible. Dizque creencias, dizque expectativas, dizque experiencias, dizque maneras de percibir. Ese envoltorio grueso e impermeable se muestra imbatible, sobre todo para quienes no están dispuestos a retroceder, dolorosamente, aunque solo esto permita avanzar en la curación.
sábado, 3 de septiembre de 2022
La pelona anda suelta
La pelona anda suelta. Se descontroló. En contra del pronóstico de que cuando están lejos no está cerca y viceversa, la muy desgraciante se hizo presente aquí, allá y acullá a misma vez. Con una barrida muy jodida, se llevó a varios, muy queridos unos, igual de impactantes otros. La dinámica de reunirse en el duelo para la reflexión se vio interrumpida por la nueva noticia, y así iba. Así que, en medio del sacudón y sus réplicas, no ha habido tiempo de aprender ni un poquito de aquello que supone la peor pérdida y que debe brindar el mayor aprendizaje de todos: la muerte.
jueves, 25 de agosto de 2022
Se rompió otra ilusión
Se rompió otra ilusión, una que tenía en el mostrador con apariencia de realidad. La convicción me hizo exigirle protagonismo, pero no respondió: se cayó y se rompió como el parapeto que era. La conciencia ganó terreno con algo de dolor, como es usual, para dejar atrás otro mito, otro prejuicio mal adquirido y se impuso, como siempre, el darse cuenta. Hoy amanecí, espero, un poquito más cerca de la verdad.
Consecuencias acumuladas
Se acumularon las consecuencias de mis decisiones y no luzco bien. Se fueron juntando, poco a poco pero imparables, los productos de mis consideraciones pasadas en un retrato que no me gusta nada. Ya no puedo defender honestamente mi posición de siempre —ya no— y me dispongo a ver qué hago con este caldo grisáceo de situaciones que me autopropiné y saber si tengo todavía posibilidades de responsabilizarme o, por el contrario, me sigo haciendo el pendejo.
martes, 23 de agosto de 2022
La libertad individual
La libertad, me parece, radica en la posibilidad de satisfacer nuestras necesidades reales. La libertad individual es difícil de apreciar, de medir, porque muchas de nuestras motivaciones son externas, no internas; nuestras necesidades no siempre son las nuestras, sino implantadas. Buscamos libertad, amor y seguridad por fuera de nosotros y eso nos deja en un grado de vulnerabilidad peligroso en el que no tenemos control sobre nuestro propio bienestar. Queremos tener dinero porque los demás, los que tienen dinero, tienen seguridad económica; queremos estudiar esto o aquello porque esa otra gente la pasa muy bien; queremos una pareja porque los demás se ven muy bien agarrados de mano en la calle; hay que ser médico, casarse y tener hijos porque… porque los otros lo hacen, claro. Y con la cabeza mirando hacia afuera, casi que no somos responsables de nada de lo que nos ocurre. Como todo viene de afuera, la responsabilidad la termina teniendo otro. En este escenario, el desastre no tarda demasiado en aparecer y la victimización se convierte en la un instrumento útil para sentirnos acompañados, considerados, aunque siempre dependientes. La única manera de averiguar cuáles son nuestras necesidades propias (y no las del grupo) es experimentando y evaluando si nuestros objetos del deseo son imprescindibles para vivir o si son solo un extra, un deseable, la guinda del trago, pues. De resto, estamos condenados a esperar las limosnas del otro y nos exponemos a morir en la prisión de las ilusiones ajenas, con la mano estirada… y vacía.
martes, 9 de agosto de 2022
El amor deberá guiar
El amor deberá ser la guía. La acción amorosa será el instructivo para hacer las cosas bien. Sin mucho análisis, sin manuales complejos, sin reglas estrictas y sin leyes más allá de una filosofía de la bondad. La bondad bien entendida como constructora del bien y no como el regalo incondicional que termina en enredo o desgracia. Claro, la capacidad de leer las instrucciones no será gratis y habrá que pagar un precio amargo en entender el significado del amor verdadero.
Me voy antes
jueves, 4 de agosto de 2022
Caminando por las piedritas
Caminando por las piedritas, las del río. Caminando con cuidadito, con las rodillas flexionadas y los brazos a los lados, casi como pidiendo calma. El río creció de nuevo y exige mayor atención y concentración que antes. Considero que fue poco el tiempo de satisfacción y regodeo en los logros recientes y ahora la corriente viene con todo a poner a prueba lo que les cacareaba a mi audiencia de coctel. Antes de que el agua me lleve, debo saber cómo afincar los pies en las piedras movedizas, resbalosas, unas veces de apoyo y otras como cómplices aparentes de la adversidad. No se podría negar categóricamente que la responsabilidad propia existe, pero el embate es duro; la embestida es como para coger palco. Honestamente, siento que he avanzado, pero cada prueba produce más frustración que la anterior y como que no deja tiempo para sacudirse y aclarar la estrategia del momento. En este momento, aunque veo la otra orilla más cerca y me aferro a llegarle, la verdad es que siento también un poco de frío burlón en los huesos.
Deslizándome hacia atrás
Los pies, que caminaban a buen paso, comienzan a detenerse y a hundirse. La sensación de deslizamiento hacia atrás es extraña, lenta y desconcertante. Es como barro que sale del suelo y nos lleva poquito a poco en un deslave prometedor de incertidumbre. Me dejo caer en la silla en la que solía reflexionar, analizar, llegar a conclusiones para luego levantarme y concretar el aprendizaje, pero sus patas se han sumergido ya en el torrente cenagoso que sigue su curso en bajada, en aumento. Todo se convierte en partes más pequeñas que caen y avanzan. Me muevo para ver por la ventana por la que solía asomarme para recibir la brisa de la tardecita y mirar hacia lo extenso y positivo, como para darme ánimos por cada día difícil, por cada semana difícil: pues ahora la vista da a una avalancha total que se aproxima y las paredes que antes me protegieron se agrietan poco a poco, uniéndose al resto del deslizamiento que comenzó hace ya un rato y que cumple burlona su promesa de dilución del avance que puertas adentro yo experimentaba con tremenda satisfacción. Poniéndolo todo en perspectiva desesperada, espero que todo sea otra oleada de pruebas que parecen llover de vez en cuando para que se sepa porái si uno aguanta la pela o no. Ojalá esto sea una materia difícil más en este curso infinito que no concede vacación al noble pellejo.
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