No me gusta mi vida porque no es como quiero que sea. Y, ¿cómo quiero que sea? La verdad no sé, pero seguro no es como es ahorita y desde hace tiempo. Me enseñaron a soñar, a imaginar, a proyectar, pero nunca me dijeron cómo es que se disfruta el día de hoy, sin apuros, sin urgencias, plenamente o cómo es que se acepta lo que es como es. Fui equipado por los míos y por el entorno con los más pesados condicionamientos, con las más agringoladas creencias; y en este punto, siento que la colección imaginaria doblar la espalda y las rodillas. En medio de prejuicios, resistencias y demás tributarios del miedo, mi paso casi se paraliza mientras, aparentemente, tengo un extenso camino enfrente… dicen ellos. Me dicen que no me gusta la vida porque no he vivido, que el latir de mi pecho no significa disfrute, sino pura y simple sobrevivencia camuflada. Afirman con vehemencia que mientras vivo de un posible pasado glorioso o esperando un futuro mal prometido, todos mis “ahoras” siguen circulando y yéndose irreparablemente por la cañería, sin entrar en el álbum, sin firmar el libro de visitas… solo marcando tarjeta antes de entrar en el matadero que es cada día de mi vida.
Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
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lunes, 9 de noviembre de 2020
miércoles, 3 de julio de 2019
¿Sufrir?, por supuesto.
Sufro.
Sufro mucho sufro lo indecible, como dicen los otros que sufren. Es que me
pasan tantas cosas que no me queda más remedio que sufrir. Es más, ya me
acostumbré a sufrir y no puedo dejar de hacerlo. De hecho, cuando no sufro
tanto, me siento mal. A veces sufro y no sé por qué, pero está bien: por algo
importante será. Sufrir se convirtió desde hace varios años en mi manera de
vivir. Al despertar, cuando todavía no estoy sufriendo, mi mente se ocupa de
pasearme por mis frustraciones del pasado y por la ansiedad por el futuro y
listo: ya comencé a sufrir. Llamo a mis amigos, salgo a la calle, voy al
mercado y les comunico seriamente mis sufrimientos. Fíjense que soy tan
elocuente, que los que estaban tranquilos comienzan también a sufrir. Así es la
cosa. En estos días me levanté con un sobresalto. Me sentía raro, muy raro. Tan
raro me sentí que salí corriendo al siquiatra, y cuando me dijo su diagnóstico,
era que estaba muy bien… y comencé a sufrir.
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