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sábado, 14 de septiembre de 2019

¿Que cambie yo?

Me juzgas abiertamente y con sospechosa buena intención me invitas a cambiar. El mensaje me resulta contradictorio, quisiera saber, más bien, tu punto de vista. Viniste con una verdad en una mano y con un martillo en la otra. Pareces no reconocer ninguno de los atributos que creo tener, mientras te afincas arteramente en los defectos que ni siquiera sabía que tenía. Eres un remolino perfecto entrando en un cuarto polvoriento. Te muestras como con fortaleza garantizada, como impenetrable, como sin grietas o dudas: eres todo un producto flamante. Pero no sé; antes de poder escuchar tu mensaje, tus maneras, tu vehemencia me distraen y ya comienzas a incomodarme. Vamos a hacer una cosa: vas a regresar al sitio del que saliste esta mañana con tanto entusiasmo, te vas a sentar de nuevo y vas a recorrer mentalmente cada uno de los pasos que diste ahorita. Si después de revisar tu proceder no encuentras nada a considerar, a ajustar, a modificar, mejor ni te molestes en regresar.

miércoles, 31 de julio de 2019

No van a cambiar

No van a cambiar. No importa cuánto lo quieras. No importa cuán bienintencionados seas. No van a cambiar. Casi que no importa que veas el peligro acercarse, mira, te juro por este puño de cruces que no debes intervenir. Sé que es difícil. Incluso, sé que en ocasiones es inevitable, pero como dijo el poeta: ese no es peo tuyo. Así que deja de insistir en cambiar a los demás. Deja de esperar cosas distintas de los otros solo porque tú las adviertas, porque tú las reconozcas, porque tú las viviste. Así como tú aprendiste a detectar los peligros y a evitarlos en el futuro, todos los demás tienen el derecho de ganar la convicción que da la experiencia. No creas que apartarse de vez en cuando es falta de amor; por alguna razón que uno considera inicialmente retorcida, dejar que los demás caigan para verlos recuperarse, es una conducta amorosa. Quién sabe, más bien, si el otro no cae o se recupera mejor de lo que pensabas y hasta aprovechas y cambias tú. Así que… ¡quieto ahí!

jueves, 4 de julio de 2019

No puedes cambiar a nadie

No vas a cambiar a nadie. No se puede. Si siquiera lo intentes, porque rodarás miserablemente. ¿Que ya lo hiciste y resultó? Pues, déjame decirte que cuando sales por esa puerta, los ratones hacen fiesta. No se puede cambiar a nadie porque el otro no tiene la motivación propia, y de lo que podría echar mano, infructuosamente, es de la tuya. La ilusión de que para el futuro todo será mejor se basa en la premisa de tu deseo y no en la conciencia del otro de que se necesita un cambio. En el mejor de los casos, el ejemplo sería más útil para el resto que tus consejos, tus exigencias, tus reclamos. Quien ve los resultados favorables en los demás y le agrada lo que ve, podría ensayar y saber si combate el miedo para, eventualmente, ajustar el rumbo. Hasta ahí podrías llegar, no más allá. No puedes tomar el timón ajeno y virar. Solo te es permitido dejar la semilla en el terreno fértil y retirarte. Claro está: si no sabes discernir cuál es el terreno fértil y cuál no, te convertirás, cada vez, en un fastidio para los demás.

miércoles, 26 de junio de 2019

Hoy se casan

Hoy se casan Ana y José. Se casan dos visiones distintas del mundo. Se casan dos paquetes de situaciones no resueltas. Se casan “para hacerse felices”, aunque solos no conocieron la felicidad. Se casan para que todo cambie, para que todo mejore.  Se casan sin llegar a acuerdos, sin negociar quién hará qué y quién no lo hará. Se casan “para toda la vida”, sin saber qué es la vida. Se casan dos para ser como uno, pero siguen siendo individuos distintos con inquietudes distintas que aparecerán y reclamarán lo suyo después de la luna de miel. Se casan para cambiar al otro, aunque sin saber nada del otro. Se casan, pues, con la imagen propia que tienen del otro, sin saber que el verdadero “otro” existirá siempre y siempre estará allí para recordárselos. Se casan, finalmente, para identificarse con la relación, para colocar todos los huevos en una cesta, para temer la separación, para “morir si se me va”. A pesar de todo, vayan nuestras felicitaciones para Ana y para José… ¿un tequeñito?