Siempre temí ser bruto, por lo que siempre me resistí, sistemáticamente, a someterme a las pruebas que lo confirmaran. Los exámenes sicotécnicos fueron un verdadero reto, no tanto por los resultados, los cuales nunca fueron tan malos como temía, sino por temor mismo a fallar durante la tarea. Cuando alguien me preguntaba si había hecho tal o cual ejercicio, el desafío de moda o la prueba pendiente requerida por el sistema, bien con una risita nerviosa o con un rotundo “no me interesa” abandonaba el grupo y me iba a ver si “el gallo puso”. Los mensajes del entorno solían ser directos, elocuentes y claro, desalentadores. Sin un tutor sicológico o un amor consciente a la mano, no había mucho sueño o proyecto que me ocupara la mente, por lo que, al margen, sí pude disfrutar plenamente de eso que llaman el ahora durante mi niñez. Pasaron los años y desde mi coraza miedosa comencé a abrirme paso entre las maneras, entre los métodos, entre mis posibilidades reales y mira, resulta que bruto no era. Sí quedaron las taras residuales de la creencia recién abandonada, como la inseguridad, pero el progreso en los logros fue aumentando hasta llegar a un nivel muy aceptable de mi parte. No es que luego fuese noticia o saliera en los comerciales o programas de entrevista, pero sí pude lograr mi estrellato íntimo como alguien capaz de hacer lo que quisiera, aún cuando “lo que quisiera” no estuviese todavía a la vista… y tal vez todavía no lo está porque el camino que escogí de viejo no fue el de la capacidad publicitable, pero no me cabe duda de que el encuentro con mi potencial, inicialmente negado, sigue siendo sumamente grato.
Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
jueves, 12 de noviembre de 2020
lunes, 9 de noviembre de 2020
No me gusta mi vida
No me gusta mi vida porque no es como quiero que sea. Y, ¿cómo quiero que sea? La verdad no sé, pero seguro no es como es ahorita y desde hace tiempo. Me enseñaron a soñar, a imaginar, a proyectar, pero nunca me dijeron cómo es que se disfruta el día de hoy, sin apuros, sin urgencias, plenamente o cómo es que se acepta lo que es como es. Fui equipado por los míos y por el entorno con los más pesados condicionamientos, con las más agringoladas creencias; y en este punto, siento que la colección imaginaria doblar la espalda y las rodillas. En medio de prejuicios, resistencias y demás tributarios del miedo, mi paso casi se paraliza mientras, aparentemente, tengo un extenso camino enfrente… dicen ellos. Me dicen que no me gusta la vida porque no he vivido, que el latir de mi pecho no significa disfrute, sino pura y simple sobrevivencia camuflada. Afirman con vehemencia que mientras vivo de un posible pasado glorioso o esperando un futuro mal prometido, todos mis “ahoras” siguen circulando y yéndose irreparablemente por la cañería, sin entrar en el álbum, sin firmar el libro de visitas… solo marcando tarjeta antes de entrar en el matadero que es cada día de mi vida.
martes, 3 de noviembre de 2020
A mis 50 años
A mis 50, lavé los platos cuando estuve dispuesto, boté la basura cuando la bolsa estuvo llena y me bañé cuando lo preferí. En el medio cupón, negocié solo lo pertinente, visité cuando quise y cedí el asiento cuando pude. A los 50, me descubrí detrás de una pila de basura ya visible y fácil de remover. Al abrir la puerta otoñal, dije solo lo necesario. A estas alturas, pude ver que el amor no es un chorro selectivo, sino que soy la fuente abierta del amor que se vierte antes sobre mí y lo recibe quien se atraviese. A mis 50, puse a la pasión, a la culpa, al arrepentimiento y a lo que pudo ser en su santo lugar y me deslicé a lo que soy y a lo que puedo hacer. A los 50, creo que comienzo a aceptar, en lugar de resignarme.
viernes, 23 de octubre de 2020
Jugar al loco
Entrar en la locura ajena. Meterse a jugar la locura colectiva. Contaminar sin mucho sentido lo que cuesta tanto mantener sano. Ser halado por las fuerzas poderosas de la ira, la tristeza, el miedo. Dejarse enganchar por un comentario, por una noticia, por una especulación y caer por el hueco de la discusión con los demás o con uno mismo. El cuestionamiento, la resistencia, el pie de guerra siempre a punto, bien dispuesto para dejarse llevar y perderse cada vez. La pesadez me embarga y no sé exactamente por cuál de los episodios... Digamos que por todos, por el conjunto, por la pila de basura que todavía me cuesta esquivar cuando aparece en el horizonte de mi vida generalmente calmada.
lunes, 12 de octubre de 2020
Si no estuviésemos juntos
Si no estuviésemos juntos, si no tuviésemos nada hasta ahora y fuésemos, digamos, vecinos, me asomaría por la ventana para verte cuando salieras o llegaras de la calle. Si no tuviésemos lo que tenemos ahora, buscaría una excusa, digamos, barrer el porche, sacar el perro o lavar el carro, para saludarte de cerca. Si nuestra juntura nos hubiese sido negada hasta ahora, iría a tu casa a llevarte algo que no era tuyo o a pedirte un poquito de azúcar −manque fuese yo diabético−. Te perseguiría a la panadería, al mercado, a la farmacia, para buscarte conversa y buscar en tus ojos alguna señal de reciprocidad, de autorización para avanzar un poco más. Si no nos conociéramos como ahora, si no abrigáramos aun lo que sentimos ahora el uno por el otro, seguro yo haría lo posible porque ocurriera, y conociéndote como te conozco, sé que harías lo posible por no arriesgar tu reputación y le darías largas a mi intento, pero ya ves, mi ya viejo amor: yo ganaría.
domingo, 11 de octubre de 2020
Vida esquiva
La vida
me resulta esquiva. ¿Por qué la vida no es como quiero que sea? ¿Será que no
estoy en el lugar o el momento adecuado para que lo sea, que me tengo que ir o
esperar un poco más? ¿O será más bien mi perspectiva, mi manera miope de ver
las cosas? Si fuese mi lente el del problema, ¿por qué pienso así, por qué me
empeño en esperar que la vida sea de tal o cual manera? ¿De dónde saco yo tanta
expectativa, tanta plantilla ajena que termina en un choque de frente con la
realidad? La verdad, es que no tengo la menor idea. Seguiré sufriendo, pues, un
poco más a ver qué sale… porái dicen que de tanta roncha, uno termina por
aceptar y tranquilizarse, pero yo no quiero ser así de pusilánime.
viernes, 9 de octubre de 2020
Heridas que mandan
Heridas
que no sanaron. Cicatrices que no cerraron. Daños que no fueron digeridos como
parte necesaria de la existencia que quedaron haciendo erupción permanente de rabias,
de miedos sin causa aparente, de emociones que dictan, hasta ahora, el ritmo errático
de nuestro pensar, de nuestro sentir, de nuestro actuar. Personalidad endurecida
para el resto del mundo, marcando la pauta de la excelencia circunspecta, de
dureza hacia la debilidad propia y hacia la ajena. Juez ciego. En lugar de un hada
madrina, sobreviene el látigo invisible de siempre, manufacturado en los años
originales que nos repica detrás y no endereza a cualquier señal de dolor, de
hastío, de tristeza y es cuando nos paramos firmes de nuevo —¡firmes siempre!—,
bamboleándonos, muy a escondidas, entre la honestidad dolorosa y la firmeza inhumana
que el mundo de afuera requiere para triunfar, avanzando descalzos sobre las espinas
que debieron quedar atrás y no quedan, dejándonos siempre atrapados en esta
dualidad que mata todos los días.
jueves, 8 de octubre de 2020
Llegar lejos, llegar solo
Hay un tema raro, aunque repetitivo, y es que “el dinero no da la felicidad”. Por supuesto, la afirmación (o negación) es un cliché generalizado. Lo que puede ser una expresión que se acerque más a la realidad estadística es “la soledad no da la felicidad”, por lo que pareciera que no importa lo que logres en la vida, si no tienes afecto alrededor, no es completa la felicidad que este logro provee. Por otro lado, si unimos esta premisa con la falta de control que parecemos tener sobre nuestras vidas —lo que se comprueba fácilmente echando un vistazo y comparando el plan inicial con el resultado final—, no me queda claro si sea tan sano emprender un viaje a la Luna sin la compañía ocasional, sin la calidez del otro, sin el abrazo correspondido. Tal vez llegar lejos no sirve si llegas solo. Aparentemente, no importa lo que emprendas o qué tan individual o aislado pueda ser, el contacto con los demás eventualmente tocará tu puerta y vas a tener que abrirle si es que quieres seguir avanzando.
lunes, 5 de octubre de 2020
Como bobos mirando el dedo
Entonces nos quedamos con la mala costumbre de seguir al maestro y no a la enseñanza. Como bobos, no dejamos de ver el dedo en lugar de acoger a lo que este señala. No aprendemos. Continuamos montándonos en el lomo a la persona que muestra, a la persona con mayor atención o elocuencia, y en lugar de entrar por la puerta del entendimiento, de apreciar el valor que debe guiar, el principio que mueve, decidimos estancarnos ahí mismo y seguir siendo los borregos de una enseñanza que se puede descomponer, desvirtuar o envilecer en manos del sabio de turno. En el peor de los casos, si nos vamos a equivocar, que sea por nuestros propios tropiezos, por el esguince en nuestras percepciones y no porque se rompió el mecate que escogimos para opinar.
jueves, 1 de octubre de 2020
¿Dormir separados? ¿Tú estás loco?
Dormir juntos es uno de los símbolos por excelencia de la entrega, de compartir. De ahí que las parejas tradicionalmente duerman juntas para demostrar lo cerca que se sienten el uno del otro, lo sólido de su unión. Sin embargo, existen parejas que duermen separados. ¿Dormir separados es acaso una señal de falta de amor, de una relación disfuncional que pronto va terminar? ¿Quién, en su sano juicio, querría entonces dormir separado de la persona que ama? Bueno... si alguno de los dos ronca, si alguno de los dos chilla, si alguno de los dos necesita dormir con los brazos extendidos, en posición de Superman o lanzando patadas o manazos durante el sueño; o si a alguno de los dos le gusta dormir con la luz prendida, si alguno de los dos le gusta escuchar música mientras duerme, si alguno de los dos se levantan en la madrugada a ver televisión, escuchar la radio o a ver las redes sociales, la verdad no veo porque el otro deba aguantarse todo eso si lo que quiere es dormir. Aguantarse todo eso en nombre del amor, es decir, de un amor que obliga a la tortura, la incomodidad… eso no se parece mucho al amor que se juraron cuando decidieron vivir juntos. De hecho, dormir separados no significa dejar de hacer el amor, dejar de acariciarse, dejar de ser cariñosos; sólo significa "dejar de dormir juntos". El resto de la vida sigue adelante. Sin dramas, sin ganas de morirse porque todo fracasó y sin predicciones de tragedia. Resultaría fascinante amarse conscientemente, acercarse a darse un cariñito con intención, con ganas cada vez, sin que la cama lo haga obvio e inevitable. Resultaría, incluso mejor que hacerlo, en el peor de los casos, por rutina, porque ya estamos en el cuarto, porque ¿qué se le va a hacer? ¿No te parece?
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