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viernes, 28 de junio de 2019

Manifiesto de liberación

No voy a rebajar. Ya comprobé que es mentira porque trago como un desgraciado. Saldré de ese exceso de ropa “para cuando rebaje” y que me estorba en la casa. No buscaré compañera de vida. No cambiaré mis malos hábitos solo para conservar a alguien a mi lado, cuando solo necesito compañía en poquísimas ocasiones. No seré millonario. Dejaré de reventarme trabajando, dándole electrochoques a visiones moribundas que no han funcionado; o rebajándome cada día ante gente que no parece merecer la vida que tiene. No me abstendré de hacer lo mío. Por muy estúpido que parezca, por muy banal que luzca desde lejos, esto es lo que me gusta y pasaría todo el día haciéndolo sin esperar reconocimiento de “la gente que salió adelante”. Por eso, no seré el más simpático para los demás. Estoy harto de que pasan los años y no termino mis cosas solo porque el vecino y el compañero me van juzgar y van a regar el chisme… ¡Que se jodan!, porque cuando necesito ayuda, ninguno se aparece —si se aparecieran, igual lo haría, claro—. No me voy a casar. No voy a tener hijos. No estudiaré eso. No vestiré a la moda. No me arreglaré el pelo. No seré, haré ni iré donde ni como tú quieras, ¿entendiste? …Ah, me salí de las redes.

viernes, 24 de mayo de 2019

Sufre un poquito más

Anda, sigue presionando. Sigue resistiéndote a la vida y a sus leyes un poco más, que el punto máximo de sufrimiento que te llevará a la liberación está próximo. No has llegado al fondo, no todavía. No te has sumergido lo suficiente como para que, con la fuerzas de la desesperación, te puedas impulsar hacia la superficie, tomar aire finalmente y descansar mientras te replanteas todo de nuevo, desde una nueva perspectiva, una más ecológica, más económica; una que permita reinsertarte en días libres de culpa y preocupaciones, una en la que seas totalmente libre. Pero eso no es todavía porque permaneces drogado en el tobogán de las emociones, de la ira y la tristeza, de la alegría obtenida por medios artificiales, mientras se te acaban los recursos para sustentarla. Te digo que has estado a punto de lograr el gran salto, ese que viene luego de llegar al fondo del pozo, solo que siempre aparece una distracción, una supuesta tabla de salvación que te hala en sentido contrario y se pierde de nuevo el chance. Siempre has apostado al alivio más que a la curación porque dices que duele más, aunque su efecto dure menos. Sigue la rumba por ahora. Vas a caer, eso es seguro. Lo que puedes hacer es al menos caer de pie para que no te hieras tanto, para que no te salga tan costoso el episodio. ¡Vamos! ¡Anímate! Cae de nuevo en ese hueco que tienes enfrente de la manera en que lo has hecho hasta ahora… quién quita que sea el momento final que te empuje a la salvación.

miércoles, 3 de abril de 2019

Gritando desde el encierro

Gritando desde dentro de un frasco. Así me siento. Corriendo y golpeando de un lado a otro las paredes de un recipiente gigante que no deja salir mi voz, mi sentir, mi querer. Es como una pesadilla en la que despierto y ante la terrible evidencia, debo hacer saber a los demás lo que vi por la rendija del sueño: lo inevitable, lo que comienza a derrumbarse sobre nosotros, dentro de nosotros, sin nadie que lo pare porque estamos en esta fiesta loca, ciega y sorda. Al menos, según he visto, no soy el único que grita. Alrededor he podido ver a otros que han despertado y quieren entregar el mismo mensaje de liberación.