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martes, 14 de enero de 2020

¿Aceptan por esposos? ¿En serio?

¿Aceptan por esposos a ella y a él? ¿Juran respetar, acompañar en salud y en la enfermedad, ser fieles de mente y cuerpo, etc.? ¿En serio? ¿Aceptan, adicionalmente a la cartilla que le leen frente al escritorio o el púlpito, perder su individualidad para siempre? ¿Aceptan abandonar todos los proyectos personales que tenían antes del matrimonio para dedicarle cada día a sus compañeros, a sus demandas incesantes, a su desconfianza permanente? ¿Aceptan también abandonar los acuerdos mutuos como vía de solución de diferencia y entregarse a la “magia del amor” como única salida para todo? ¿Aceptan, muchachos todos, casarse hoy sin haber conversado antes de cómo sería tan solo un día juntos?: ¿A qué hora se levantarán de la cama, quién preparará la comida, quién lavará la ropa, quién limpiará la casa, quién decidirá, a quién visitarán, cuándo descansarán? ¿Aceptan ustedes perder el derecho a visitar a sus familias, a encontrarse con sus amigos, a salir solos a la calle? ¿Aceptan, por Dios santo, acoger un estado de ánimo mucho menos prometedor del que tuvieron cuando eran novios o estaban solos? ¿Aceptan quejarse amargamente más delante de las cosas que pudieron haber hecho si no fuese por el matrimonio? ¿Sí? ¿Aceptan?

miércoles, 26 de junio de 2019

Hoy se casan

Hoy se casan Ana y José. Se casan dos visiones distintas del mundo. Se casan dos paquetes de situaciones no resueltas. Se casan “para hacerse felices”, aunque solos no conocieron la felicidad. Se casan para que todo cambie, para que todo mejore.  Se casan sin llegar a acuerdos, sin negociar quién hará qué y quién no lo hará. Se casan “para toda la vida”, sin saber qué es la vida. Se casan dos para ser como uno, pero siguen siendo individuos distintos con inquietudes distintas que aparecerán y reclamarán lo suyo después de la luna de miel. Se casan para cambiar al otro, aunque sin saber nada del otro. Se casan, pues, con la imagen propia que tienen del otro, sin saber que el verdadero “otro” existirá siempre y siempre estará allí para recordárselos. Se casan, finalmente, para identificarse con la relación, para colocar todos los huevos en una cesta, para temer la separación, para “morir si se me va”. A pesar de todo, vayan nuestras felicitaciones para Ana y para José… ¿un tequeñito?