Tener sexo, hacer el sexo, hacer el amor. No es cualquier cosa. Es nada menos que dos cuerpos desnudos juntos, desabrochándose la mente, de sus argumentos y complejos, ejerciendo las ganas y dejándose llevar. Es tomar tu aliento, oler tu piel, saborear con atrevimiento lo que ahorita se siente tan mío. Es, después de un rato y a pesar de tanto acuerdo y aclaratoria ilusa, comenzarme a meter en tu cabeza, en tu corazón, en tu vida. No es cualquier cosa, aunque sea solo una vez, aunque se indique que no tendrá consecuencias que desbarajusten tus planes. No es cualquier cosa, y tan no lo es, que todavía pienso en ti en la oscuridad, que todavía me gustas como la primera vez, cuando nos dijimos, con autoengaño compartido, que no pasaría de aquella tarde.
Espero que te guste el contenido. Para sugerencias, objeciones, protestas o propuestas, escribe a "leonardo.rothe@gmail.com"
Mostrando entradas con la etiqueta couple. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta couple. Mostrar todas las entradas
miércoles, 16 de septiembre de 2020
miércoles, 26 de junio de 2019
Hoy se casan
miércoles, 1 de mayo de 2019
Papás pillados
Con la
luz del amanecer deslizándose por el balcón. En pleno acto. En plena pasión
loca. En ese exacto momento cuando parece que todo va a explotar, entró
Danielito. Nos paralizamos al instante, como si nos fuésemos desenchufado, y
con los ojos clavados en la silueta madrugada de la luz de nuestras vidas,
sentíamos cómo todo se desinflaba, cómo todos los engranajes se detenían en
medio del calor, y cómo se desprendía el humo prematuro y residual de nuestros
cuerpos en shock. Poco a poco, quienquiera que estuviese arriba, se bajó
lentamente, como serpiente avergonzada, jadeante y sin quitarle la vista al vástago
que todavía se frotaba los ojos —quién sabe si por efecto del sueño o para
confirmar la novedad—. Nuestra risa de “hola, mi amor, ¿te levantaste temprano?
Ji, ji” intentó distraer la atención de aquellos ojos ya bien abiertos y todavía
sembrados en un gesto de asombro. Si no fuese nuestro hijo, hasta pensaría que
había algo de morbo en su presencia. Unos segundos después, ya sentados y con
la cobija a media asta, tal vez se nos ocurriría la primera estupidez para
salir del enredo, por ejemplo: “tu papi y yo estábamos jugando al caballito”. Danielito,
al escuchar semejante cosa, cerraba la puerta y, justo antes de irse, sonrió y
dijo: “Yo sé qué estaban haciendo. Tranquilos, que ya tengo 17 años”. Después
del portazo, desde el pasillo, se escuchó inmediatamente: “Por cierto, ¡feliz
aniversario!”
Suscribirse a:
Entradas (Atom)